7A La Prensa Panamá, viernes 12 de diciembre de 2025 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. piezan a responder más a ideologías o intereses políticos que a la evidencia científica, nos corresponde alzar la voz y rechazarlas. Así lo hizo, con responsabilidad y rigor, la Sociedad Panameña de Pediatría en su comunicado del 6 de diciembre. La vacuna contra la hepatitis B ha sido estudiada durante más de 40 años. Sabemos que administrarla al nacer previene miles de infecciones que pueden conducir a cirrosis o cáncer hepático. Sabemos que retrasarla aumenta el riesgo de transmisión en el hogar, especialmente en contextos donde no existe la infraestructura para garantizar que todas las embarazadas sean examinadas durante la gestación. Sabemos que más del 90% de las infecciones en bebés se vuelven crónicas y los acompañan toda la vida. La evidencia científica no ha cambiado. Lo que ha cambiado es el clima político y la confianza pública, debilitada por la normalización de discursos anticientíficos y por la velocidad con la que la desinformación circula en redes sociales. Estos movimientos generan confusión, disminuyen la cobertura, aumentan el riesgo de brotes y amenazan el bienestar de los más vulnerables. Panamá ha sido históricamente un país vacunador. Nuestro Programa Ampliado de Inmunizaciones es un modelo regional. Aunque persistan desafíos derivados de desigualdades en el acceso a servicios de salud, nuestros índices de mortalidad infantil han caído a niveles que no habrían sido posibles sin la vacunación. Pero vivimos en un mundo interconectado, y las tendencias antivacunas circulan en redes sociales y en conversaciones cotidianas de personajes sin formación biomédica ni ética, que siembran dudas entre familias que buscan orientación. El impacto de Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Hepatitis B al nacer Vacunación neonatal prana. En Estados Unidos, los casos de hepatitis B han caído a unos 660,000 anuales, la mitad del 1.2 millones de casos durante el pico de los años 1980. El ACIP fue defenestrado con la expulsión de sus 17 miembros por la administración de Robert F. Kennedy Jr. En su lugar, nombró a personas sin las credenciales para aconsejar al Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), precisamente sobre esquemas de vacunación. El desconocimiento y la confusión es lo que hoy caracteriza al ACIP, que ni siquiera revisa regularmente las guías de vacunas ni las evidencias sobre riesgos y beneficios de la vacunación. Esta semana resolvieron que solo los bebés de embarazadas con resultados positivos para hepatitis B son los únicos que deben vacunarse al nacer. Un estudio reciente revela que, de hacer esto, en Estados Unidos ocurrirían 476 infecciones perinatales adicionales. Han ignorado con pasmosa ligereza que una prueba negativa puede ser una prueba falsamente negativa y la madre expondría seriamente a su bebé a adquirir la infección en el momento de nacer. Para hacer las cosas más difíciles, instrumento eficaz para el abandono de la práctica, ahora además recomienda este comité que se cuantifiquen los títulos de anticuerpos formados con la primera dosis, es decir, se confirme si se indujo inmunidad y, en tal caso, obviar la segunda y la tercera dosis. Es muy probable que los miembros del ACIP conozcan que los títulos de anticuerpos con una sola dosis de la vacuna en las primeras 24 horas de vida de un recién nacido no son suficiente documentación de protección; esos valores caen rápidamente en poco tiempo y ya no protegerían, por lo cual se requieren dos dosis más. En los años 1970, esa estrategia probó ser onerosa. Seguro desconocen voluntariamente que uno de cada cuatro niños infectados crónicamente en Estados Unidos morirá tempranamente por cirrosis hepática o Pedro Ernesto Vargas La amenaza a la salud pública que Panamá no puede ignorar Política antivacunas En las últimas décadas, el mundo ha experimentado uno de los avances más extraordinarios en la historia de la salud pública: la drástica reducción de muertes infantiles gracias a las vacunas. Esta realidad, tan cotidiana que muchos la dan por sentada, es el resultado de más de medio siglo de investigación rigurosa, ensayos clínicos aleatorizados con miles de participantes y sistemas de vigilancia y regulaciones estrictas. Gracias a ello, hoy la mayoría de los niños crece sin experimentar enfermedades que solían matar o dejar secuelas permanentes. Sin embargo, este logro monumental está siendo socavado desde adentro. En Estados Unidos, históricamente un referente global en salud pública, la vacunación infantil enfrenta una tormenta política sin precedentes. El Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) votó a favor de abandonar la vacunación universal contra la hepatitis B para recién nacidos. El impacto de esta medida no es solo un asunto local. Las decisiones que se tomen en ese país impactan directamente a naciones como Panamá. Durante años, nuestro sistema de salud ha utilizado como referencia lineamientos de agencias como los CDC o la FDA, instituciones que históricamente han sostenido estándares de excelencia. Pero cuando las decisiones emla desinformación puede ser desastroso: cuando disminuye la vacunación, aumentan los brotes. Ya lo vimos con el sarampión en Estados Unidos, México y Canadá, y también en siete países de Latinoamérica —incluida Costa Rica— donde los brotes recientes se han vinculado directamente a coberturas insuficientes. La vacunación es el cimiento del envejecimiento saludable. Buena parte del mérito del aumento espectacular de la esperanza de vida en el último siglo proviene del hecho de que los niños dejaron de morir. Ya no enfrentamos enfermedades infecciosas que antes diezmaban poblaciones. Llegamos a la adultez, y luego a la vejez, porque las vacunas nos dieron una oportunidad de vivir. Desmantelar sistemas de vacunación infantil es desmantelar el progreso humano. En Panamá debemos mirar hacia fuentes fiables de guía científica. Los CDC y la FDA han sido faros de evidencia durante décadas. Pero cuando sus decisiones empiezan a desligarse del consenso científico internacional, nos corresponde evaluar críticamente sus lineamientos. No debemos importar la duda ni permitir que la política de otro país ponga en riesgo la salud en Panamá. No existe intervención en la historia de la medicina moderna con un respaldo científico tan abrumador como el de las vacunas. Nos toca defender la vacunación con la misma solidez de esa evidencia, enfrentar y corregir la desinformación y exigir que las decisiones que afectan la salud pública se fundamenten en ciencia. Opinión LA AUTORA es directora ejecutiva de CEVAXIN e integrante de la Fundación Ciencia en Panamá. EL AUTOR es médico. por cáncer del hígado. Hoy, menos de 20 bebés se reportan cada año con la infección, cuando en los años 1990 se contaban 18,000 niños con hepatitis B antes de cumplir los 10 años de edad, la mayoría adquirida durante el nacimiento. Con la creciente inmigración de personas asiáticas en los años 1960 y 1970 a Estados Unidos, se observó un aumento nada despreciable de la infección por hepatitis B. En Asia, esta infección es la primera causa de enfermedad hepática crónica y cáncer del hígado. Esta alarma llevó a que, durante los años 1980, a toda mujer asiática embarazada se le realizaran exámenes para determinar si estaba infectada y a los recién nacidos de las infectadas se les aplicara inmediatamente al nacimiento una inyección de anticuerpos para neutralizar la infección probablemente adquirida durante el parto y, dos días más tarde, se les aplicara la vacuna disponible entonces. Los costos de esta estrategia eran estratosféricos, por lo cual se optó, en 1991, por vacunar a todos los recién nacidos al nacer. La hepatitis B se adquiere durante el paso por el canal del parto, por relaciones sexuales, por el uso de jeringas contaminadas, por transfusiones de sangre, por contacto con sangre contaminada a través de heridas cutáneas, el uso de cepillos de dientes de personas con hepatitis o mordeduras. Entre más temprano se adquiere la infección, mayores son las posibilidades de desarrollar enfermedad crónica, cáncer y muerte. Solamente un 20% a 30% de infectados después de los seis años de edad desarrollan enfermedad crónica del hígado, comparado con el 70% a 90% de aquellos que se infectan más temprano; y un 25% de quienes adquieren la infección alrededor del nacimiento mueren prematuramente si no reciben tratamiento alguno. Hay que seguir vacunando con la primera dosis de hepatitis B al nacer. Para no pocos, médicos y pediatras incluidos, leer que el Consejo sobre Prácticas de Vacunación (ACIP) votó esta semana a favor de que la vacunación al nacer contra la hepatitis B sea una decisión compartida entre la madre y su médico es motivo de justa aprobación, por parecer razonable, cuando en la realidad es una velada desaprobación de la vacuna y de la vacunación. Lo que realmente se hizo el 5 de diciembre fue eliminar la vacunación rutinaria de todos los recién nacidos al nacer. Al individualizar la toma de decisión sobre vacunar o no, particularmente entre aquellos niños de madres negativas, se aumenta el riesgo de infección postnatal. Olvidan estos comisionados que la infección materna se puede haber adquirido tardíamente en el embarazo, después de haberse hecho la prueba y, así también, la adquiere el niño después del nacimiento. Treinta y cuatro años de una estrategia universal, que ha eliminado prácticamente la infección por hepatitis B al momento del nacimiento, fueron eliminados por un grupo de reconocidos antivacunas. Los números de la infección entre niños y adolescentes norteamericanos han disminuido en un 95%, gracias a la vacunación en las primeras 24 horas de vida y su esquema de un mínimo de tres dosis en los primeros seis meses de vida. Sin la vacuna, 70% a 90% de los niños que nacen de madres infectadas se infectarán y 90% enfermarán seriamente: hepatitis crónica, cáncer del hígado, muerte temGabrielle Britton La mina no puede imponerse: debe votarse Consulta popular Cuando Julio César, con sus tropas, cruzó el río Rubicón en el norte de Italia —límite entre el territorio metropolitano de Roma y la provincia de la Galia Cisalpina, que le había sido asignada por el Senado romano— inició la rebelión contra ese órgano y arengó a sus hombres con la frase “la suerte está echada” (alea iacta est). Esta expresión marca un punto de no retorno, un momento en que una decisión irreversible ya ha sido tomada. El presidente de la República, y sus principales voceros, han dado por hecho que la mina de Donoso iniciará operaciones el próximo año, argumentando que, sin ella, la economía caería en el despeñadero. Tal afirmación —que recuerda el eslogan “Panamá es la mina y la mina es Panamá”— carece de sustento histórico. Antes de la operación minera, la economía nacional funcionó sin contratiempos; Panamá no depende de la extracción de minerales para su sostenibilidad. La crisis actual y la pérdida de certificaciones de inversión responden al mal manejo de la cosa pública y a decisiones equivocadas tomadas en los últimos veinte años, marcados por un evidente latrocinio estatal. Las protestas espontáneas de octubre y noviembre de 2023 demostraron que la ciudadanía posee una conciencia ambiental clara y está dispuesta a defender el entorno ante decisiones estatales que pongan en riesgo la salud y la integridad de las personas. Los sondeos de opinión —incluso los elaborados “a la medida”— coinciden en que una amplia mayoría rechaza la reapertura de la mina de Donoso y, en general, cualquier operación minera en Panamá. El presidente parece ignorar esta oposición, insistiendo en revivir una operación dos veces censurada, ya sea alegando que “el hueco está hecho” o que es necesario “beneficiar a sectores económicos importantes”. Esto solo generará nuevas fricciones y protestas ciudadanas. El artículo 2 de la Constitución es claro: “El poder público solo emana del pueblo”. La doctrina nacional lo interpreta así: “la titularidad del poder que ejercen las autoridades… tiene como origen y titular al pueblo (…) el soberano no es la autoridad, sino el pueblo, de donde emana dicho poder” (Rigoberto González Montenegro, ¿El Cónyuge del Presidente de la República puede Candidatizarse a Dicho Cargo?). Siendo evidente que el poder originario pertenece a la ciudadanía, proponemos que, antes de que el Gobierno cometa un paso en falso, se consulte al pueblo mediante un acto electoral abierto y con garantías, donde todas las partes puedan expresar sus argumentos en igualdad de condiciones. Como antecedente, en noviembre de 2023 el propio Gobierno presentó a la Asamblea un proyecto de ley para realizar un plebiscito sobre la mina de Donoso. Esa vía sigue siendo válida antes de adoptar una decisión de semejante magnitud e impacto social. Si, luego de escuchar al pueblo —quien lo eligió, señor Presidente—, la mayoría decide que debe abrirse la mina, estoy seguro de que esa voluntad será respetada y de que sus actos, en esa línea, quedarán legitimados. EL AUTOR es abogado. Irving Domínguez Bonilla Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente Comercial Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. 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