8A La Prensa Panamá, jueves 4 de diciembre de 2025 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. miento legítimo de su efectividad como por la apatía hacia la creación de nuevos valores que los sustituyan. En Panamá es común hablar de la fragmentación del tejido social: corrupción, “juega vivo”, desigualdades o descontento entre sectores. Aun así, el desencanto con la conducción del país —de Punta Burica a Cabo Tiburón— no basta para justificar la apatía creciente sobre el futuro nacional. Este fenómeno recuerda la apatía intermitente de distintos grupos durante la Revolución Francesa: aldeanos, campesinos o sans-culottes tenían poco tiempo, recursos o información para ser políticamente activos, enfocándose en demandas económicas inmediatas. Algo similar ocurre hoy: la desconexión entre grupos sociales y la sensación de injusticia permanente reducen la importancia que se le da a los asuntos políticos y sociales. La apatía política también se relaciona con la fuga de talento. Cuando una sociedad deja de creer en sus posibilidades y se vuelve pesimista sobre las oportunidades que puede ofrecer, adopta posturas cínicas: “el sistema no funciona para mí”, “en este país nada vale Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Navidad: celebrar con cabeza, corazón y un poco de lucidez Consumo La Navidad en Panamá es un escenario ideal para observar cómo se cruzan la lógica, la filosofía y la ética en la vida diaria. Diciembre es ese mes en el que la emoción convive con la presión social, y donde el sistema aprovecha para medir cuántos actúan sin cuestionar nada. La tradición es bella. Las creencias son valiosas.Y lo digo con respeto: la fe de cada quien merece su espacio. Yo también crecí con esas costumbres y sigo apreciándolas, perodesdeunlugarmásconsciente,serenoylibre de exigencias ajenas. Cuando la zonificación se convierte en camisa de fuerza Planificación “creativas” de dicho artículo. Estas interpretaciones buscan, en su mayoría, ofrecer soluciones que terminan flexibilizando la aplicación de la ley por distintas razones; unas razonables y legítimas, otras no tanto. Si bien la falta de una aplicación estricta de las normas urbanísticas es una clara violación del estado de derecho, no es menos cierto aquello de que “la ley está hecha para servir al hombre, y no el hombre para servir a la ley”. Por tanto, el principio rector, tanto en la redacción como en la aplicación de las normas urbanas, debería ser la justicia. Aquí es donde ingresamos al terreno de lo subjetivo si no se tiene una noción clara de la justicia como virtud cardinal. De hecho, como todo instrumento humano, la zonificación puede ser utilizada tanto para el bien como para el mal. Puede servir para segregar indirectamente a personas de menores ingresos, para especular o para restringir la producción de vivienda. Esto no niega que existan justificaciones nobles para su uso, como el control de molestias (olores, ruidos, tráfico), la búsqueda de armonía estética o algo tan básico como garantizar que los servicios públicos abastezcan a la población existente y a la proyectada a 5 o 10 años. Carlos Solís Tejada ¿Es la sociedad panameña cada vez más nihilista? Identidad cultural El nihilismo —la doctrina de la nada— es la creencia de que todo se reduce, finalmente, a nada y que, por ende, las cosas carecen de sentido. Desde las cuestiones morales y éticas hasta los asuntos políticos y sociales, el nihilismo plantea que la vida no tiene propósito ni significado. Sin embargo, como toda corriente filosófica, su expresión depende del contexto en el que una sociedad vive. Friedrich Nietzsche sostenía que el surgimiento del nihilismo proviene de la pérdida de autoridad de los valores e instituciones tradicionales: sistema político, creencias religiosas o moral colectiva. Pero esta desautorización puede surgir tanto por el cuestionala pena”. Este pesimismo, especialmente entre jóvenes, es grave: quienes deberían liderar se alejan, y mientras los capaces no ocupen los espacios donde se toman decisiones, los incapaces seguirán conduciendo el vehículo del Estado. Cuando la política se vuelve un teatro del absurdo, muchos asumen que nada puede mejorar; no cuestionan su voto, su juicio moral ni participan en la vida cívica. El lenguaje se vuelve irónico, las perspectivas pesimistas y la oferta cultural reduccionista, relativizando hechos trascendentales. Estos comportamientos son comprensibles en un entorno de precarización laboral, estancamiento de la movilidad social y baja productividad nacional. Sumado al endeudamiento público y personal, los ciudadanos se convierten en máquinas de supervivencia, priorizando resolver el hambre del hoy por encima de pilares esenciales como la ética, la comunidad política o la buena planificación. Existen sectores donde el tejido comunitario sigue fuerte —comunidades religiosas o barrios con convivencia sólida—, pero esto no siempre se traduce en compromiso moral o deseo de cambio. Opinión LA AUTORA es profesora de filosofía. EL AUTOR es internacionalista. EL AUTOR es arquitecto y urbanista. Indhira Londoño Sin embargo, es crucial considerar siempre los efectos colaterales de una política pública, especialmente hacia los más vulnerables. No son pocas las ocasiones en que vemos errores garrafales de análisis reflejados en normativas que hieren el sentido común y la justicia más elemental, a menudo cometidos por técnicos poco familiarizados con el territorio. Es por ello que los procesos de revisión periódica y dinámica se hacen necesarios. Hace poco trajeron a mi atención una convocatoria de consulta ciudadana por parte de la Junta Comunal de Parque Lefevre, referente a un lote de 800 m². La propuesta busca bajar su intensidad de uso y densidad, pasando de un código de zonificación 1ZM5 a 1ZM3, al parecer con el fin de dividir el lote, posiblemente en dos, lo cual, si fuese en partes iguales, no cumpliría con el área mínima requerida de 600 m². Esto dificultaría el desarrollo de edificios residenciales de baja y mediana altura y densidad, algo que quizás sí esté solicitando el mercado en lugar de los grandes proyectos en altura. De ser esto así, es probable que toda esa zona de la avenida Ernesto T. Lefevre haya sido mal zonificada, sin considerar que el mercado podría requerir mayor flexibilidad en Los que me conocen saben que, por años, he sido un defensor acérrimo del respeto a la integralidad de la zonificación en los barrios de la ciudad. Este concepto está debidamente consagrado en el artículo 26 de la Ley 6 de 2006, numeral 1, que reza así: “…Para los cambios o modificaciones, se tomarán en consideración los siguientes parámetros: 1. Que todo cambio de zonificación o uso de suelo deberá ser integral o formar parte de algún plan especial o parcial, y deberá ser concordante con lo establecido en el plan local”. Hasta allí todo claro… a veces. Si algún día se revisaran las actas históricas de la Junta dePlanificaciónMunicipal,sepodríanobservar, en diversos periodos desde 2006 a la fecha, casos curiosos con interpretaciones Luis Credidío la regulación predial para brindar una variedad de productos inmobiliarios residenciales o de usos mixtos, mejorando así la disponibilidad y bajando los precios de la vivienda. El problema radica en la solución propuesta: en lugar de utilizar la ley para revisar el planteamiento de 2021 de forma integral, incorporando criterios de economía urbana para toda la zona, la Junta de Planificación Municipal opta por actuar al margen de la integralidad exigida, ajustando puntualmente un solo lote. Se hace necesario, antes de embarcarnos en cualquier revisión —para este o cualquier otro caso—, tener los elementos básicos documentados y analizados. Solo así se podrán tomar decisiones correctas tanto desde la administración municipal como desde las comunidades. La investigación urbana, incluyendo la inmobiliaria, es un paso ineludible; de lo contrario, continuaremos simplemente “pintando mapas”, como decía un colega del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial, y lanzando proyectos inmobiliarios basados en intuiciones sin contar con los elementos esenciales de análisis para los tomadores de decisiones. De no hacer las revisiones periódicas, pertinentes y necesarias, convertiremos las normas de uso de suelo de una herramienta útil en una camisa de fuerza que tarde o temprano requerirá ser removida. La ciudad no puede esperar más. Revalorizar la identidad cultural puede abrir un nuevo sentido colectivo. La unión entre expresiones artísticas, históricas y educativas fortalece la comprensión del porqué de las cosas. Las raíces culturales, muchas veces, llenan los vacíos existenciales de la modernidad y permiten entender las carencias o excesos que nos trajeron hasta aquí. La sociedad panameña vive un clima de desconfianza, agravado por el desencanto político y un sistema educativo incapaz de responder a las demandas del mundo actual. Esto ha fragmentado a las comunidades y generado actitudes superficiales, apáticas y, en cierta medida, nihilistas. Aun así, persisten fuerzas identitarias que creen en la vida comunitaria, que desean redireccionar el rumbo del país y reconstruir una moral pública fuerte, para que Panamá no sea un lugar donde sobrevivir, sino un país donde la vida tenga sentido y propósito. Sin embargo, también es cierto que diciembre se ha convertido en el momento perfecto para que el mercado haga su experimento anual. La lógica observa los precios y pregunta: ¿esto tiene algún sentido? La ética interviene y cuestiona: ¿celebramos o competimos? La filosofía recuerda: ¿dónde quedaron la paz, el afecto y la reflexión? Y la ciudadanía advierte: si queremos que las cosas bajen, no podemos celebrar que todo suba. En medio de este panorama surge un comportamiento típico, casi predecible:quienes se burlan de los que no estrenan nada… luego esconden lo que compraron porque no lo pueden pagar. Así funciona la burla: ruidosa mientras dura el impulso, silenciosa cuando llega la factura. Y antes de que alguien confunda reflexión con arrogancia, lo aclaro sin dramatismos: no soy perfecta, ni intento serlo. Lo que comparto no es una orden, sino una experiencia; no es superioridad, sino observación. Si alguien prefiere interpretarlo como ego, ese es su asunto. Y si me consideran perfecta, gracias por el halago involuntario; nunca deja de sorprender cómo ciertas inseguridades ajenas se disfrazan de cumplidos. Yo continúo celebrando a mi ritmo, aprendiendo y viviendo con la misma libertad que promuevo. Lo demás corresponde a la conciencia —y al bolsillo— de cada quien. No cuestiono la fe; cuestiono el consumo automático. No critico las creencias; señalo las costumbres que se disfrazan de tradición sin aportar nada. La Navidad no exige deudas. El cariño no se mide en cuotas. Aprendí a celebrar desde otro lugar: más humano, más pausado, más fiel a lo que realmente importa. Sin competir, sin demostrar nada, sin la ansiedad del estreno obligatorio. La paz —la verdadera— nace de decisiones coherentes, no de compras impulsivas. La filosofía enseña que pensar por uno mismo es un acto de libertad. La ética recuerda que no todo lo permitido es lo correcto. Y la lógica insiste en que la coherencia vale más que cualquier regalo brillante. La Navidad no es el problema. El problema surge cuando olvidamos lo que la Navidad intenta recordarnos. La resistencia auténtica se ejerce en silencio: celebrando con conciencia, con afecto real y con una tranquilidad que ningún descuento puede ofrecer. Feliz Navidad. La sensata. La que honra. La que ilumina sin endeudar. La que realmente vale. Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón † Gerente Comercial Sudy S. de Chassin Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B.
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