7A La Prensa Panamá, viernes 28 de noviembre de 2025 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. lares dramatizados, notas exageradas y programas que convierten la tragedia en espectáculo se han vuelto comunes. Peor aún, hay periodistas que toman un micrófono no para informar, sino para gritar y aterrorizar a su audiencia bajo la excusa de que “aquí nadie nos controla”. El resultado: una ciudadanía saturada de pesimismo, convencida de que nada sirve, de que nadie vale la pena y de que el país está irremediablemente perdido. En el ámbito político, la situación no es distinta. La oposición se presenta como “constructiva”, pero sus acciones suelen centrarse en destruir y descalificar. Las redes sociales han sustituido el debate en el pleno. Las demandas y los espectáculos mediáticos reemplazan los argumentos. La política se ha convertido en espectáculo, y el ciudadano, en espectador cansado, confundido y escéptico. El problema del “Panamá negativo” no está en señalar errores —eso es sano y necesario—, sino en que hemos perdido la capacidad de reconocer lo que se hace bien. Nos cuesta aplaudir sin sospechar, construir sin dividir, proponer sin atacar. La crítica se transformó en un deporte nacional para destruir. Pero esta actitud no solo erosiona la confianza social: también tiene un costo económico enorme. La narrativa del “todo está mal”, del “aquí nada sirve”, espanta la inversión nacional y extranjera. Los empresarios dudan en ampliar sus proyectos ante un ambiente social y político impredecible. Los inversionistas exLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Información deliberadamente engañosa Salud pública Michael Scherer, en The Atlantic, nos recuerda que RFK Jr. le prometió al senador Bill Cassidy, durante el proceso de su confirmación como secretario de salud, no remover la afirmación “Las vacunas no causan autismo”, que se lucía en la página de la red del Centro de Control de las Enfermedades (CDC). Hace 9 días, el 19 de noviembre, el secretario actualizó la página y agregó un asterisco (*) a la frase, para agregar: “los estudios no han descartado la posibilidad de que las vacunas en la niñez contribuyan al desarrollo del autismo”. Con ello, ordena que se investigue la generación del autismo por todas las vacunas que se aplican a los niños. El argumento rebuscado es que, no habiéndose probado ninguna relación, tampoco se ha descartado que exista una relación. Algo que Cantinflas envidiaría, o una leguleyada, nada ajena a su profesión. Por ejemplo: “se necesita ciencia, la necesidad de ciencia definitiva. Y lo que tenemos es ciencia sugerente”. ¡Cuánto intestino se necesita para esta digestión! Para este Kennedy, y otros parecidos a él, como diría Lee McIntyre, la aceptación de que los hechos son menos importantes que las emociones, es necesaria y estratégica para subordinar la realidad a la política, “para abrazar el caos”, para “pescar en río revuelto”. El negacionismo de la ciencia nace cuando la persona de la calle, aquella con un interés ajeno a su conocimiento de la ciencia y su rígido método de trabajo, siente propio cuestionar al científico y a la data obtenida mediante un estricto proceso de probada metodología, que desconoce. Usualmente, debido al conflicto que le provoca su interés ideológico, religioso o político con los resultados y conclusiones de la ciencia, entonces señala la investigación o al investigado como parcial, cerrado a una idea preconcebida o interés, y que, aún con pruebas, no tiene todas las pruebas para aceptar una teoría que, tarde o temprano, sería destronada. Pedro Ernesto Vargas La nociva narrativa del pesimismo Opinión pública En los últimos años, Panamá ha perdido algo más valioso que el crecimiento económico o la estabilidad política: ha perdido la fe en sí mismo. Vivimos en un país donde casi todo parece motivo de sospecha, burla o destrucción. El llamado “Panamá negativo” no es una idea abstracta; es una actitud colectiva que se infiltra en cada conversación, en cada red social y en cada espacio donde debería florecer el diálogo y la razón. Hoy, basta decir que alguien trabaja en el Estado para que de inmediato se le tilde de corrupto. No importa su trayectoria ni esfuerzo: la desconfianza se ha vuelto automática, casi un reflejo nacional. Lo público se ha convertido en sinónimo de lo podrido, y lo privado en símbolo de pureza, aunque la realidad sea mucho más compleja que esos extremos. A esta visión sombría contribuye un nuevo tipo de liderazgo: el de los “seudoexpertos digitales”. Opinólogos de pantalla, activistas de ocasión y autoproclamados fiscalizadores de redes que dictan sentencia sin pruebas, sin contexto y, muchas veces, sin responsabilidad. Son los jueces del “me gusta” y del “compartir”, donde el ruido vale más que la razón. Han reemplazado la reflexión con rabia y la discusión con el linchamiento. El periodismo tampoco ha quedado fuera de este fenómeno. En medio de la competencia por los clics, algunos comunicadores sociales han sustituido la función de informar por la de alarmar. Titutranjeros observan un país donde todo se cuestiona, donde el ruido supera los hechos, y prefieren mirar hacia latitudes más estables y optimistas. La negatividad constante no solo daña la reputación de las instituciones: también reduce la competitividad del país. Sin confianza no hay inversión; sin inversión no hay empleo; y sin empleo se alimenta el ciclo de frustración que nos consume. Es una espiral peligrosa que comienza con una opinión destructiva y termina afectando el bolsillo de todos. El Panamá negativo no surgió de la nada: lo hemos construido entre todos. Lo alimentan políticos que prometen sin cumplir, medios que priorizan el escándalo sobre la verdad, ciudadanos que comparten sin verificar y quienes callan por miedo o comodidad. Pero, así como lo creamos, también podemos desmontarlo. Panamá ha logrado grandes cosas cuando ha creído en sí mismo: levantar un canal que unió dos océanos, superar crisis y reinventarse una y otra vez. El país no necesita más voces que griten, sino mentes que piensen; no necesita más enemigos internos, sino aliados que crean que aún es posible cambiar. Cuando un pueblo solo aprende a destruir, termina destruyéndose a sí mismo. Y cuando un país pierde la esperanza, deja de ser nación para convertirse en el campo de batalla de sus frustraciones. Panamá merece volver a creer. Merece que la crítica construya, que el debate eduque y que la esperanza deje de ser una palabra vacía. Recuperar la fe en nosotros mismos no es ingenuidad: es el gran compromiso de mejorar y la forma más efectiva de demostrar que sí podemos. Opinión EL AUTOR es consultor empresarial, especialista en sistemas ISO, gestión ambiental y seguridad y salud ocupacional. EL AUTOR es médico. Lo cierto es que la ciencia, por su razón epistemológica, reconoce que la verdad hoy puede no serlo mañana, y es esto, precisamente, lo que la hace, desde su metodología, confiable y veraz, “algo de lo que no hay por qué avergonzarse”, dice McIntyre. Esto es difícil de asimilar para el negacionista de la ciencia, ese que no la conoce o escoge desconocerla, ignorarla, para quien es más fácil recurrir a una teoría alternativa, a una verdad alternativa. Y para divulgar su desconocimiento o su propósito de engañar, recurre a la libertad de expresión, al derecho a que se divulgue su opinión, probadamente sin evidencia, sin verdad, en la misma página donde se divulga o publica la evidencia probada. Nace así la controversia “científica”, se mercadea la duda. Los medios son de los primeros en creer que publicar y divulgar las dos opiniones diametralmente opuestas de un desencuentro científico honra la libertad de expresión y la justicia social. Así se hizo con la industria tabacalera que escondió la verdad sobre el daño del tabaco, con la industria del fútbol americano que se resistió a reconocer el deterioro temprano de la función cerebral y la salud mental de sus jugadores más golpeados. Se hace con la industria de CO2 y el cambio climático, con la industria de los trastornos de uso y adicciones por la nicotina, el alcohol y la marihuana, iniciadas en las tempranas edades pediátricas. Cuando el argumento de que la existencia de una relación concluyente científicamenteentredoselementosendisputaseagota por cansancio o por imposición, entonces se recurre a argumentar que si no lo prueba, tampoco lo desprueba. El peligroso ridículo lo hacen cada semana quienes se han propuesto engañar y destruir la salud de los niños, sin fronteras ni misericordia. La desinformación, desinformation en el idioma inglés, se diferencia de la información equívoca, misinformation, del mismo inglés, por la intención. Mientras misinformation denota información engañosa sin intención, desinformation denota información deliberadamente engañosa. El problema que presenta este siglo es la confusión sobre libertad de expresión. No hay libertad de expresión cuando se tienen que presentar las dos versiones antagónicas de una sola verdad, y en la Ciencia, de una sola verdad probada con evidencia científica. No se hace justicia al colocar en un platillo de la balanza una opinión y en el otro platillo, un hecho probado. Y si esa opinión es una que sale de oscuros vericuetos y de reconocida maledicencia, se atenta, precisamente, contra la libertad de expresión. Como pendón de orgullo, Robert F. Kennedy Jr., el secretario de salud, hace propia la instrucción al Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos, para que abandone su posición de muchos años sobre que no hay ninguna prueba del rol de las vacunas en la génesis del trastorno del espectro autista, o autismo. Como nunca hubo prueba alguna de la relación causal de la vacuna contra sarampión, rubeola y paperas y el mercurio no tóxico al cerebro humano, utilizado en algunas vacunas, con el autismo, entonces ahora se va a pescar a otros océanos. Sencillo, es lo que le toca hacer a un apóstol contra las vacunas. Lo que hace RFK Jr. es desinformation. El “Panamá negativo” se ha convertido en una cultura de destrucción que debilita la confianza, aleja la inversión y bloquea la capacidad colectiva de construir. Recuperar la fe nacional es un compromiso urgente. Justino González Araúz Panamá ante Oslo: una oportunidad para proyectar liderazgo democrático Conciliación Cada 10 de diciembre, el mundo vuelve su mirada hacia Oslo para presenciar la entrega del Premio Nobel de la Paz, una ceremonia que trasciende la solemnidad diplomática y se convierte en una plataforma global para reafirmar valores, principios y causas urgentes. Este año, Panamá tiene ante sí una oportunidad excepcional para proyectarse internacionalmente como un país comprometido con la democracia, los derechos humanos y la paz hemisférica. Ante la imposibilidad de que María Corina Machado, figura emblemática de la lucha por la recuperación democrática en Venezuela, participe libremente en la ceremonia, Panamá podría convertirse en sede de un gesto histórico: que su presidente reciba el galardón en su nombre. Un acto de esta magnitud no solo sería un reconocimiento simbólico a la resistencia democrática venezolana, sino también una afirmación del papel que el istmo panameño puede desempeñar como país garante, mediador y aliado de las causas democráticas en la región. Además, este escenario coincide con un momento de alta sensibilidad política en Venezuela, tras las elecciones en las que Edmundo González fue proclamado por amplios sectores de la oposición y respaldado por diversas organizaciones civiles. Ante la controversia sobre la verificación de los resultados, Panamá puede transmitir un mensaje firme al destacar su compromiso con la transparencia electoral y el respeto a la voluntad ciudadana, sin perder de vista la prudencia diplomática que requiere la coyuntura regional. La presencia del presidente panameño en Oslo abriría un espacio para reposicionar al país como algo más que su canal interoceánico. Sería la ocasión perfecta para proyectar a Panamá como un punto de encuentro democrático, un territorio seguro para el diálogo político y una voz respetada en la defensa de los derechos humanos. Para maximizar este impacto, es indispensable preparar una comitiva sólida y estratégica. La delegación debería incluir a periodistas nacionales e internacionales para garantizar la difusión global del mensaje, reforzar la legitimidad del gesto y mostrar a Panamá como un país que abre sus procesos y posicionamientos ante la comunidad internacional. Asimismo, representantes de la sociedad civil, académicos y figuras diplomáticas contribuirían a que el acto trascienda la anécdota y se convierta en una declaración de política exterior clara y coherente. Panamá puede —y debe— pensar en grande. Oslo ofrece un escenario global que pocos países tienen la oportunidad de aprovechar. Convertir esta ceremonia en un acto de liderazgo regional sería una decisión audaz, estratégica y profundamente alineada con los valores que el Premio Nobel de la Paz busca honrar cada año. EL AUTOR es abogado. Rodrigo Molina Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente Comercial Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón
RkJQdWJsaXNoZXIy MTUxNDg2MA==