diez sobre diez y convertir ese nueve o diez en mil. El basquetbolista que no defiende bien, pero emboca triples desde cualquier ángulo, no invierte su energía en aprender a defender como los mejores defensores: invierte en que su triple sea imparable. Las debilidades se gestionan hasta un nivel funcional; el talento se lleva hasta el límite. Esa distinción, aparentemente obvia, es la que separa las trayectorias que Halac ha visto de cerca de las que se quedan a mitad de camino. Lo que hace interesante esta observación —y lo que le da relevancia más allá del mundo del deporte o del espectáculo— es que aplica con la misma precisión a los economistas, a los líderes empresariales, a los académicos. La excelencia tiene una gramática común que no depende del campo. Y Halac, al llevar décadas moviéndose entre todos esos campos, terminó convirtiéndose en alguien que lee esa gramática con una fluidez que pocos tienen. Todo esto sucede en un momento cuando el mercado del conocimiento vive una de sus transformaciones más profundas. La pandemia globalizó la industria: lo que antes requería oficinas en cada territorio ahora funciona de forma remota, y un cliente en Suiza puede contratar a un orador Experiencias tuvo más trabajo después de la pandemia. Tiene más trabajo desde que la IA se instaló en la conversación corporativa. Hay una tesis de fondo en todo esto que Halac articula con precisión: en un mundo donde casi todo se ‘comoditiza’ —servicios, productos, tecnología, incluso ideas—, lo que resiste es la persona singular. La que llegó al vértice de su disciplina, que tiene una historia específica de fracasos y recuperaciones, que puede estar en una sala y mover algo en la gente que ningún algoritmo va a mover. Eso no se replica. No se escala fácilmente. Y, paradójicamente, en la era de la inteligencia artificial se vuelve más escaso y más valioso. Cuando se le pregunta cuál es su propósito detrás de todo esto, la respuesta es más personal de lo que el tamaño del negocio sugeriría. “Ayudar a las personas a que conecten consigo mismas”, dice. Y agrega algo que no suena a discurso: “A mí me costó años conectar conmigo”. Lo dice alguien que está por cumplir cuarenta años, que lleva más de dos décadas construyendo puentes entre el conocimiento extraordinario y las personas que lo necesitan, y que encontró su propio centro bastante después de haber encontrado el de todos los demás. Quizás eso también es un patrón. La pregunta que siempre le hacemos al cliente es dónde querés que esté tu gente después de este evento”. Nicolás Halac argentino para un evento en México sin que eso represente una fricción logística significativa. La inteligencia artificial, lejos de amenazar el negocio, lo está acelerando: la desorientación de las empresas frente a la adopción tecnológica genera una demanda creciente de voces que puedan ordenar el caos, explicar el contexto, dar perspectiva. WWW.INVESTOR.COM.PA 70 CONOCIMIENTO Patrones de excelencia
RkJQdWJsaXNoZXIy MTc3NzU1MA==