Mientras la mayoría de los medios en Panamá lucha por mantener la ilusión de la objetividad, Brian Lutz hace exactamente lo contrario. Declara sus intereses, nombra sus límites, dice cuándo una pauta es pauta. Y eso, paradójicamente, es lo que le ha dado más poder narrativo que cualquier canal de televisión tradicional. No es un gurú de emprendimiento. No vende métodos milagrosos ni promete transformarte en un mes. Lo que hace es documentar historias de personas que luchan en Panamá, analizar datos que otros medios prefieren ignorar y construir un aparato digital que funciona bajo una premisa simple: la gente tolera la publicidad, pero rechaza el engaño. En la economía de la información la credibilidad se ha vuelto escasa. El baluarte del cuarto poder tradicional está en entredicho y los creadores de contenido han puesto en jaque el sistema. Incomodidad sin compromiso, porque los ingresos ya no vienen del anunciante: vienen del tráfico. Y con eso, el “libre albedrío” de decidir sobre la información. Porque lo que importa es la comunidad, no el dueño de la plata. Brian estuvo en la banca muchos años. Trabajó en KPMG, Banco General, Capital Bank. Empleos seguros en un Panamá que parecía funcionar con reglas claras. Luego, renunció en 2015. “Y aquí estoy… haciendo contenido que cambiará el mundo”, dice con ironía en su perfil de LinkedIn. Lo que vino después fue lo predecible: una agencia de marketing digital con su socio Manuel. En 2018, como dice él, “arrancaron tirando puñete. Dos años de luchar contra clientes que confundían publicidad con fotos bonitas. Luego, llegó 2020, la pandemia, y de pronto todo el mundo necesitaba una página web y contenido”. Fue en una oficina diminuta en Coco del Mar —del tamaño de un depósito, al lado de un gimnasio— donde vio lo que otros no vieron. Tenían cámaras, luces, micrófonos. Pensó en alquilar ese estudio para grabar pódcasts. Pero nadie sabía qué era un pódcast. Entonces grabó cuatro episodios de demostración. El “piloto”, como le diría la estructura de medios tradicionales. El segundo episodio se volvió viral. La gente comenzó a llamar para participar. Lo que pasó después no fue una decisión conscientemente noble: fue pragmática. Vio un mercado. “Documentar es más rentable que vender”, explica. Llegó a 120 episodios sin patrocinador. Él mismo editaba. Luego, vinieron patrocinadores. Pero el punto estaba claro: había encontrado algo que la publicidad no podía comprar: historias reales. Esas mismas que conectan con la gente a través de la emoción. Gente que no tenía para pagar la quincena. Gente que vendió el carro. Gente que sacó a su hija de la escuela privada. “Historias que no es cualquiera que las dice a vox populi”, dice. La agencia sigue, pero pequeña. El marketing digital se volvió “una carnicería”. Los márgenes desaparecieron porque las marcas exigen entretenimiento masivo, pero sin pagar por ello. Entonces dividió su contenido en dos: Emprendementes, donde cuenta historias, y su canal de análisis, donde habla de política, economía, corrupción... Separó lo noble de lo peligroso. Eso lo hizo más libre y más peligroso. LA VERDAD COMO VENTAJA COMPETITIVA En Panamá, los medios tradicionales están atrapados en una contradicción insostenible. Dicen ser objetivos, imparciales, guardianes de la verdad. Pero sus dueños tienen negocios. Sus anunciantes tienen intereses. Sus periodistas pagan hipotecas. Brian descubrió esto no por teoría, sino por observación. Trabajó en banca. Vio finanzas. Creó una agencia. Está bien conectado. Entiende cómo funciona el sistema. “Todo tiene una lógica que se entiende a leguas y es importante exponerlo. Con conocimiento y datos. Una vez un amigo me dijo: “yo era más feliz cuando no sabía tanto”. Ese es el efecto: entender cómo funciona el tema de la política, cómo funcionan los temas económicos, cómo funciona Panamá”. Cuando habla de corrupción específica, su análisis no es genérico. Toma el Cuarto Puente sobre el Canal de Panamá como referencia. Esta obra en construcción que comenzó en 1.420 millones de dólares —cuando el 2 de mayo de 2019 el entonces presidente Juan Carlos Varela dio la primera palada— y ahora va por $2.387 millones —con una nueva adenda de $295 millones incluida— con apenas 35 % de avance y sin que haya “puente” visible. Brian desgrana el mecanismo: “Si 46 PROTAGO NISTA
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