Hay pocos escenarios en el deporte donde el tiempo no pasa, sino que se acumula. El Masters es uno de ellos. Desde aquel primer golpe en 1934 en Augusta National, el torneo no solo ha definido campeones, sino que ha construido una narrativa donde cada edición dialoga con la anterior. A diferencia de otros eventos que evolucionan para mantenerse vigentes, el Masters ha encontrado su fortaleza en la consistencia. Su formato, sus tradiciones, su chaqueta verde y su carácter por invitación han resistido el paso de las décadas sin perder relevancia. Augusta no necesita reinventarse porque su valor está precisamente en lo que permanece intacto. Ese peso histórico se refleja en sus protagonistas. Jack Nicklaus, con su victoria en 1986 a los 46 años, no solo rompió récords: demostró que en Augusta la experiencia puede imponerse a cualquier expectativa. Años más tarde, Tiger Woods redefinió los límites del juego con su dominio absoluto, fijando una era que amplificó el alcance global del torneo. Sin embargo, el Masters no pertenece a sus figuras, sino a lo que representa. Cada NOVENTA EDICIONES DESPUÉS, EL MASTERS TRASCIENDE EL DEPORTE Y SE CONSOLIDA COMO UN RITUAL DONDE HISTORIA, PRESIÓN Y LEGADO DEFINEN CADA GOLPE. Por MATÍAS MORALES | Fotos CORTESÍA ROLEX EL TIEMPO DE AUGUSTA 52 WWW.INVESTOR.COM.PA tendencias golf
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