INVESTOR-LIFESTYLE-MAGAZINE Abril 2026

acumuladas: el egresado que no encuentra empleo, el empleado que no tendrá jubilación digna, el informal que invierte cuatro horas diarias en transporte para ganarse el día. Art District tiene un muro detrás. Literalmente. Del otro lado viven personas cuyas condiciones contrastan con lo que ocurre de este lado del muro. Diez no lo menciona como dato, pero sí como contradicción que no se resuelve mirando para otro lado. “Quiero un Panamá donde los que viven aquí al lado puedan aspirar a trabajar en lo que vamos a construir, a tener un negocio, a ser parte de este desarrollo. No que ese muro nos separe y nos etiquete. Ese no es el Panamá que queremos tener”. La imagen del muro hace lo que los buenos diagnósticos hacen: convierten un problema abstracto en algo físico, visible, imposible de ignorar. Y plantea, sin decirlo, la pregunta real que subyace a todo lo que hace Diez, en sus obras, en el gremio, en sus conversaciones públicas: ¿para quién se construye? CONSTRUIDO SOBRE OTROS HOMBROS Cuando el nombre de su padre entra en la conversación, algo cambia. No en el tono: en el peso. Gabriel Diez Polack fue, durante más de cincuenta años, una presencia constante en la vida gremial y pública de Panamá. Un hombre que no esperaba que otros tomaran las posiciones que él podía tomar; que estuvo en primera fila de cada conversación importante del país mientras su salud lo permitió. ‟Panamá era como un corcho. Aunque mucha gente le metía un punzón, el corcho siempre flotaba”. Así analizaba su padre a Panamá. El hijo las repite con la precisión de quien las ha llevado consigo mucho tiempo. Luego, agrega la frase que los define a los dos, que resume cincuenta años de presencia pública en siete palabras: ‟Él era el vamos, no el vayaˮ. El que dice vaya manda desde atrás. El que dice vamos camina adelante. Caminar adelante, en el vocabulario de esta familia, significa estar presente cuando incomoda, hablar cuando es más fácil callar, construir cuando el mercado todavía no lo pide. ‟Me paro sobre sus hombros. Quien no reconoce que está parado sobre los hombros de alguien más es egocéntrico. Tú no naciste solo, eso hay que reconocerloˮ. La frase no es humildad performativa; es la explicación de fondo de todo lo demás: ¿por qué Diez preside el CoNEP cuando podría no hacerlo?, ¿por qué habla de opacidad cuando podría quedarse en el discurso cómodo?, ¿por qué construye con la obsesión del que sabe que lo que levanta tiene que durar más que él? Hay una historia que contaba el padre sobre caballos y cabritos. En el establo, cuando el caballo brioso empieza a patear, el cabrito pequeño se acerca, lo toca suavemente en las costillas y el caballo se tranquiliza. El cabrito no lo detiene; le recuerda cuándo es el momento. Diez la cuenta como metáfora del relevo generacional: la energía joven que necesita guía, la experiencia que sabe cuándo soltar. Pero también la cuenta, sin decirlo, como autorretrato. Él fue ese caballo. A los 53, con veinte años de empresa y el sector privado sobre sus hombros, está aprendiendo que ser el cabrito también exige carácter. ‟Hay que darles la oportunidad a los que vienen. La experiencia y la energía juntas pueden echar para adelante”. El país que imagina tiene esa misma arquitectura: generaciones que se pasan el conocimiento sin acaparar el control; instituciones que acumu- Veinte años de empresa. Ningún gerente con menos de trece años en el equipo. En un mercado que rota en trimestres eso no es gestión; es una declaración de principios. WWW.INVESTOR.COM.PA 48 PROTAGO NISTA

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