Por MATÍAS MORALES Fotos AFP Durante décadas, el negocio de los conciertos siguió una lógica relativamente predecible. Los artistas salían de gira, recorrían decenas de ciudades y replicaban el mismo espectáculo noche tras noche. Cada parada respondía a un público local y el impacto económico rara vez iba más allá de la venta de entradas. Ese modelo está cambiando de manera acelerada. La industria de la música en vivo está entrando en una etapa distinta, marcada por producciones cada vez más grandes, menos ciudades en las giras y múltiples noches en un mismo recinto. El concierto dejó de ser simplemente un espectáculo cultural para convertirse en un evento destino, capaz de movilizar audiencias internacionales y activar economías urbanas completas. Las cifras ayudan a dimensionar el fenómeno. El mercado global del entretenimiento en vivo supera hoy los 33.000 millones de dólares anuales, según estimaciones del sector recopiladas por Pollstar. Las giras más grandes del mundo mueven miles de millones en taquilla y generan efectos económicos que van mucho más allá del recinto donde ocurre el espectáculo. La gira “The Eras Tour”, de Taylor Swift, por ejemplo, vendió alrededor de 10 millones de entradas y generó cerca de 2.000 millones de dólares en ingresos, lo que la convirtió en la gira más lucrativa registrada hasta ahora. En varias ciudades estadounidenses, economistas estimaron que el gasto turístico asociado —hoteles, transporte, gastronomía y comercio— superó los 5.000 millones de dólares. En otras palabras, el concierto ya no se mide solo por la venta de tiquetes. También por su capacidad de transformar temporalmente la economía de una ciudad. EL AUGE DE LAS RESIDENCIAS MUSICALES Una de las expresiones más visibles de esta transformación es el crecimiento de las residencias musicales: espectáculos prolongados en una misma ciudad que concentran múltiples fechas en el mismo recinto. El ejemplo más contundente ocurrió en Puerto Rico con la residencia “No me quiero ir de aquí”, de Bad Bunny, en 2025. Durante 31 noches el artista reunió a más de 600.000 espectadores con todas las funciones agotadas. El impacto económico estimado osciló entre $379 millones y más de $700 millones, una cifra extraordinaria para un evento cultural concentrado en una sola ciudad. La ocupación hotelera superó el 70 %, mientras el alquiler de alojamientos temporales y el tráfico turístico aumentaron significativamente durante el periodo de conciertos. La residencia también se convirtió en un fenómeno mediático. En diferentes noches aparecieron invitados como Travis Scott, Shakira, Marc Anthony y LeBron James, que reforzó la dimensión cultural global del evento. LIVE ECONOMY TREINTA Y UN NOCHES CONSECUTIVAS EN PUERTO RICO DEMOSTRARON CÓMO UNA RESIDENCIA MUSICAL PUEDE TRANSFORMAR COMPLETAMENTE UNA ECONOMÍA LOCAL. 600.000 Espectadores asistieron a la residencia de Bad Bunny en San Juan, con impacto económico estimado entre $379 y $700 millones. NEGOCIOS Música & turismo 66 WWW.INVESTOR.COM.PA
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