Por MATÍAS MORALES Fotos CORTESÍA Hay pocos lugares en el mundo donde la geografía permite algo tan simple y, al mismo tiempo, tan extraordinario: salir del Atlántico al amanecer y terminar el día frente al Pacífico sobre una bicicleta. Eso es lo que ocurre cada año en el Gran Fondo Océano a Océano Panamá, que ha convertido la estrechez del istmo en uno de los desafíos ciclistas más particulares del continente y el mundo. No se trata únicamente de una prueba deportiva. Es una experiencia que mezcla resistencia física, paisaje y una geografía que, en este caso, juega completamente a favor del deporte. La jornada comienza temprano. A las seis y media de la mañana, miles de ciclistas se alinean en Colón para iniciar un recorrido de 125 kilómetros que conecta ambos océanos atravesando el corazón del país. No es una carrera en el sentido tradicional. El Gran Fondo está concebido como un reto personal: cada participante pedalea a su propio ritmo, administra su energía y decide cómo afrontar los kilómetros. El objetivo no es llegar primero. El objetivo es llegar. DEL ATLÁNTICO AL PACÍFICO, pedaleando por Panamá CADA AÑO, MILES DE CICLISTAS NACIONALES E INTERNACIONALES CRUZAN EL PAÍS DE OCÉANO A OCÉANO, EN UNA CARRERA QUE TRANSFORMA LA GEOGRAFÍA DEL PAÍS EN UN DESAFÍO DEPORTIVO. 47 tendencias gran fondo
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