El desafío de Panamá, en su lectura, va más allá del Canal. Bioeconomía, turismo, logística, energía limpia, servicios digitales: sectores con oportunidades claras que requieren inversión en infraestructura, servicios básicos y educación alineada con lo que las empresas demandan. El país ha liderado el crecimiento económico y la inversión extranjera en la región en los últimos años. El paso siguiente es lograr que ese crecimiento llegue a todo el territorio. Ser dueño de casa tiene un peso específico. Cuando el foro terminó y los presidentes visitantes tomaron sus vuelos de regreso; cuando los representantes de 70 naciones cerraron sus agendas y dejaron Panamá, CAF se quedó con lo que siempre se queda: la responsabilidad de que algo de lo que ocurrió en esos cuatro días se materialice. La próxima edición está confirmada para enero de 2027. Ahí llegará la medida real del experimento: si los proyectos iniciados en enero de 2026 tienen avances concretos que presentar, el modelo habrá demostrado lo que lo distingue de décadas de cumbres latinoamericanas que produjeron diagnósticos impecables y compromisos que nadie rastreo. La conversación estratégica que Díaz-Granados impulsa desde CAF no busca uniformidad entre los 18 países miembros del banco. Lo que busca es algo más modesto y más difícil al mismo tiempo: identificar los ejes que unen a gobiernos con agendas distintas y operar sobre ellos con consistencia y horizonte largo. Energía, transición digital, integración regional. “Si logramos articular esas prioridades en una agenda de largo plazo, América Latina y el Caribe podrán construir un proyecto económico más ambicioso, sostenible y con mayor presencia en el escenario global”. El mundo se reorganiza a velocidad política. Díaz-Granados construye a velocidad institucional. La diferencia entre ambas no es un problema a resolver. Es, precisamente, donde vive su trabajo. WWW.INVESTOR.COM.PA 41 PROTAGO NISTA
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