INVESTOR-LIFESTYLE-MAGAZINE-031 -Marzo 2026

Para ello se escuchó a la comunidad artística, a gestores culturales, a coleccionistas y también a personas que nunca habían visitado el museo. “Preguntamos por qué la gente no venía”, cuenta Alemán. “Hicimos encuestas, escuchamos a artistas, escuchamos al público general. Fue un proceso largo de investigación”. La respuesta, en muchos casos, era tan simple como incómoda: el arte contemporáneo sigue siendo percibido como un territorio reservado para especialistas. No es un fenómeno exclusivo de Panamá. A nivel global, los museos de arte contemporáneo suelen atraer menos público que los de ciencia o historia. Pero esa percepción se convierte en un desafío particular en sociedades donde la educación artística ha sido históricamente limitada. El MAC ha intentado enfrentar ese reto con una estrategia que combina pedagogía cultural y experimentación. En los últimos años, el museo ha ampliado su programación para incluir eventos nocturnos, recorridos guiados por mediadores jóvenes, colaboraciones con músicos y actividades que mezclan distintas disciplinas creativas. La intención es clara: abrir el museo a públicos que tradicionalmente se han sentido ajenos a este tipo de espacios. “Siempre estamos pensando cómo atraer diferentes audiencias”, explica Alemán. “Cómo atraer a la familia, a las escuelas, a los jóvenes, a quienes nunca han venido al museo”. El resultado ha sido una institución más dinámica y permeable que en el pasado. Las exposiciones cambian constantemente, los formatos curatoriales exploran nuevos lenguajes y la programación pública busca generar conversaciones más amplias alrededor del arte. Pero ese dinamismo también ha dejado al descubierto las limitaciones del espacio actual. El edificio de Ancón, con su arquitectura histórica y su carga simbólica, fue durante décadas una solución ingeniosa. Pero hoy se ha convertido en una estructura que exige cada vez más esfuerzo para mantenerse operativa. “Gran parte de nuestra energía se va en mantener esta infraestructura”, reconoce la directora. Un museo contemporáneo necesita mucho más que paredes donde colgar obras. Requiere sistemas de conservación especializados, espacios flexibles para exposiciones experimentales, áreas educativas para talleres y laboratorios de mediación cómo debería funcionar una institución cultural en una ciudad como Panamá. Para Alemán, la pregunta central no es arquitectónica, sino social. ¿Cómo puede un museo convertirse en parte de la vida cotidiana de una ciudad? ¿Cómo puede dejar de ser un espacio que se visita ocasionalmente para convertirse en un lugar al que las personas regresan? “Me gustaría que la gente sintiera que el museo es una extensión de algo suyo”, dice. “Que puedan decir: esto también es mío”. La idea implica repensar el papel tradicional de los museos. Durante mucho tiempo estos espacios fueron concebidos como templos culturales donde el público acudía a contemplar obras en silencio. En el contexto contemporáneo, cada vez más instituciones están adoptando un enfoque cultural capaces de conectar el arte con distintos públicos. También necesita accesibilidad plena, tecnología adecuada y condiciones ambientales que permitan preservar las obras a largo plazo. Nada de eso es sencillo de implementar en un edificio adaptado. UN MUSEO PARA UNA NUEVA RELACIÓN CON LA CIUDAD La futura sede del MAC busca responder precisamente a esa necesidad de expansión conceptual. No se trata únicamente de trasladar el museo a otro lugar, sino de imaginar El edificio es importante, pero lo esencial siempre será la programación. Un museo existe por las conversaciones que genera, no solamente por la arquitectura que lo contiene”. WWW.INVESTOR.COM.PA 25 ABOUT

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