Por MATÍAS MORALES Fotos ARIS MARTÍNEZ El polo es uno de esos deportes cuya historia antecede largamente a su condición de espectáculo. Nació como práctica de entrenamiento militar en Asia Central, fue adoptado y reglamentado por la aristocracia británica y, con el tiempo, se transformó en una disciplina donde tradición, estrategia y control conviven bajo códigos no escritos que trascienden el juego. Desde sus orígenes, el polo ha estado ligado a la noción de continuidad: no evoluciona por ruptura, sino por transmisión. Esa lógica explica por qué el polo no se impone en nuevos territorios de forma inmediata. Requiere tiempo, infraestructura, cultura y, sobre todo, una comunidad dispuesta a sostenerlo más allá de la coyuntura. En América Latina, ese proceso encontró su mayor desarrollo en el Cono Sur, particularmente en Argentina, donde el polo alcanzó niveles de profesionalización y prestigio internacional que lo convirtieron en referencia global. Pero su expansión regional no respondió a un modelo uniforme, sino a adaptaciones locales que dialogaron con contextos culturales distintos. En Panamá, ese diálogo fue gradual. El país contaba con una tradición ecuestre sólida, vinculada a otras disciplinas, pero el polo era todavía un territorio por construir. Su desarrollo no surgió como una moda importada, sino como una apuesta de largo plazo que combinó experiencia internacional, visión organizativa y una lectura precisa del entorno. Más que introducir un deporte, el desafío fue crear un espacio donde el polo pudiera integrarse como práctica, como experiencia social y como parte de una identidad compartida. De esa construcción nació el Panama Polo Open, un torneo que con el paso de los años dejó de ser únicamente una competencia para convertirse en un punto de encuentro. Su evolución refleja la forma en que el polo logró arraigarse en el país: no desde la espectacularidad inmediata, sino desde la constancia, el cuidado del detalle y la creación de una comunidad que entiende el valor del tiempo como activo principal. Hoy, el Panama Polo Open celebrará su XVI edición el próximo 21 de marzo de 2026, en las instalaciones del Hacienda Country Club, y es uno de los encuentros sociales y deportivos más relevantes del calendario panameño. Más allá de la cifra de ediciones, se ha transformado en una institución que combina deporte, cultura y vida social bajo un mismo paraguas. El polo es un deporte de raíces centenarias que ha atravesado culturas y generaciones, manteniendo intacta su elegancia y su espíritu competitivo en cada encuentro. WWW.INVESTOR.COM.PA 53 tendencias abierto de polo
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