Por YAMILLY BONILLA Fotos CORTESÍA Entender Seúl no es una cuestión de altura ni de velocidad. Se comprende mejor caminando, observando, dejando que el ritmo de la ciudad se revele sin prisa. En ese proceso, el río Han aparece como el eje silencioso que lo ordena todo. Su curso atraviesa la capital de Corea del Sur de este a oeste y funciona como una frontera amable entre dos mundos que no compiten, sino que se complementan. EL RÍO HAN ESTRUCTURA LA VIDA DE SEÚL AL CONECTAR HISTORIA Y MODERNIDAD A TRAVÉS DE BARRIOS, PARQUES Y ESPACIOS DONDE LA CIUDAD APRENDE A DESACELERAR. Viajar a Seúl en invierno implica asumir el clima como parte de la experiencia. Durante los primeros días, las temperaturas oscilaron entre -3 °C y 7 °C, con aire seco y cielos despejados. Un abrigo grueso, capas térmicas ligeras, bufanda y guantes se vuelven aliados imprescindibles, no solo para protegerse del frío, sino para disfrutar la ciudad a pie, que es como mejor se descubre. Al norte del Han, la historia se manifiesta con naturalidad. Gyeongbokgung Palace se presenta imponente, pero sereno. Sus patios abiertos y techos geométricos Seúl entre ORILLAS UN RÍO QUE ORDENA EL PULSO URBANO dialogan con el invierno de forma elegante. Aquí, con temperaturas cercanas a los -2 °C a 6 °C, el frío se siente más intenso en los espacios abiertos, por lo que guantes delgados y calzado cómodo son esenciales para recorrer el complejo sin apuros. A pocos minutos caminando, Bukchon Hanok Village revela otra escala de la ciudad. Las casas tradicionales, alineadas en calles estrechas, parecen diseñadas para caminar despacio. El silencio, interrumpido solo por pasos y conversaciones suaves, refuerza la sensación de estar en una Seúl atemporal. Aquí, un abrigo térmico y WWW.INVESTOR.COM.PA 37 TRAVEL
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