4 17.07.2026 POR LA SOMBRITA ELLAS.pa HAY UN GESTO MUY PARTICULAR QUE UNO ENCUENTRA EN ALGUNAS VENTANILLAS, GARITAS Y OFICINAS PÚBLICAS. SEGURO USTED LO HA NOTADO. EL PLACER DE DECIR ‘NO’ Eran las 3:10 p.m. cuando llegué a la institución. Venía confiada porque el horario de atención decía hasta las cuatro. El señor de seguridad ni siquiera levantó mucho la vista. —Uy... eso ya cerró. Lo dijo con esa tranquilidad que solo tiene quien sabe que el problema ya no es suyo. Hay un gesto muy particular que uno encuentra en algunas ventanillas, garitas y oficinas públicas. No sabría explicarlo bien, pero existe. Es una mezcla entre resignación y una pequeña satisfacción. Como si decir “ya cerró”, “no hay sistema”, “vuelva mañana” o “eso no es aquí” fuera parte del menú del día. Por un momento pensé que la culpa era mía. Quien me mandó a venir tan tarde. Hasta que detrás de mí llegaron tres mujeres más, acaloradas, bajándose casi al vuelo del taxi para hacer exactamente el mismo trámite. La respuesta para ellas fue idéntica. —Uf... ya cerramos. Pero... ¿no cierran a las cuatro? —Sí... pero ese trámite se recibe hasta las tres. Ah. ¿Y dónde dice eso? Silencio. Una funcionaria apareció con la respuesta que ya casi es patrimonio nacional. —Busquen la información en las redes sociales. Allí está. Ni cortas ni perezosas sacamos los celulares allí mismo. Buscamos. Instagram, Facebook. Nada. Bueno, sí había algo. Fotos. Muchas fotos. El director inaugurando cosas. El director reunido. El director sonriendo. El director estrechando manos. Lo que no aparecía por ninguna parte era que el trámite cerraba una hora antes. Fue entonces cuando, sin conocernos de nada, las cuatro nos convertimos en comité ciudadano de auditoría espontánea. por ROXANA MUÑOZ @roxana_munoz_07 —¿Y dónde está escrito? —¿Por qué no lo ponen en un cartel? —¿Cómo va a saber la gente? El pobre señor de seguridad, que ya no parecía disfrutar tanto de decirnos ‘no’, terminó admitiendo lo evidente. —Sí... la verdad es que eso debería estar avisado. Y ahí estaba el asunto. Porque se entiende que algunas gestiones necesiten tiempo. Ciertos trámites no puedan recibirse cinco minutos antes del cierre. Lo que cuesta entender es por qué esa información vive escondida como si fuera secreto de Estado. Mientras nos íbamos, una señora decía que había pedido permiso en el trabajo para hacer ese trámite. Desde algún rincón otro funcionario le preguntó, casi desafiándola: —¿Y a qué hora pidió el permiso? Como si ese fuera el verdadero problema. Salimos resignadas, pensando que al día siguiente habría que volver. Y también pensando en algo más. Las instituciones públicas suelen preguntarse por qué la gente llega molesta. A veces la respuesta no está en el trámite. Está en la comunicación. Comunicar no es abrir una cuenta en Instagram. Es poner un letrero donde hace falta. Es explicar antes de que la gente pregunte. Es evitar que cuatro personas pierdan una tarde por una información que cabía en una hoja tamaño carta pegada con cinta en una puerta. Hay días en que la mejor política pública no necesita presupuesto. Necesita un marcador negro, una hoja blanca... y ganas de avisar.
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