PERFÍL: Arelys Alvarado es paramédica del SUME 911 y cuenta con 17 años de experiencia atendiendo emergencias prehospitalarias en Panamá. Formada en Urgencias Médicas y Desastres, combina la atención en campo con la formación de nuevos paramédicos. Su trabajo la ha llevado a intervenir en situaciones críticas, con una misma premisa: escuchar, decidir y actuar con calma cuando cada minuto cuenta. ‘A veces el peor error es no hacer nada. Existe la Ley del Buen Samaritano... Esa ley protege a quien tiene la intención de ayudar, sepa o no de primeros auxilios’, destaca Arelys. ¿Hay alguna emergencia de verano que te haya marcado? La de un niño de 13 años que se ahogó. Estuvo nadando, se agotó, le dio un calambre y no pudo manejarlo. Otra persona intentó sacarlo, pero no es fácil sin conocimientos. La mayor causa de estos ahogamientos es la falta de supervisión. ¿Qué errores se cometen a la hora de ‘querer ayudar’? A veces el peor error es no hacer nada. Existe la Ley del Buen Samaritano, la Ley 57 del 30 de noviembre de 2016, creada luego de un caso en Loma Cová: un médico perdió la vida porque necesitaba un torniquete y nadie se atrevió a tocarlo. Esa ley protege a quien tiene la intención de ayudar, sepa o no de primeros auxilios. ¿Has vivido una situación que parecía perdida y se resolvió? Sí. Una vez llegamos a reanimar a un paciente. La hija o sobrina, de unos 13 años, le estaba dando compresiones muy buenas. Pero después de más de 40 minutos no teníamos respuesta. Llamé al médico a pedir la orden para detener las compresiones. En ese momento, mi colega lo revisó y dice: “¡Tiene pulso!”. Cuando hay paro cardiorrespiratorio, lo más importante son los primeros auxilios. La ambulancia puede tardar 20 minutos; una persona no puede estar sin respirar tanto tiempo. Por eso hay que aprender RCP. Cuando llegan a una escena, ¿qué es lo primero que intentas hacer? Mantener la calma. Cuando llegamos, la gente ya está pasando un mal momento. No estamos para juzgar. A veces nos llaman por gastritis: quizá no sea “emergencia”, pero para esa persona lo es. Les explicamos la diferencia entre una emergencia y una urgencia, que deben ir a buscar ayuda al hospital. Con adultos mayores pasa mucho: llaman porque no saben a quién más llamar. ¿Alguna vez alguien volvió a buscarte para agradecerte? Sí. Recuerdo el caso de una embarazada en una parada de bus en Pueblo Nuevo. Al llegar me llamó la atención que su barriga se veía de lado. Cuando mi compañera la revisó en la ambulancia me dice: “¡El bebé tiene los pies afuera!”. Era hora pico en la 12 de Octubre, la ambulancia no avanzaba y la gente no daba paso. Estábamos ante una situación donde peligraba la vida de la mamá y el bebé, que tenía los piecitos morados. Con el conocimiento que teníamos logramos sacar a la bebé, nació flácida y no respiraba, pero logramos estimularla y lloró. La mamá también se estabilizó y llegamos al hospital. Al mes, la abuela fue a preguntar por nosotras. Quería poner nuestros nombres a su nueva nieta. ¿Cuán importante es dar bien los datos al llamar al 911? A veces la gente quiere explicar de una vez el caso. Pero el call center sigue protocolos. Lo primero es dar nombre, dirección y teléfono. Si la llamada se cae, el call center tiene los datos y puede devolver la llamada. Cuando la persona nerviosa da una dirección incorrecta, eso atrasa la atención. Por eso se recomienda que llame la persona más calmada y que dé referencias de lugares públicos conocidos. ¿Qué cualidades se necesitan para este trabajo? Capacitación continua, tener buena actitud y entender que se trata de vidas humanas. Hay que hablar, tranquilizar, comprender. Es importante atender las propias emociones, aquí tenemos departamento de psicología. El paramédico también debe buscar ayuda a tiempo. 28 30.01.2026 ELLAS ENTRE NOS CONVERSACIÓN
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