Los entrenadores Rafael Guiraud y Mariana Pitty. por recomendación médica. Algunas vienen derivadas por doctores tras diagnósticos relacionados con pérdida de masa muscular, salud ósea, dolores articulares o miedo a caídas. No llegan buscando un cuerpo “fit”, sino garantizar su movilidad, prevenir lesiones y mantenerse activas en su vida cotidiana. Para muchas, es la primera vez que pisan un gimnasio de pesas. Y también la primera vez que entienden el entrenamiento de fuerza como una herramienta de salud, no como un espacio ajeno o intimidante. El músculo funciona como un escudo silencioso: protege huesos, sostiene articulaciones y amortigua caídas. Un informe publicado en 2022 en el British Journal of Sports Medicine encontró que las actividades de fortalecimiento muscular se asocian con un menor riesgo de mortalidad y con menos enfermedades crónicas como las cardiovasculares y la diabetes. ENCONTRAR SU LUGAR EN EL GIMNASIO Para la abogada Ana Gilza Córdoba, el vínculo con el entrenamiento de fuerza comenzó temprano, a los 27 años. Al inicio, como muchas, lo asociaba a la estética y a la resistencia: entrenar para “aguantar más”, por ejemplo, los cuatro días del Carnaval. Con el tiempo, su mirada cambió. “Empecé a darme cuenta de que, a medida que avanzamos en edad -y sobre todo al entrar en la menopausia-, las mujeres perdemos masa muscular”, cuenta. Hoy entrena con objetivos realistas, ajustados a su vida profesional. Adapta horarios, reorganiza semanas y combina tipos de entrenamiento. Aun así, la fuerza sigue siendo el eje. Entrenar pesas, además, se convirtió para ella en un acto de autonomía. “Los gimnasios de pesas siguen estando dominados por hombres. Hubo momentos en que yo era una mujer entre 15. Ya no me genera temor, pero es un espacio que una ocupa conscientemente”, dice. Ir sola, entrenar con pesas y encontrar su lugar forma parte de una decisión personal. MÁS PESO, MENOS MIEDO Uno de los mitos más persistentes es creer que el entrenamiento de fuerza “masculiniza” el cuerpo. Pero, muy por el contrario, la mayoría de las mujeres entrena muy por debajo de lo que su cuerpo podría hacer. Por ejercicio de resistencia se entiende trabajar los músculos contra una carga -pesas, máquinas o el propio peso corporal- de forma progresiva. No se trata de levantar mucho de golpe, sino de aumentar la exigencia poco a poco, como explican los entrenadores. Durante años se repitió que para bajar grasa había que hacer largas sesiones de cardio, dejando poco tiempo para el trabajo muscular. Sin embargo, la experiencia muestra otra cosa: cuando las mujeres incorporan fuerza de manera guiada, los cambios aparecen. No solo en el cuerpo, también en la confianza. En medio del auge del fitness en redes sociales, proliferan soluciones rápidas: entrenamientos solo con bandas elásticas, rutinas “sin pesas”, promesas de resultados sin esfuerzo. Pitty y Guiraud son claros: las bandas tienen usos terapéuticos específicos, pero no reemplazan el entrenamiento de fuerza cuando el objetivo es construir masa muscular y mantener funciones a largo plazo. La guía de un profesional es clave, especialmente al empezar un nuevo entrenamiento. Pero ese esfuerzo del ejercicio no ocurre en una burbuja. En una semana hay 168 horas, y la mayoría de las personas entrena menos de cinco. El resto del tiempo -el sueño, la alimentación, el descanso, el estrés- también construye o debilita el cuerpo. Mejorar la fuerza y la resistencia es una estrategia de largo plazo. Una inversión que no siempre se nota en el espejo pronto, pero sí en la forma en que una mujer se desenvuelve en un día de su vida. BIENESTAR 16 30.01.2026 ENTRE NOS ELLAS
RkJQdWJsaXNoZXIy MjUxNDI0Nw==