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Tecnologías, niñez, juventud y familia. ¿Peligro, oportunidad o ambas cosas? Por: Rodolfo Caballero Profesor de Ética, Valores y Moral, Coach Integral, Máster en ciencias de la Familia y escritor. Hace 4 años publicamos la obra: Reconectémonos. 25 prácticas para restablecer el amor familiar en la era digital. El sentido común privilegia la sabiduría de que las cosas no son malas en sí mismas sino en el uso que las personas les damos. Y esto aplica si también usamos la ciencia para guiar nuestras decisiones. Es un hecho que los niños y adolescentes sufren distintas etapas de desarrollo y las investigaciones científicas cada día advierten sobre el peligro del uso prematuro y la sobre exposición a pantallas en menores de 16 años. También el Ministerio Público en nuestro país como en otras latitudes ve con asombro el aumento de ciber delitos donde hasta abuso sexual, secuestro y daños psicológicos se infringen a menores de edad. Las leyes han tenido que adaptarse para castigar todos los nuevos actos donde se lacera la dignidad humana tanto de menores como de adultos. Sin embargo, también las tecnologías han creado un sin fin de posibilidades y oportunidades para la humanidad que no hay vuelta atrás. Pero, entonces cuál es el punto medio para no satanizar las tecnologías pero tampoco quedar a su merced y ser víctimas de los abusadores que las utilizan? No lo sé. Venimos viendo muchos movimientos e iniciativas para devolverle la cordura a los que han quedado hechizados por la tecnología al punto que no pueden separarse de sus dispositivos ni para comer ni para ir al baño. A los padres les digo que los teléfonos no son niñeras. Jueguen y compartan realmente con sus hijos! Me considero humanista y consciente de los beneficios que la cultura, la tecnología, el arte y la ciencia aportan al bienestar de la humanidad. Por esta razón creo que podemos elegir cuándo introducir los dispositivos tecnológicos a nuestros hijos y enseñarles a controlar qué tiempo usarlos. De hecho, podemos enseñarles a usar con propósito y sentidos significativos los mismos. El primer paso es empezar por nosotros mismos los adultos rompiendo con el automatismo adictivo a nuestros dispositivos, declarar momentos y espacios sagrados donde podamos volver a conectarnos unos con otros. Sin deseos de libertad es muy sencillo adormilarse y pasar horas sin dormir mirando las pantallas. Que hermoso sería si eligiéramos disfrutar la compañía mutua en lugar de tirarnos selfies o estar mirando actualizaciones de estados de WhatsApp ajenas. Sería bello usar el teléfono para llamar a alguien y decirle aquí estoy para ti cuenta conmigo. Disfrutar de caminatas en el parque o la montaña sin miedo a disfrutar no hacer nada que tenga que ver con manosear nuestro teléfono. Creo que la adicción a los dispositivos esconde un miedo profundo a sentir lo que pasa dentro de nosotros y disfrutar todo lo bello que duerme en cada ser humano. Si desconocemos esto nuestros hombres y mujeres del mañana llegarán a ser verdaderos autómatas sin valores, empatía, sensibilidad, sentido de la verdad y la justicia. Aún podemos girar el timón pero tenemos que empezar los que tenemos a cargo niños y adolescentes. Las empresas de tecnologías también tienen responsabilidad en el asunto y es urgente que tomen medidas para advertir los peligros para nuestros niños y jóvenes.

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