2020-09-01

caídalibre H ace unos meses un bibliotecario encontró en el Trinity College de Irlanda un capítulo inédito de Los viajes de Gulliver. Tuve la fortuna de tener acceso al borrador de una edición ampliada de la obra de Jonathan Swift con dicho texto. En el anexo, luego de pasar por Liliput y Brobdingnag, Gulliver llega a Amanap, un país donde está todo al revés. Amanap era, supuestamente, una república, y su población estaba orgullosa de ver rugir a sus pies ambos mares. Pero parece que ninguno de los amanapeños sabía que el papel lo aguanta todo. En aquel país, Gulliver encontró que los ciudadanos solo podían hacer lo que el gobierno les permitía. Por ejemplo, era legal tener hijos a cualquier hora y día de la semana, pero no era legal llevarlo al parque en cualquier día ni hora. Si eras de sexo masculino, —y las autoridades emitían un documento oficial que lo certificaba (en esto eran muy diligentes)— solo podrías sacarlo a pasear dos días de la semana por un máximo de dos horas. También había una corte. Y si subías la cuesta al Palacio de Justicia, en sus escalinatas se veían unas damas y unos caballeros togados, pendientes de los picoteos de unas garzas. Si quisieras llamar su atención, les entregabas una carpeta. Esto les interesaba porque eran coleccionistas. Durante una visita al Museo de Expedientes, Gulliver escuchó que un juez le decía a otro: “Tengo una ahí desde hace 8 años. Es muy especial”. 58 EN EL ANEXO, LUEGO DE PASAR POR LILIPUT Y BROBDINGNAG, GULLIVER LLEGA A AMANAP, UN PAÍS DONDE ESTÁ TODO AL REVÉS... AMANAP M ientras Gulliver estuvo ahí, los zapateros hicieron una huelga. Salieron a protestar reclamando los mismos derechos que los verduleros y tornilleros. Nadie entendía el porqué, pero era legal que un ciudadano entrara a una tienda a comprar tornillos y pintura, pero era ilegal que entrara a comprarse un par de zapatos o una camisa debido al alto riesgo de esto. Un día se informó que ahora era legal salir a caminar siempre y cuando lo hicieras con el apoyo de un bastón. No obstante, se prohibió estrictamente gatear, correr y saltar. Estas actividades eran consideradas altamente peligrosas. Las podías hacer dentro de tu vivienda si nadie estaba viendo, pero no afuera, expuesto a unos aparatos voladores que tenía el gobierno para vigilar el cumplimiento de sus directrices. Para proteger a la población general de estas amenazas el gobierno desplegó sus fuerzas policiales. Gracias a ello, detuvieron a varios que iban con bastón y habían osado saltar en una rayuela dibujada con tiza por unos malhechores. L o que más gustaba a sus líderes era anunciar que iban a anunciar algo importante. La cosa era tal, que cada martes todos los ciudadanos se reunían en familia, con grandes expectativas, para ver qué era lo que iban a anunciar. Durante varios días, era lo único que se hablaba. “¡Tal vez podré pasear a mi perro este domingo!”, decía uno, mientras que otro alucinaba: “¡Van a permitirnos remar en piragua!”. A la hora de la hora, no se anunciaba nada significativo, pero los amanapeños confiaban que la próxima semana de seguro sí. Después de todo, el ministro supremo había prometido premios si se comportaban. Gulliver les advirtió a los amanapeños que Amanap, bajo estas condiciones, solo era una república en papel porque en una verdadera república el gobierno no puede apropiarse de los derechos individuales. Lo que corresponde es que los ciudadanos puedan hacer todo lo que no esté prohibido y que, al revés, es el gobierno el que solo pueda hacer lo que se le ha permitido. Pobre de Gulliver, alguien que hablaba más, y más alto que todos los demás, lo acusó de ser un extranjero sin derecho a criticar y quisieron expulsarlo del país. Otro par de locos quiso defenderlo, pero tras llenar 67 formularios con la misma información, Gulliver se fue por su cuenta. DIEGO QUIJANO @RYUAUSTRO

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