2020-09-01

47 k gula Sería ese momento de insatisfacción cuando uno tiene todo el año agendado con proyectos, sea una exposición, residencia o producción artística, y aún seguimos aplicando a más: aplicando a bienales, a más residencias, nosotros mismo nos saturamos de cosas. Definiré la gula como un momento barroco. Y en mi pintura sería la saturación de elementos: ese momento cuando pinto una imagen y me alejo, entonces noto el vacío al otro lado y lo lleno con otra imagen para generar equilibrio. Luego me alejo y noto que no hay un equilibrio tonal, entonces quiero recompensar ese desequilibrio con imágenes de más colores. Esa saturación se ha dado en la historia del arte, cuando se pintaban bodegones saturados de frutos, y se quería representar abundancia desmesurada. envidia La envidia es compararnos y desear la posición de otro. En mi obra el artista que más la representa es Miguel Ángel que le tenía envidia a Leonardo Da Vinci, pero no envidiaba la capacidad de Leonardo, si no la fama al ser más reconocido. Miguel Ángel había crecido pensando que él era el artista más destacado de la ciudad, pero cuando Da Vinci (que era de mayor edad) regresó, comenzó la rivalidad. En la historia del arte ha quedado claro que los artistas siempre necesitamos a ese artista que nos sirva para compararnos, que al generarnos celo por obtener sus logros o al querer superarlo, se convierta en una sana competición. ira Para mí la ira no es sinónimo de violencia, ya que la ira es propia e íntima. La violencia es un acto deliberado aplicado a terceros. La ira ocurre en la producción misma, cuando viene acompañada de un grito, un golpe a la mesa, un reproche a uno mismo, en las artes es un momento necesario, ya que cada acción de enojo trae un momento de catarsis, y es ahí donde llega la meditación, reconocer el error, preguntarse qué hice mal, y de esas experiencias se van ganando. Un anónimo dice: ‘Había un grupo de caballeros debatiendo un pasaje de la poesía de Dante. Llamaron a Leonardo para pedirle que lo explicara. Y dio la casualidad de que Miguel Ángel pasaba por ahí. Y Leonardo dijo: ‘Miguel Ángel se los explicará’. A Miguel Ángel le pareció que se estaba burlando de él y respondió enojado: ‘Acláraselo usted, que diseñó un caballo para fundirlo en bronce y al no poder hacerlo, tuvo que abandonarlo, cubriéndose de vergüenza’. Dicho eso, dio la espalda y se fue. Leonardo se quedó ahí, rojo de la ira”.

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