REVISTA MUNDO SOCIAL MAYO 2026

MAYO 2026 MUNDO SOCIAL 88 columna b MS BLINK Hay cosas que una aprende cuando se convierte en mamá: cómo doblar un cochecito con una sola mano, cómo dormir con un ojo abierto y cómo decir, casi por reflejo, “¡cuidado con el sereno!”… aunque, siendo honestas, no tengamos muy claro qué es exactamente el famoso sereno. Porque vamos a decirlo sin pena: el sereno es ese personaje misterioso del folklore materno. No tiene cara, no tiene cuerpo, no sale en Google con claridad… pero ahí está. Lo invocamos como si fuera un villano silencioso que aparece en cuanto cae la noche y baja la temperatura. Según las abuelas, el sereno es prácticamente una fuerza de la naturaleza con malas intenciones. “No salgas con el pelo mojado que te agarra el sereno”. “Tápate, que el sereno enferma”. “No te sientes en el piso frío que el sereno se mete en los huesos”. Uno crece con la sensación de que el sereno es una mezcla entre brisa nocturna, humedad traicionera y castigo ancestral. Y, claro, una crece, estudia, lee… y empieza a sospechar. ¿Será que el sereno existe de verdad? ¿O será una forma elegante que tenían nuestras abuelas de decir “abrígate porque hace frío y no quiero que te resfríes”? La ciencia, aguafiestas como siempre, nos dice que no hay un ente llamado “sereno” que enferme. Lo que sí hay es humedad, cambios de temperatura, virus circulando felices en el ambiente… y niños que juran que no tienen frío, aunque estén tiritando. O sea, el sereno como tal no existe, pero lo que representa… bueno, eso sí. Entonces, ahí estamos nosotras, en esa contradicción tan maternal. Sabemos que el sereno probablemente no es un villano real, pero igual lo usamos. Porque funciona. Porque decir “ponte un suéter” no tiene el mismo efecto dramático que “te va a agarrar el sereno”. Es casi una herramienta pedagógica heredada, como el “porque lo digo yo”, pero con un toque poético. Y no nos engañemos: hay algo reconfortante en repetir esas frases. Es como pasar una antorcha invisible de generación en generación. Nuestra mamá nos lo dijo, su mamá a ella también… y ahora nos toca a nosotras advertir con cara seria: “no te vayas a serenar”. Lo más gracioso es que incluso cuando nuestros hijos crezcan, cuando ya sean adolescentes que creen saberlo todo (spoiler: no lo saben), una parte de nosotras va a seguir ahí, insistiendo. “Llévate un abrigo”. “No llegues tarde”. “Y por favor, no te vayas a serenar”. Ellos nos torcerán los ojos, nos “chuparán”, se reirán, harán memes mentales sobre nosotras… pero en el fondo, ese “cuídate del sereno” no habla del clima… habla de amor... de ese intento medio torpe, medio exagerado, pero completamente genuino, de protegerlos de todo lo que no podemos controlar. Así que no, tal vez el sereno no exista como nos lo contaron, pero como símbolo de cuidado, de abrigo, de mamá en modo alerta… ese sí que es real. Y ese, sinceramente, no se va nunca. Como buenas supermamás, sigamos usando nuestros poderes para siempre protegerlos del temible y peligroso “sereno”. El sereno: ese “cuco” que todas heredamos Super Mamás SUPER MAMÁS @supermamas_panama

RkJQdWJsaXNoZXIy MTc3NzU1MA==