MAYO 2026 MUNDO SOCIAL 24 columna e MUNDO EMPRESARIAL Comparto con ustedes este texto de Gilbert Brenson: «Cada vez que me pongo una máscara para tapar mi realidad, fingiendo ser lo que no soy, lo hago para atraer a la gente. Luego descubro que solo atraigo a otros enmascarados, alejando a los demás, debido a un estorbo: la máscara. Uso la máscara para evitar que la gente vea mis debilidades; luego descubro que, al no ver mi humanidad, los demás no me quieren por lo que soy, sino por la máscara. Uso una máscara para preservar mis amistades; luego descubro que si pierdo un amigo por haber sido auténtico, realmente no era amigo mío, sino de la máscara. Me pongo una máscara para evitar ofender a alguien y ser diplomático; luego descubro que aquello que más ofende a las personas con quienes más quiero intimar es la máscara. Me pongo una máscara, convencido de que es lo mejor que puedo hacer para ser amado. Luego descubro la triste paradoja: lo que más deseo lograr con mis máscaras es precisamente lo que impido con ellas». Estas palabras reflejan lo que vivimos con las «máscaras invisibles» que nos fabricamos para encajar, ajustarnos a las expectativas sociales o sobrevivir al qué dirán. Usamos máscaras en nuestras redes sociales, con nuestra familia y amigos, en el trabajo y, lo peor, con nosotros mismos. Es absurda esa manera de querer engañar y engañarnos por temor a mostrarnos al mundo tal cual somos. Tales máscaras no nos protegen de nada, sino que nos confunden, nos aprisionan, levantan muros entre los demás, nosotros y nuestra vida. Cuando nos las ponemos, nuestro ser está perdido, enmascarado y alineado en los deseos y expectativas de los otros, y terminamos siendo prisioneros de las apariencias, del qué dirán y del miedo. Desafortunadamente, este sentimiento de tener que ajustarse, de adaptarse para evitar el juicio de los demás, se convierte en una carga que arrastramos, afectando nuestra felicidad y bienestar. Ahora bien, deshacerse de las máscaras no es tarea fácil. Para muchos, representan una forma de protección que les permite evitar el dolor del rechazo, pero vale la pena hacerlo si queremos ser nosotros mismos. ¿QUÉ HACER? 1. Céntrate en lo que te hace feliz: aprende a reconocer qué te trae alegría, sin importar si eso es aceptado por quienes te rodean. 2. Cuestiona tus creencias limitantes: pregúntate por qué te importa tanto la opinión de los demás. ¿Qué es lo peor que podría pasar si decides ser tú mismo, sin filtros? 3. Sé auténtico y acéptate tal cual eres. La autenticidad no es «hago lo que quiero y, si no les gusta, que se aguanten». La autenticidad es una alineación entre lo que piensas, sientes y muestras al mundo, sin necesitar que todo encaje en una fórmula predeterminada. 4. Redefine el éxito: si el tuyo está basado en la aprobación externa, nunca será suficiente. Empieza a medir tu éxito en función de cómo te sientes contigo mismo, no de cómo te perciben. 5. Recuerda que Dios mira el corazón, no la apariencia. Este principio nos llama a la introspección, a examinar nuestras propias motivaciones y acciones. Nos anima a cultivar un corazón puro y recto, a vivir una vida íntegra que refleje la justicia y la compasión de Dios. El éxito real no está en tus máscaras ni en la imagen impecable que construyes ni en cuán perfectamente puedes encajar en cada entorno. El éxito está en vivir sin necesidad de actuar. Empieza a deshacer tus máscaras hoy, no para demostrar algo a los demás, sino para recordarte a ti mismo que ser tú es más que suficiente. Aprende a vivir la vida sin máscara Zona de éxito AZAEL PITTI CONSULTOR Y CONFERENCISTA [email protected] @sueltaelcontrol.oficial
RkJQdWJsaXNoZXIy MTc3NzU1MA==