REVISTA MUNDO SOCIAL ENERO 2026

ESPECIAL E=MS2 EDUCACIÓN / MUNDO SOCIAL La salud mental de niños y adolescentes se ha convertido en uno de los grandes retos del entorno educativo actual. Ansiedad, estrés constante, depresión y un marcado miedo al fracaso son algunas de las problemáticas que se presentan con mayor frecuencia en las aulas, y que impactan directamente en el bienestar y el rendimiento académico de los estudiantes. Así lo explica la psicóloga Madi Álvarez, quien advierte sobre la necesidad de atender estas señales de forma integral y oportuna. “En los últimos años he observado un aumento significativo de la ansiedad, el estrés y la depresión en niños y adolescentes, muchas veces asociados a la presión social y a expectativas poco realistas”, señala Álvarez. Estas presiones pueden provenir de distintos entornos, como la familia, el grupo de pares o incluso de los propios estudiantes hacia sí mismos. Redes sociales, presión social y estrés académico Uno de los factores que más incide en la salud emocional de los jóvenes es el uso de redes sociales. Según la especialista, estas plataformas fomentan la comparación constante y una necesidad permanente de aprobación. “Los estudiantes se comparan con lo que ven en redes, sin considerar que muchas veces solo se muestra una parte idealizada de la realidad. Esto afecta la autoestima y genera una sensación constante de no ser suficiente”, explica. A este escenario se suma la presión social, especialmente la que proviene del entorno familiar y escolar. El miedo al fracaso, las altas expectativas y la necesidad de cumplir con determinados estándares pueden generar frustración, ansiedad e incluso aislamiento emocional. “Cuando esta presión se mantiene en el tiempo, puede derivar en cuadros depresivos y una desconexión emocional importante”, advierte. El estrés académico es otro elemento clave. Álvarez aclara que no todo el estrés es negativo. “Existe el eustrés, que es un estrés positivo que nos impulsa a enfrentar desafíos y mejora el rendimiento. El problema es el distrés, que es el estrés negativo, intenso y prolongado, que drena la energía y genera altos niveles de malestar”. Este tipo de estrés se manifiesta en agotamiento, ansiedad, disminución del rendimiento y problemas de salud física y mental. La sobrecarga de tareas, las evaluaciones constantes y la falta de equilibrio entre el estudio, el descanso y las actividades recreativas intensifican este problema. En casos más graves, la acumulación de estos factores puede incluso desencadenar ideación suicida, una señal de alerta que requiere atención inmediata. Señales de alerta y acciones desde la escuela Detectar a tiempo las señales de alerta es fundamental. “Muchas veces los niños y adolescentes no saben cómo expresar lo que sienten o temen ser rechazados”, explica la psicóloga. Entre las señales más comunes se encuentran cambios emocionales como llanto frecuente, apatía, ansiedad constante o irritabilidad excesiva; cambios conductuales como aislamiento, pérdida de interés en actividades habituales, conductas agresivas o una baja significativa en el rendimiento académico. También existen señales físicas que no deben pasarse por alto, como problemas de sueño —ya sea dormir en exceso o muy poco—, enfermedades frecuentes, quejas constantes, evitación de la escuela o uso compulsivo del celular. En situaciones de mayor riesgo, comentarios relacionados con la muerte, autolesiones o despedidas inusuales requieren una intervención urgente. Desde el ámbito escolar, Álvarez considera que es necesario revisar los planes académicos y las formas de evaluación. “Debe existir un equilibrio real entre las exigencias escolares y el descanso. Idealmente, la mayor parte del trabajo debería realizarse en el aula para que el tiempo en casa sea realmente de desconexión”, afirma. Asimismo, destaca la importancia de evaluaciones más integrales y formativas, que valoren el proceso de aprendizaje y no solo la nota final. La ampliación de actividades extracurriculares, la capacitación continua de docentes y la psicoeducación dirigida a estudiantes y familias son otras acciones clave para fortalecer el bienestar emocional. “Cuidar la salud mental debe dejar de ser un tema secundario. Hablar de emociones, pedir ayuda y normalizar la psicología es una tarea conjunta entre la escuela, la familia y la sociedad”, concluye. 43 ENERO 2026 / MUNDO SOCIAL Foto: VectorStudios / stock.adobe.com

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