REVISTA MUNDO SOCIAL DICIEMBRE 2025

82MUNDO SOCIAL DICIEMBRE 2025 SUPERMAMÁS Instagram: @supermamas.panama Querido Santa, este año vengo con una lista sincera. No brilla, no hace sonidos electrónicos y no requiere pilas, pero créeme que si me traes, aunque sea la mitad, te dejo no solo galletas, sino un tupper con arroz con guandú y tamales sin pasitas. Y tú sabes que eso es cariño puro. Primero, Santa, quiero pedirte ocho horas de sueño consecutivas. No te estoy pidiendo un milagro, solo ocho horitas. Sin interrupciones. Sin el clásico “mami, escuché un ruido”. Sin el niño que aparece a mitad de la noche como fantasma educado para decir “solo quería ver si estabas despierta”. Ocho horas… planas... sólidas. Santa, esto es urgente. También quiero un botón de pausa para los hijos. No para siempre, solo por cinco minutos. Algo que me permita respirar cuando empiezan a discutir por quién vio primero la nube con forma de dinosaurio. Un control remoto parental con pausa, mute y quizá un replay solo para repasar los momentos lindos antes de que el caos vuelva a estallar. Otro regalo esencial es un sensor de berrinches. Uno que me avise con anticipación cuando viene un terremoto emocional, así puedo preparar el escenario, algo así como poner música suave para evitar daños mayores. Si existe tecnología para detectar tormentas, podemos soñar con esto también. No quiero sonar exagerada, pero si logras traerme ropa que se lave sola, allí sí la botas. Y si además se dobla sola, se guarda y deja los calcetines en parejas felices, te hago una estatua pequeña, pero estatua. Pido también paciencia recargable, de esas que vienen con batería extra. Quiero paciencia para tareas eternas, negociaciones dramáticas, preguntas imposibles y madrugadas sorpresivas. Algo recargable caería perfecto. Santa, si puedes, mándame un cerebro adicional. Uno exclusivo para recordar citas médicas, meriendas, cumpleaños, actividades, reuniones escolares, disfraces, papeles que había que entregar ayer y esos avisos que mandan por WhatsApp a las 10 p. m. Cuando llegue la adolescencia, probablemente voy a necesitar una actualización de memoria, pero por ahora un cerebro extra basta. Y aquí va mi nuevo pedido oficial: una casa que se recoja sola solo cuando vienen visitas. Que por arte de magia desaparezcan los juguetes, las mochilas, los papeles, las medias rebeldes y todo lo que grita “aquí viven niños”. Santa, un botón que active modo “casa presentable” sería lo más cercano a la felicidad total. Y ahora sí, el regalo más grande: tiempo, pero no cualquier tiempo. Tiempo que no se escurra entre tareas, horarios y preocupaciones. Tiempo lento para escuchar sus historias eternas sin mirar el celular. Tiempo para abrazarlos sin que me llamen de la cocina. Tiempo para verlos crecer sin sentir que estoy corriendo detrás de ellos. Tiempo para congelar instantes que sé que un día voy a extrañar. Ese tipo de tiempo que no se compra, no se inventa y no vuelve. Si me das eso, Santa, aunque sea un poquito, te juro que mi corazón lo va a guardar como si fuera el tesoro más valioso del mundo. ¡Gracias, Santa!; y a ti, supermamá, ¡te deseo una navidad repleta de regalos que llenen tu corazón! Santa, ¡vengo sin filtro esta Navidad!

RkJQdWJsaXNoZXIy MTc3NzU1MA==