Mundo Social Oct 2025

114 MUNDO SOCIAL OCTUBRE 2025 SUPERMAMÁS Instagram: @supermamas.panama Nunca me voy a olvidar de ese martes. No por el café que se me derramó en la blusa blanca ni porque olvidé mandar el permiso firmado del paseo de mi hija. Ese martes, mientras me bañaba, sentí algo extraño en mi pecho. Un bulto pequeño. “Seguramente hormonal”, pensé. Pero algo en mí se encendió, ese instinto que todas tenemos, especialmente las mamás, cuando algo no está bien. Me hice los exámenes. Traté de no entrar en pánico, pero cuando el médico dijo la palabra “cáncer”, sentí que el mundo se apagaba por unos segundos. Tenía 44 años, tres hijos, una vida corriendo de aquí para allá. No sabía si tenía permiso de detenerme. Pero la vida me obligó. Me puso freno de emergencia a la carrera de velocidad con la que venía viviendo mi vida. Lloré. Claro que lloré. En silencio, en la ducha, en el carro. Me puse brava con Dios y le pregunté mil veces, ¿por qué a mí? Pero también respiré profundo y me dije: “Esto lo voy a pelear con la misma fuerza con la que he parido, criado, amado y sostenido a mi familia. Como una mamá… con todo”. Empezaron las quimios, las idas al hospital, los días en los que el cuerpo no me respondía. Perdí el cabello, pero gané otra mirada sobre la vida. Mis hijos me ayudaban a escoger pañuelos coloridos. Mi esposo me repetía que hasta sin pelo me veía hermosa. Y mi hija, un día, me abrazó fuerte y me dijo: “Mami, tú eres una campeona”. En ese momento supe que sí… lo era. Nunca dejé de ser mamá, aunque el cuerpo a veces no me acompañara. Seguía ayudando con tareas, contando cuentos y riéndome, aunque todo doliera. No fui valiente todos los días, pero fui persistente. Y aprendí que esto también es coraje. Hoy puedo decirlo: soy sobreviviente. Pero más que eso, soy alguien que renació. Volví a vivir, pero diferente. Más atenta, más agradecida, más consciente. Ahora celebro cada café sin interrupciones, cada abrazo, cada tarde sin dolor. Y, sobre todo, aprendí algo que quiero compartirte a ti que estás leyendo esto mientras corres entre el trabajo, la casa, la lonchera y las reuniones de la escuela. No te olvides de ti. No pongas tu salud en la lista de pendientes eternos. Hazte el autoexamen. Pide esa cita médica. Pregunta. Insiste. No tengas miedo de saber si hay algo, porque saberlo hoy es la posibilidad de actuar a tiempo. La prevención me dio una segunda oportunidad. Y eso no lo digo solo como sobreviviente, lo digo como mamá. Porque mis hijos me necesitan viva, fuerte, completa. Y eso empieza por cuidarme. Si algo me dejó esta experiencia, es que la vida no se detiene, pero sí nos da pausas para despertar. Yo no quería que me pasara nada, pero me pasó. Y hoy entiendo que no fue para detenerme, sino para reconfigurarme. Querida supermamá: la Cinta Rosada es solo un símbolo. El verdadero poder está en escucharte, cuidarte y elegirte; porque cuando tú estás bien, todo florece a tu alrededor. El día que la vida me dio una segunda oportunidad

RkJQdWJsaXNoZXIy MTc3NzU1MA==