4B La Prensa Panamá, jueves 7 de mayo de 2026 Escanea el código QR para más contenido en Ellas.pa. ‘El Corsario’: el gran estreno del Ballet Nacional Por primera vez en la historia del Ballet Nacional de Panamá, la compañía presentará El Corsario, una de las grandes obras del repertorio clásico internacional, desde hoy, 7 de mayo, hasta el sábado 9. Estrenado en 1856 en la Ópera de París, este ballet narra la historia del corsario Conrad y su intento por rescatar a Medora, una joven secuestrada y vendida en un harén. “Presentar por primera vez El Corsario en su versión completa representa para el Ballet Nacional de Panamá un paso histórico y estratégico. Esta decisión responde al compromiso Estrenado en 1856 en la Ópera de París, este ballet narra la historia del corsario Conrad y su intento por rescatar a Medora, una joven secuestrada y vendida en un harén. Cortesía de seguir ampliando el repertorio de la compañía con grandes obras del ballet clásico universal que aún no habían sido realizadas en el país”, afirmó Carla Lozano, coordinadora artística y de producción del ballet nacional. Con este estreno, la compañía busca alinearse con el reto de proyectarse internacionalmente, añadió la también bailarina. Orquesta en vivo El proyecto cuenta con el acompañamiento de la Orquesta Filarmónica de Panamá, dirigida por el maestro invitado Valery Ovsyanikov. “Para cualquier compañía profesional de ballet, bailar junto a música y orquesta en vivo representa siempre un privilegio y una experiencia de gran valor artístico”, reflexionó Lopor Diana Fernández [email protected] zano, destacando que es una oportunidad única para los bailarines, dado que el maestro Ovsyanikov ha trabajado con compañías de altísimo nivel internacional, incluyendo el histórico Mariinsky Ballet. Elenco y coreografía La puesta en escena, cuya duración es de dos horas, involucra a 55 bailarines del Ballet Nacional junto a un grupo de aspirantes dirigidos por Sasa Adamovic y con coreografía del maestro David Makhateli, ex bailarín principal de la compañía inglesa Royal Ballet. “Los aspirantes del Ballet Nacional de Panamá están conformados por jóvenes de distintas edades, procesos y realidades formativas. Estos jóvenes suelen convertirse en la primera línea de consideración para cubrir roles itinerantes, reemplazos y oportunidades de participación dentro de determinadas producciones”, explicó Lozano. El montaje de El Corsario se extendió por aproximadamente cinco meses, según indicó la coordinadora artística, organizado en torno a las visitas del coreógrafo Makhateli. “Desde diciembre, el maestro visitó Panamá en varias ocasiones para desarrollar el montaje junto al Ballet Nacional de Panamá”. Posterior a sus visitas, el trabajo continuó con un asistente del coreógrafo que llegó en febrero para dar seguimiento al montaje, limpieza coreográfica y continuidad de los ensayos. Finalmente, Makhateli regresó para cerrar toda la parte artística y escénica, incluyendo ensayos en teatro, ajustes finales y detalles de interpretación y producción. Más de 170 piezas de vestuario Los bailarines utilizarán más de 170 vestuarios completamente nuevos, uno de los grandes retos de la producción, destacó Lozano. El Ballet Nacional de Panamá cuenta con su propio equipo de diseñadores y costureros; sin embargo, para esta producción también se integraron diseñadores externos especializados en vestuario de ballet, dirigidos por María Elena Jiménez, encargada y jefa técnica de la producción. Proyección internacional Para Lozano, el impacto de una producción como El Corsario responde al objetivo principal del Ballet Nacional de Panamá: fortalecer su crecimiento artístico y su posicionamiento nacional e internacional. “Realizar espectáculos de esta magnitud amplía y robustece el repertorio clásico de la compañía, eleva el nivel de sus artistas y fortalece el currículum institucional del Ballet Nacional como una compañía capaz de asumir grandes títulos del repertorio universal”, concluyó. Boletos disponibles en Panatickets.com El proyecto cuenta con el acompañamiento de la Orquesta Filarmónica de Panamá. por Libro Albedrío ¿Mal libro o mala edición? “Muchos años después, mientras enfrentaba el pelotón de fusilamiento, el Coronel Aureliano Buendía recordaría aquella tarde distante cuando su padre lo llevó a descubrir el hielo”. Este inicio de Cien años de soledad, suena raro, desajustado, como que algo no cuadra. Y tiene usted razón, pues no estoy citando lo que escribió Gabriel García Márquez, sino interpretando una versión en inglés. Al traducirla al inglés, algunas palabras del español se pierden, naturalmente, y al volver a traducirlas al español, se nota mucho más. El ejercicio es un poco exagerado, pero ilustra perfectamente la importancia de una buena traducción. Hace poco me apareció en redes un video de un chico que comparaba párrafos de Carta al padre, de Franz Kafka, y la diferencia entre ediciones era inmensa. Mientras que uno tenía un ritmo dinámico y sencillo, el otro estaba adornado con expresiones extrañas, palabras rimbombantes y quebrados por comas innecesarias que dañaban la experiencia. Hay dos casos muy particulares de traducciones que cambian el carácter entero de un libro: El extranjero, de Albert Camus. En el francés original, la obra se llama L’Étranger. Su traducción puede ser, obviamente, el extranjero. Pero también puede traducirse como el extraño, que describe aún con mayor precisión la alienación de su protagonista. Incluso, la versión en inglés de esta novela es The stranger, cuya única traducción es, en efecto, el extraño. El otro caso es más una suposición. Otro creador de contenido al que sigo analizó un posible planteamiento del libro Hamnet. De acuerdo con su análisis, Agnes (o Anne Hathaway como también se le conoce), la esposa de Shakespeare, le reclama por no estar en un momento clave de la trama. Lo que abre la posibilidad de que “to be or not to be”, traducida siempre como ser o no ser, pudo haber significado estar o no estar, que le da un giro inesperado a la eterna duda existencialista. Si bien la calidad de la traducción es quizás lo más importante al escoger una edición, también hay otras cosas que influyen. Hace poco me entró una urgencia inexorable por leer El idiota, de Dostoyevski. La única copia que encontré en Panamá costaba casi $40, así que opté por comprar una versión de segunda en internet. Cuando abrí el paquete descubrí un libro más parecido a un texto escolar de química que a una obra literaria. Era inmenso, sin márgenes y escrito en Times New Roman. No es la primera vez en que la edición me obstaculiza una obra. La primera vez que leí Cien años de soledad, décadas atrás, no llegué siquiera a la mitad. Para empezar, no tenía árbol genealógico. Pero lo peor es que tenía la letra tan minúscula que era un libro de 200 páginas cuando la mayoría de las ediciones de esta obra rondan 400 páginas. También existen los casos opuestos, en que las ediciones son visualmente atractivas, con buena tipografía y un diseño de portada espectacular. Pero quizás la traducción no sea la mejor o se tomen algunas “licencias” al editar el texto. Al final, de esto también se trata leer, de la aventura de encontrar buenas ediciones, malas ediciones, libros que te cambian, que te generan una reflexión profunda, que te hacen reír, o que abandonas a mitad de camino. Leer es arriesgarse. ////////// Recomendaciones de la semana - Hamnet, de Maggie O’Farrell - El extranjero, de Albert Camus * Los autores son los periodistas Luis Burón y Octavio Colindres, creadores de la columna Libro Albedrío.
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