7A La Prensa Panamá, sábado 4 de abril de 2026 La opinión de Hilde Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. y a descubrir lo sagrado en lo cotidiano. En Panamá, esa mirada nos conduce tanto a las comarcas como a la ciudad, donde la necesidad adquiere otros rostros, pero la misma dignidad. Ver a Cristo en los pobres no significa romantizar la pobreza ni aceptarla como inevitable. Al contrario, implica un compromiso activo con la justicia y la dignidad humana. En las comarcas, donde hay niños sin escuelas adecuadas o comunidades sin puentes que conecten sus vidas con oportunidades, la ausencia del Estado se convierte en una herida visible. Cada niño que camina largas distancias para aprender representa no solo una deuda social, siLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Patrimonialismo, poder y límites: a lo panameño Estado de Derecho ma de ejercer el poder como extensión del patrimonio personal del gobernante. En este modelo, el Estado y la administración pública se confunden con la esfera privada del líder, y los recursos públicos se gestionan como bienes personales. La autoridad se legitima por la tradición y por vínculos de lealtad personal, más que por normas impersonales y racionales propias del Estado moderno. El neopatrimonialismo adapta este esquema a contextos contemporáneos donde coexisten instituciones formales —elecciones, constituciones y burocracias— con redes informales de patronazgo. En estos regímenes, el poder se concentra en figuras personalistas, las normas se aplican selectivamente y las instituciones se instrumentalizan para sostener clientelas. No es una anomalía pasajera, sino una forma de organización del poder que se adapta y persiste incluso en democracias formales. Desde la teoría política normativa, MichaelWalzer,en Esferas de la justicia, aporta una clave esencial para comprender esta distorsión. Cada esfera social —la política, la economía o la justicia— debe regirTomás C. Alonso Sandoval Es Cristo que pasa Desigualdad En cada rincón de Panamá, en sus ciudades vibrantes y en sus comunidades más apartadas, hay una realidad que interpela la conciencia: la necesidad humana en sus múltiples formas. No siempre se presenta con estruendo ni con dramatismo visible; muchas veces se manifiesta en el silencio de un niño que no puede ir a la escuela, en la mirada cansada de un campesino que cruza un río sin puente, o en la incertidumbre de una familia que no sabe si tendrá alimento al día siguiente. Es ahí, precisamente ahí, donde muchos creyentes reconocen una verdad profunda: “es Cristo que pasa”. La fe cristiana enseña que Jesús continúa presente en el rostro del prójimo, especialmente en el más vulnerable. Esta convicción invita a mirar más allá de lo evidente sentir compasión; es necesario actuar: exigir mejores políticas públicas, apoyar iniciativas que generen empleo, mejorar el acceso a la salud y garantizar educación digna para todos. Pero también implica gestos cotidianos: mirar al otro con respeto, no ignorar al que pide ayuda, entender que cada persona tiene una historia que merece ser escuchada. El panameño de a pie, ese que madruga, que lucha, que sueña en medio de dificultades, es también rostro de Cristo. En su esfuerzo diario hay una lección de resiliencia, pero también un reclamo silencioso de justicia. No puede ser invisible. No debe ser ignorado. La grandeza de una nación no se mide solo por sus edificios o su economía, sino por la forma en que trata a los más vulnerables. Panamá tiene la oportunidad de reconocerse en sus contrastes y decidir qué camino tomar. Ignorar el paso de Cristo en los necesitados es perpetuar la indiferencia; reconocerlo es dar el primer paso hacia una sociedad más justa. “Es Cristo que pasa” no es solo un título; es una invitación constante: detenerse en medio del ritmo acelerado, mirar con atención, escuchar con el corazón y actuar con responsabilidad. EL AUTOR es trabajador independiente. EL AUTOR es abogado, docente y doctor en Derecho. tor logístico y financiero desarrollado— con vulnerabilidades institucionales. Esa centralidad convierte las decisiones sobre infraestructura y concesiones en puntos críticos donde confluyen intereses políticos y económicos, lo que puede impulsar el desarrollo o, por el contrario, reproducir redes clientelares. Los recientes conflictos en torno a concesiones estratégicas y procesos judiciales por presunto enriquecimiento ilícito han evidenciado la fragilidad de los mecanismos de transparencia cuando las reglas se aplican de forma selectiva. La sociedad civil y los medios han sido clave para visibilizar estas tensiones, pero, sin instituciones independientes, protección a denunciantes e investigaciones imparciales, las iniciativas anticorrupción corren el riesgo de convertirse en instrumentos de control político. Romper estas dinámicas exige separar con claridad lo público de lo privado, profesionalizar la administración mediante criterios meritocráticos, fortalecer los órganos de control y garantizar transparencia efectiva en la gestión de recursos estratégicos. Comprender el patrimonialismo y sus manifestaciones contemporáneas es indispensable para fortalecer el Estado de Derecho y asegurar que las ventajas de Panamá se traduzcan en desarrollo inclusivo y sostenible, y no en la perpetuación de redes de poder que limitan la competencia, la innovación y la justicia. En política, un gobernante debe rodearse de personas más preparadas y capaces que él: profesionales con formación sólida, inteligencia y, sobre todo, con la valentía de expresar opiniones contrarias cuando corresponda. No se trata de acumular respaldos acríticos, sino de convocar voces sinceras y bien fundamentadas. Quien ejerce el poder necesita límites claros que su equipo recuerde y respete; debe huir de la adulación y acercarse a quienes lo mantengan con los pies en la tierra, dispuestos a disentir y conscientes de que la política es un servicio público, no un medio para servirse. Los panameños hemos vivido bajo una clase política que oscila entre la plutocracia consolidada y el patrimonialismo endémico, una realidad tan frecuente que a veces se confunde con el éxito empresarial de los gobernantes de turno. No debe equipararse al empresario que crea empleo mediante su esfuerzo con quien prospera gracias a un cargo público, sin ética ni escrúpulos. Esta confusión no es solo moral, sino estructural, y afecta directamente la calidad de la democracia y del Estado de Derecho. El patrimonialismo, concepto clásico desarrollado por Max Weber, describe una forEl panameño de a pie, ese que madruga, que lucha, que sueña en medio de dificultades, es también rostro de Cristo. En su esfuerzo diario hay una lección de resiliencia, pero también un reclamo silencioso de justicia. No puede ser invisible. No debe ser ignorado. Ítalo A. Barrera Rodríguez Los panameños hemos vivido bajo una clase política que oscila entre la plutocracia consolidada y el patrimonialismo endémico, una realidad tan frecuente que a veces se confunde con el éxito empresarial de los gobernantes de turno. se por criterios propios y no ser colonizada por lógicas ajenas. Cuando el poder político se convierte en una vía para obtener ventajas económicas, se rompe esa separación y se generan formas de dominación injustas. Esta perspectiva permite distinguir con claridad entre el empresario que prospera por innovación y competencia, y aquel que utiliza el cargo público como palanca de enriquecimiento personal, vaciando de contenido la función pública. La informalidad, lejos de ser un simple defecto organizativo, puede convertirse en una estrategia deliberada de reproducción del poder. Al operar fuera de las reglas formales, el patrimonialismo se refuerza mediante la opacidad y la discrecionalidad, demostrando que no es una forma arcaica de gobierno, sino un patrón persistente y adaptativo. En esta línea, Francis Fukuyama, en Political Order and Political Decay, explica que el crecimiento económico y la modernización institucional no garantizan la superación de prácticas patrimoniales. Muchos Estados pueden crecer mientras mantienen estructuras de poder capturadas por élites políticas y económicas, especialmente cuando los mecanismos de control no evolucionan al mismo ritmo que la economía. La corrupción y el clientelismo, en estos casos, no son anomalías, sino síntomas de un orden político incompleto, donde las instituciones existen pero carecen de autonomía real. Panamá combina ventajas estratégicas —su posición geográfica, el Canal y un secno también una presencia que interpela: “es Cristo que pasa”. También está en el corazón de la ciudad, en el panameño de a pie que enfrenta el día con esfuerzo y dignidad. Está en la persona que no tiene trabajo y recorre calles dejando hojas de vida sin respuesta, cargando no solo la necesidad económica, sino el peso de la incertidumbre. Está en el vendedor de verduras en un semáforo, que, bajo el sol o la lluvia, intenta ganarse honestamente el sustento, esperando que alguien se detenga no solo a comprar, sino a reconocer su humanidad. “Es Cristo que pasa” también en el anciano que no encuentra sus medicinas, que hace filas interminables por salud. En su fragilidad se refleja una sociedad que muchas veces olvida a quienes más han dado. Su necesidad no es solo material; es también un llamado a la empatía, al cuidado y a la responsabilidad colectiva. Panamá ha crecido; sin embargo, ese progreso no ha sido equitativo. La desigualdad sigue marcando profundas diferencias entre quienes tienen acceso a oportunidades y quienes luchan cada día por sobrevivir. Es en esa brecha donde la expresión “es Cristo que pasa” adquiere un significado urgente. No es una frase piadosa sin consecuencias; es una llamada a despertar. Reconocer a Cristo en el necesitado exige una respuesta concreta. No basta con Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. 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