Bienvenido suscriptor
Perfil Cerrar sesión
Iniciar Sesión
Registro

prensa_2026_03_30

10A La Prensa Panamá, lunes 30 de marzo de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. nos reducían la velocidad como si esperaran una trampa. En Panamá, el orden no siempre tranquiliza; a veces, inquieta. En las instituciones públicas, la situación se volvió aún más delicada. Los ciudadanos llegaron con sus documentos completos, formularios llenos y una actitud poco habitual: querían hacer el trámite correctamente. Nadie insinuó “resolver por fuera”. Nadie aceptó atajos. El sistema, acostumbrado a sobrevivir en la flexibilidad, tuvo que enfrentarse a la exigencia de funcionar según sus propios principios. No falló de inmediato: se evidenció. En las escuelas ocurrió el gesto más radical de todos. Los docentes llegaron puntuales, desarrollaron sus clases y, en un movimiento cuidadosamente coherente, decidieron no hacer nada más. No hubo rifas, ni ventas, ni colectas improvisadas. Nadie sacó dinero de su bolsillo para cubrir lo que nunca llegó desde donde debía. La jornada transcurrió con aparente normalidad… hasta que dejó de serlo. Lo que antes se resolvía en silencio comenzó a hacerse visible. No como crisis, sino como evidencia. Porque cuando el sacrificio deja de Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. El mercado laboral y sus consecuencias en el crecimiento económico Capital humano Dentro de los modelos de crecimiento económico, el capital humano ocupa un papel fundamental, especialmente cuando se combina con el uso de bienes de capital (maquinaria, equipo, infraestructura) y tecnología. Sin una fuerza laboral preparada, ninguna economía puede sostener su crecimiento en el largo plazo. A pesar de que algunos niegan la importancia del crecimiento económico, los datos muestran lo contrario: los países que más crecen tienden a ser menos desiguales, porque más personas logran integrarse al proceso productivo. Además, el crecimiento permite ampliar el acceso a servicios públicos —agua, energía, telecomunicaciones—, mejorar la eficiencia en el uso de recursos, elevar Universidades en la tormenta: llegar a tiempo o explicarse después Educación superior en casi todas las industrias. Lo que antes tomaba años aprender, hoy puede resolverse en minutos con una herramienta bien utilizada. Pero el desafío más complejo no es tecnológico. Es cultural. Estamos frente a una generación que aprende distinto, que consume información de manera fragmentada y que ha reducido drásticamente su capacidad de sostener la atención en procesos largos. Y aquí aparece una pérdida silenciosa que debería preocuparnos más de lo que estamos dispuestos a admitir: la dificultad de dedicar tiempo a aprender en profundidad para luego transformar ese aprendizaje en creación. No es que los estudiantes no quieran aprender. Es que el mundo en el que están creciendo les está enseñando otra lógica. Y, al mismo tiempo, quienes enseñamos tampoco tenemos completamente claro hacia dónde va ese mundo. La universidad, en ese sentido, está reflejando algo más grande: un sistema global que también está intentando entenderse a sí mismo. Economías tensionadas, gobiernos conteniendo el gasto, escenarios políticos inestables y un orden internacional que ya no responde a las reglas de hace una década. En ese contexto, la educación superior deja de ser un espacio protegido y pasa a ser un sisAdriana Angarita El día que Panamá decidió portarse mal (y hacer lo correcto) Valores No hubo anuncio oficial. Ninguna autoridad lo anticipó. Sin embargo, ocurrió:Panamáamaneciórebelde.Nose trató de una rebelión visible. Nadie salió corriendo a las calles ni se interrumpió el tráfico con consignas. Fue, más bien, una insurrección silenciosa, casi imperceptible, pero profundamente incómoda: el país decidió, sin ponerse de acuerdo, dejar de colaborar con lo que siempre ha funcionado… solo lo suficiente. El primer síntoma apareció en las calles. Los conductores, en un acto cercano a la imprudencia colectiva, comenzaron a respetar las normas. El tráfico no desapareció, pero adquirió una cualidad extraña: dejó de ser un campo de interpretación libre. Alguser rutina, la carencia deja de ser discreta. En los centros de salud, la rebelión tomó una forma aún más incómoda: la precisión. Los pacientes preguntaban, no por desesperación, sino por claridad. Querían entender procesos, tiempos y decisiones. Y en ese pequeño gesto, el sistema empezó a desajustarse. No había caos. Había preguntas. Y las preguntas, cuando se sostienen, desordenan más que cualquier protesta. En materia de seguridad, el cambio fue sutil, pero profundo. La gente dejó de normalizar lo que antes se asumía. No hubo paranoia, hubo atención. Y cuando una sociedad presta atención, lo que antes era paisaje empieza a adquirir forma. Desde una perspectiva como la de Immanuel Kant, lo ocurrido no era una ruptura, sino una corrección: actuar conforme al deber, no a la costumbre. Pero en Panamá, esa coherencia tuvo un efecto inesperado. El país no colapsó. Se desacomodó. Ese desacomodo fue suficiente para revelar algo que siempre estuvo ahí: en gran medida, Panamá no funciona por diseño, sino por compensación. Cada quien resuelve un poco. Opinión EL AUTOR es miembro de la Fundación Libertad. LA AUTORA es profesora de filosofía. LA AUTORA es especialista en innovación educativa y transformación institucional- CEO de SénecaLab. José Jauregui tema observado. Evaluado. Cuestionado. Y aquí aparece una conversación que todavía evitamos, pero que empieza a ganar espacio: la de la productividad de la educación superior. No desde la crítica fácil, sino desde una preguntalegítima:¿quétanbienestamos preparando a nuestros estudiantes para el mundoquerealmentevanaenfrentar? En América Latina —y particularmente en economías como la panameña, fuertemente basadas en servicios y comercio— esta pregunta es aún más urgente. Muchas de las tareas que hoy sostienen el empleo tienen un alto riesgo de ser automatizadas en el corto plazo. Y, sin embargo, seguimos formando bajo supuestos que no han cambiado al mismo ritmo que el entorno. Aquí es donde, desde mi experiencia, veo el punto más crítico. No es solo que debamos cambiar lo que enseñamos. Es que necesitamos cambiar cómo estamos entendiendo la educación. Durante años hemos repetido que la región tiene una oportunidad histórica para usar la tecnología y transformar sus sistemas educativos. Hoy, esa afirmación empieza a perder En los últimos años he tenido la oportunidad de escuchar, comparar y observar lo que está ocurriendo en la educación superior a lo largo de América Latina. Desde Innkind FIEd, donde monitoreamos conversaciones, decisiones y tensiones del sector en distintos países, hay una sensación que se repite con demasiada frecuencia: las universidades saben que el mundo cambió, pero no terminan de saber cómo responder a ese cambio. No es falta de intención. Tampoco es falta de talento. Es, más bien, la acumulación de varias transformaciones que están ocurriendo al mismo tiempo y que están desbordando los ritmos tradicionales de la educación. Por un lado, la inteligencia artificial ya no es un tema de futuro. Es presente. Está en manos de los estudiantes, en los procesos productivos y en la forma en que se genera valor Indhira Londoño fuerza. No porque la oportunidad haya desaparecido, sino porque seguimos tomandodecisionescomosielcontextonohubieracambiado. Educación, datos y desarrollo siguen avanzando por carriles separados. Y, mientras eso ocurra, la conversación sobre calidad seguirá siendo, en gran medida, declarativa. Porque no basta con decir que estamos formando bien. Hay que poder demostrarlo. Hay que poder medirlo. Y, sobre todo, hay que usar esa información para decidir mejor. No se trata de señalar responsables. Se trata de asumir que estamos en un punto de inflexión. Uno en el que la universidad puede redefinir su rol o dejar que otros lo redefinan por ella. No desde el conflicto, sino desde la irrelevancia. Porque el cambio ya está en marcha. La tecnología ya está en uso. Los estudiantes ya están aprendiendo de otramanera. La pregunta es si la universidad va a ser protagonista de esa transformación o si va a llegar tarde a explicarla. Y, en este contexto, llegar tarde no es una opción inocua. Es una decisión. Cada quien cubre lo que falta. Cada quien adapta lo que no encaja. Y en ese “un poco”, el todo se sostiene… hasta que alguien decide dejar de sostener. Al final del día, no hubo titulares alarmantes. No se habló de crisis ni de ruptura. Sin embargo, algo había cambiado. No en las estructuras. No en las normas. Sino en la relación con ellas. Porque cuando una sociedad deja de hacer más de lo que le corresponde, no está fallando. Está delimitando. Y delimitar no destruye: aclara. Quizás, al día siguiente, todo vuelva a la normalidad. Quizás el hábito recupere su lugarylacostumbrevuelvaacubrirloque incomoda. Pero una vez que algo se ha visto con claridad, ya no se puede desver del todo. Y eso, aunque parezca pequeño, es suficiente para empezar. En Panamá, la rebeldía más peligrosa no sería hacer ruido. Sería hacer exactamente lo correcto. la calidad ambiental y aumentar la esperanza de vida. En síntesis, el crecimiento económico no es un fin en sí mismo, pero es la condición necesaria para mejorar todos los indicadores sociales. Panamánecesitamanteneresedinamismo si aspira a ingresar al grupo de países desarrollados.Sinembargo,elactualproblema de empleabilidad y capital humano amenaza con truncar ese objetivo. Aunque el país aún no enfrenta una crisis demográfica, sí sufre las consecuencias de una educación pública deficiente y centralizada, que controla más del 80% de la enseñanza primaria y secundaria. Un sistema que, en lugar de preparar para el futuro, parece anclado en el pasado. A este problema estructural se suma otro: la burocracia estatal. Gobierno tras gobierno, se han multiplicado los trámites, regulaciones y proteccionismos. Un ejemplo claro es la gran cantidad de carreras protegidas y una política migratoria poco atractiva, que obstaculiza la llegada de talento y capital humano extranjero. Este exceso de burocracia le cuesta al país más de 4 mil millones de dólares anuales, generando un intervencionismo tan asfixiante que ha provocado que muchas empresas cierren, se muden al exterior o desistan de invertir. Los costos de formalizar una empresa o contratar personal son tan elevados que Panamá ha dejado de ser un destino atractivo para hacer negocios. Las consecuencias ya son visibles. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), para septiembre de 2025, el país registraba un desempleo del 10.4% y una informalidad del 47.1%. De los desempleados, el 44.5% son jóvenes entre 15 y 24 años, precisamente quienes deberían estar construyendo la nueva generación productiva. Contratar a un joven recién graduado se ha vuelto costoso y riesgoso en una economía estancada. Lo más preocupante es que el 70% de los desocupados tiene estudios secundarios o universitarios; es decir, estamos educando jóvenes para el desempleo. Ante la falta de oportunidades, muchos terminan en el sector informal, donde los ingresos son bajos e inestables. En 2024, el ingreso promedio de un trabajador informal fue de 600 dólares mensuales, pero el 17% gana menos de 100 dólares, y solo un 1.3% supera los 1,500. Además, la informalidad implica la ausencia de contrato, cotización para pensión, acceso al crédito o estabilidad laboral. Es, en resumen, una trampa de pobreza. Panamá atraviesa un mercado laboral enfermo, con síntomas evidentes: desempleo juvenil, informalidad creciente, pérdida de productividad y fuga de talento. Y si el país no actúa con decisión, se arriesga a perder su ventana de oportunidad demográfica y su capacidad de sostener el crecimiento. El crecimiento económico no depende solo de las cifras del PIB, sino de la calidad de las instituciones, la libertad económica y la fortaleza del capital humano. Urge una reforma educativa, laboral y regulatoria que devuelva al mercado panameño su dinamismo y competitividad. De lo contrario, seguiremos viendo cómo un país con tanto potencial se estanca por decisiones políticas que prefieren el control al progreso, y el proteccionismo a la libertad. Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón † Sudy S. de Chassin Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Gerente General

RkJQdWJsaXNoZXIy MTUxNDg2MA==