Bienvenido suscriptor
Perfil Cerrar sesión
Iniciar Sesión
Registro

prensa_2026_03_23

6A La Prensa Panamá, lunes 23 demarzo de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. El mismo informe advierte que estas interrupciones podrían traducirse en mayores niveles de informalidad laboral, deterioro del empleo juvenil y una caída proyectada de hasta 28% en los ingresos a lo largo de la vida para las generaciones más afectadas. Lo que hoy parece una crisis educativa terminará reflejándose mañana en mayores desigualdades económicas. Luego de más de veinte años trabajando en el sector social, y desde distintos espacios para aportar a la mejora de la educación en Panamá, una conclusión se vuelve cada vez más clara: no existe una solución única para un problema tan complejo como lo es la educación de calidad. Pero sí existen herramientas que han demostrado su capacidad de transformar vidas. Una de ellas son las becas educativas basadas en mérito. Cuando un estudiante con talento accede a una educación de calidad, su horizonte cambia. No solo aprende más; también amplía su visión del mundo y comienza a imaginar un futuro distinto. Las becas no son simplemente apoyo financiero. Son una señal poderosa de reconocimiento al esfuerzo. Le dicen a un joven que su dedicación tiene valor y que su talento merece una oportunidad. Cuando estas becas se acompañan de orientación y seguimiento, su impacto es aún mayor. Se convierten en verdaderos instrumentos de movilidad social. Seis años de educación secundaria en un entorno académico exigente, con acceso a actividades extracurriculares, nuevos idiomas y experiencias formativas diversas, pueden transformar profundamente la trayectoria de un estudiante. He tenido la oportunidad de ver esto de cerca. Jóvenes provenientes de entornos vulnerables o de familias con limitaciones económicas que obtuvieron una beca hoy son profesionales, dominan más de un idioma, contribuyen al desarrollo del país y han logrado que sus familias den un salto hacia Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. ‘La riqueza de las naciones’, 250 años después: libertad y mercado Pensamiento económico concepto de orden espontáneo. Para Smith, la prosperidad no surge de la planificación estatal, sino de la interacción libre entre individuos que buscan mejorar su propia condición. La división del trabajo —ilustrada con su célebre ejemplo de la fábrica de alfileres— permite una expansión sin precedentes de la productividad y del mercado. Cada individuo, al especializarse, contribuye a un sistema mucho más amplio que nadie diseñó completamente. Sin embargo, y aquí radica una de las lecturas más ricas y actuales de su obra, Smith no confiaba ciegamente en los actores del mercado. Por el contrario, era profundamente escéptico respecto al comportamiento de los comerciantes cuando estos actuaban en grupo. En una de sus observaciones más citadas, advierte que “las personas del mismo oficio rara vez se reúnen, incluso con fines sociales, sin que la conversación termine en una conspiración contra el público o en algún acuerdo para subir precios”. ¡No hay nada nuevo bajo el sol! Esta afirmación revela a un Smith muy distinto del caricaturizado defensor irrestricto del capitalismo. Su preocupación central no era el mercado en sí, sino su corrupción a través de privilegios, monopolios y colusión. Criticaba duramente a los gremios, las compañías privilegiadas y cualquier forma de captura del Estado por intereses particulares. En su visión, el verdadero enemigo de la prosperidad no era el comercio, sino su manipulación en beneficio de unos pocos. Otro aspecto menos conocido, pero igualmente relevante, es su reflexión sobre la educación. Smith reconoce que la misma división del trabajo que impulsa la riqueza puede tener efectos negativos sobre el individuo. El trabajador sometido a tareas repetitivas pierde la capacidad de desarrollar plenamente sus facultades intelectuales. Se vuelve, en sus palabras, “tan estúpido e ignorante como es posible que una criatura humana llegue a ser”. Frente a este riesgo, Smith propone una solución sorprendentemente moderna: la Roberto Brenes Cuando el talento encuentra su oportunidad Movilidad social En Panamá, aún enfrentamos el desafío de asegurar que todos los jóvenes tengan las mismas oportunidades para desarrollar su potencial. Hay estudiantes con talento, disciplina y grandes sueños que, sin embargo, encuentran más obstáculos en su camino educativo que otros. No por falta de capacidad, sino por las circunstancias que los rodean, principalmente la situación económica de su familia. Como país, tenemos la responsabilidad de reducir esas brechas y abrir más puertas, para que sean el esfuerzo y el talento los que definan el futuro de nuestros jóvenes y no sus limitaciones económicas. Las cifras lo confirman. Según el informe Un sexenio perdido (2025), elaborado por Jóvenes Unidos por la Educación y la Fundación para el Desarrollo Económico y Social de Panamá (FUDESPA), el país perdió 490 días de clases entre 2020 y 2025, lo que equivale a más del 40% del tiempo lectivo de secundaria. Más de 800 mil estudiantes se vieron afectados por esta interrupción prolongada. Pero más allá de las cifras, las consecuencias no fueron iguales para todos. Mientras miles de estudiantes del sistema oficial vieron interrumpido su aprendizaje, muchos colegios particulares lograron continuar su calendario académico, ya fuera de forma presencial o virtual; estos también se vieron afectados, pero en menor medida. El impacto de esta pérdida de aprendizaje va mucho más allá de lo académico. una mayor estabilidad económica. Y, quizás lo más importante, se convierten en ejemplos cercanos para hermanos, primos y vecinos, fortaleciendo la aspiración de progresar a través de la educación. En Panamá, no todos los jóvenes que culminan la educación media acceden a la educación superior y, quienes lo logran, no necesariamente la completan. Esta realidad se traduce en menores ingresos a lo largo de la vida para miles de jóvenes cada año. En este contexto, las oportunidades educativas adquieren un valor aún mayor, al convertirse en un factor determinante de movilidad y desarrollo. Con esta convicción, la Fundación Sus Buenos Vecinos de Banco General ha impulsado durante más de quince años un programa integral de becas. Hoy, 243 jóvenes han completado su educación secundaria en colegios particulares de reconocida trayectoria gracias a este esfuerzo. Provienen de escuelas oficiales y muchos de familias con ingresos limitados. La gran mayoría ha continuado estudios universitarios en Panamá o en el extranjero, muchas veces gracias a nuevas becas obtenidas por mérito propio. Recientemente, el programa se ha ampliado para incluir becas universitarias en el extranjero, con estudiantes en instituciones como el Tecnológico de Monterrey y la Universidad de los Andes. Los resultados comienzan a hacerse visibles: jóvenes profesionales que trabajan en empresas locales e internacionales, emprendedores que buscan abrirse camino y ciudadanos comprometidos con el desarrollo del país. Iniciativas de este tipo reflejan cómo el acceso a oportunidades educativas puede incidir directamente en la movilidad social y en la construcción de un país más equitativo. Este mes se abre la convocatoria para estudiantes que cursarán séptimo grado en 2027, cuyas bases pueden ser consultadas en la página web de la fundación. El proceso forma parte de los esfuerzos por ampliar el acceso a oportunidades educativas para jóvenes con talento en el país. Porque cuando el talento encuentra una oportunidad, no solo cambia la vida de un estudiante. Cambia también el futuro del país. Opinión LA AUTORA es presidenta de la Fundación Sus Buenos Vecinos. EL AUTOR es miembro de la Fundación Libertad. provisión de educación básica accesible para la población. No se trata de un sistema completamente estatal, sino de un esquema mixto en el que el Estado juega un rol importante en facilitar el acceso. La educación, en su visión, no solo mejora la productividad, sino que fortalece la cohesión social y la estabilidad política. Este punto es clave para entender la complejidad de su pensamiento. Smith no aboga por un Estado ausente, sino por uno limitado y enfocado en funciones esenciales: defensa, justicia, obras públicas y educación. Su liberalismo no es dogmático, sino pragmático. Reconoce tanto las virtudes del mercado como sus fallas. Después de 250 años de su publicación, La riqueza de las naciones sigue ofreciendo lecciones valiosas. En un mundo marcado por grandes corporaciones, mercados concentrados y debates sobre regulación, sus advertencias sobre la colusión y los privilegios resuenan con fuerza. Del mismo modo, su preocupación por los efectos sociales de la especialización laboral anticipa discusiones contemporáneas sobre automatización y capital humano. Quizás la mayor vigencia de Smith radica en su equilibrio. Entendió que la libertad económica es una fuente poderosa de progreso, pero también que requiere un marco institucional que limite sus excesos. En tiempos de polarización entre quienes idealizan el mercado y quienes desconfían de él, su obra ofrece una perspectiva más matizada: confiar en el sistema, pero nunca dejar de vigilar a sus actores. Finalmente, cuando uno ve el desastre de las economías estatizadas y el colapso de aquella idea loca de formar el “nuevo hombre soviético”, “cubano” o “venezolano”, me imagino al viejo Adam, con su gran amigo David Hume, mirando con asombro cómo el carnicero, el panadero y el cervecero llegaron a ser tan estúpidos para esperar todo del Estado. En 1776, en un mundo de monarquías, privilegios y comercio protegido, Adam Smith, un filósofo escocés, publica el 9 de marzo en Londres la obra Una indagación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. Con casi mil páginas en dos tomos y dividida en 6 libros, Smith examina los aspectos de la sociedad que promueven o inhiben la prosperidad, desde las actividades de comercio, producción y distribución hasta los sistemas agrícolas y educativos del mundo conocido. Doscientos cincuenta años después, su obra, mejor conocida como La riqueza de las naciones, sigue siendo una referencia obligada, no solo para economistas y planificadores, sino para cualquier interesado en cómo se organiza una sociedad libre. Mucha de la popularidad de la obra se ha caracterizado por una idea: cómo el interés privado, a todas luces egoísta, en una sociedad libre, acaba siendo una virtud pública al competir para servir al consumidor. “No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero ni del panadero que vamos a recibir nuestra cena, sino por el interés en su propio bienestar”, sentencia Adam Smith, para entonces y la posteridad. El libro es frecuentemente reducido a una idea simplificada: la famosa “mano invisible” y el “laissez-faire”. Sin embargo, Smith nunca propuso un mercado sin reglas ni una defensa ingenua de los intereses privados. Su proyecto era más ambicioso: explicar cómo una sociedad podía coordinar millones de decisiones individuales sin un diseño central y, al mismo tiempo, advertir sobre los riesgos inherentes a ese proceso. Uno de sus aportes fundamentales es el Vicky Alemán de Cordero Panamá: riqueza logística, pobreza en formación comercial Competitividad Panamá es, sin discusión, un país privilegiado. Contamos con puertos en ambos océanos, el Canal, un hub logístico de clase mundial, la Zona Libre de Colón, un centro bancario sólido y el dólar como moneda. Pocos países en la región tienen una plataforma tan completa para competir globalmente. Sin embargo, hay una paradoja evidente: mientras otras naciones con menos recursos estructurales han apostado por desarrollar su principal activo —su gente—, Panamá no ha logrado capitalizar plenamente el suyo. En distintos países, la formación comercial, el servicio al cliente y la cultura de ventas son pilares estratégicos para dinamizar el consumo interno, atraer inversión y fortalecer el turismo. Han entendido que una economía crece no solo por lo que tiene, sino por cómo su gente lo comunica, lo vende y lo representa. En Panamá, a pesar de ser un país esencialmente comercial y con una oferta turística envidiable, la formación en estas áreas sigue siendo limitada, dispersa o poco sostenida. Cuando existe capacitación, muchas veces carece de seguimiento, medición o compromiso por parte del liderazgo empresarial, lo que termina diluyendo su impacto. Formar sin dar continuidad es, en la práctica, desperdiciar tiempo y recursos. El reto no es solo capacitar, sino construir una estrategia país donde gobierno y empresa privada alineen esfuerzos para desarrollar habilidades comerciales, cultura de servicio y mentalidad competitiva en nuestra gente. Esto no solo impulsaría el consumo nacional e internacional, sino que generaría empleo y fortalecería sectores clave como el turismo y la logística. Panamá ya tiene la infraestructura. Lo que falta es potenciar, de forma intencional y sostenida, el talento humano. Porque, al final, el verdadero hub no es el Canal ni los puertos: es su gente. EL AUTOR es especialista en recursos humanos. Gustavo Figueroa Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón

RkJQdWJsaXNoZXIy MTUxMjQ5NQ==