8A La Prensa Panamá, domingo 15 de febrero de 2026 La opinión de Hilde Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. zación del Instituto Oncológico Nacional, un centro de referencia que representa el compromiso del país con la excelencia en la lucha contra el cáncer. Panamá ya ha dado pasos importantes en descentralización, y el reto ahora es profundizar estos esfuerzos para acercar el diagnóstico temprano a las comunidades del interior. Bajo una rectoría unificada, es posible fortalecer las capacidades regionales sin perder la cohesión y calidad que caracterizan al Instituto Oncológico. Hoy, la innovación en oncología se traLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Panamá envejece en silencio Políticas públicas mente, en una nota al pie del sistema. No existe una política integral que entienda al adulto mayor como sujeto creativo, productivo y pensante. Hay bonos. Hay programas asistenciales. Hay discursos bien intencionados. Pero no hay una visión. Porque pensar el envejecimiento no es solo hablar de salud o medicamentos. Es hablar de dignidad. Es hablar de participación. Es hablar de cultura, de lectura, de escritura, de conversación, de comunidad. Es preguntarse qué hacemos con toda esa memoria acumulada que camina por nuestras calles. Un país que no escucha a sus mayores es un país que desperdicia su propia experiencia. Nuestros adultos mayores no son únicamente personas que necesitan ayuda. Son portadores de historias, oficios, saberes, derrotas y aprendizajes. Son bibliotecas vivas. Son archivos emocionales de una nación construida a golpes de migración, esperanza y pérdida. Sin embargo, el sistema los trata como si ya hubieran terminado. Organismos regionales como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) vienen advirtiendo desde hace años que el envejecimiento poblacional exige rediseñar los sistemas de protección social, transformar los mercados laborales y crear políticas que reconozcan el valor económico y social de las personas mayores. La Cepal ha sido clara: una agenda de desarrollo sostenible en América Latina no puede construirse sin incorporar de manera seria esta realidad demográfica. Y, aun así, en Panamá —como en muchos países de la región— ese consenso técnico Henry Gorgona L. La innovación como respuesta urgente al cáncer en Panamá Salud El cáncer no es una estadística lejana en Panamá. Cada año, más de 1,000 mujeres son diagnosticadas con cáncer de mama; 900 hombres, con cáncer de próstata; más de 500 personas, con cáncer de piel; y más de 400, con cáncer de colon, según el Registro Nacional de Cáncer 2021. Detrás de cada diagnóstico hay una persona, una familia y un sistema de salud que enfrenta una presión creciente. La ciencia médica avanza a una velocidad sin precedentes. Panamá ha tomado decisiones valientes al apostar por la especialido los distintos actores del sistema trabajan de manera conjunta. Las alianzas entre gobierno, organizaciones de pacientes, academia e industria permiten compartir conocimiento y construir soluciones que hacen la diferencia entre sistemas que reaccionan y sistemas que anticipan. La innovación científica existe y la evidencia es clara. Avanzar requiere decisiones audaces que entiendan la salud no como un gasto, sino como una inversión estratégica que genera retornos medibles en productividad, bienestar social y desarrollo económico. Cada dólar invertido en salud es una apuesta por el capital humano de la nación. Panamá cuenta con el talento médico, la institucionalidad y los datos para lograrlo. Opinión EL AUTOR es gerente general Roche Pharma Caribe, Centroamérica y Venezuela. EL AUTOR es escritor, ensayista y gestor cultural. centivos reales para que el sector productivo aproveche la experiencia acumulada de quienes todavía tienen mucho que aportar. Se habla mucho de juventud —y con razón—, pero casi nada de vejez. Y eso revela una falla profunda: seguimos viendo el envejecimiento como un problema, no como una etapa con valor propio. Mientras tanto, muchos adultos mayores sobreviven más que viven. Ajustan gastos, reducen sueños, callan preocupaciones. Algunos todavía desean crear, enseñar, escribir y compartir. Pero no encuentran dónde. No encuentran cómo. No encuentran quién los convoque. La conversación pública gira alrededor del crecimiento económico, la transformación digital y la inversión extranjera. Todo eso importa. Pero también importa —y de manera urgente— qué hacemos con quienes construyeron el país que hoy administramos. Porque una nación no se mide solo por sus rascacielos ni por sus cifras macroeconómicas. Se mide por la manera en que trata a quienes ya dieron su tiempo. Panamá necesita empezar a pensar el envejecimiento como política de Estado, no como nota social. Necesita crear espacios reales para que los mayores sigan siendo parte activa del tejido cultural y comunitario. Necesita comprender que una vejez acompañada, creativa y digna no solo reduce costos sociales: fortalece vínculos y produce ciudadanía. No se trata de caridad. Se trata de visión. El país envejece. Eso es un hecho. La pregunta es si vamos a permitir que envejezca solo. No con estridencia ni con grandes titulares. Envejece despacio: en las filas del Seguro, en los bancos de los parques a media tarde, en los buses donde cada vez hay más cabellos blancos y menos asientos disponibles. Envejece en las casas donde abuelos cuidan nietos porque los padres trabajan hasta tarde. Envejece en apartamentos modestos donde hombres y mujeres mayores aprenden a convivir con pensiones limitadas y con un horizonte que se vuelve cada día más corto. Y, sin embargo, pareciera que nadie está pensando seriamente el país para ellos. Las cifras existen. Las proyecciones están ahí. La transición demográfica es un hecho: cada año crece la población mayor de 60 años en Panamá y en toda la región. Pero entre el dato frío y la vida cotidiana hay una distancia enorme. Una cosa es saber que el país envejece; otra muy distinta es preguntarse qué tipo de vejez estamos construyendo. Hoy, ser adulto mayor en Panamá significa, en muchos casos, vivir con ingresos ajustados, depender de familiares, reducir la vida social y aceptar una suerte de retiro involuntario del espacio público. Se pasa de ser ciudadano activo a convertirse, lentaAvanzar requiere decisiones audaces que entiendan la salud no como un gasto, sino como una inversión estratégica que genera retornos medibles en productividad, bienestar social y desarrollo económico. Álvaro Soto Monge todavía no se traduce en políticas públicas estructuradas y sostenibles. Hay ayudas puntuales, pero pocas estrategias de largo aliento. Hay asistencia, pero escasa integración. Se atiende la urgencia, pero no se piensa el futuro. Mientras tanto, otras regiones del mundo ya han comenzado a recorrer caminos distintos. En varios países de la Unión Europea, por ejemplo, los adultos mayores con plenas capacidades físicas y mentales son incorporados en jornadas laborales de medio tiempo, programas de mentoría o servicios comunitarios. No como un gesto simbólico, sino como política pública: se les reconoce su experiencia, se les permite seguir aportando y, sobre todo, se les devuelve algo esencial: la satisfacción profunda de sentirse aún útiles a la sociedad y a los suyos. No se trata de prolongar la vida laboral por necesidad económica. Se trata de dignificar el tiempo que queda. De ofrecer espacios donde el adulto mayor pueda enseñar, acompañar, orientar y colaborar. De entender que la utilidad social no caduca con la edad. Aquí, en cambio, la jubilación suele marcar una frontera abrupta: se corta el vínculo con el mundo productivo, se reduce el círculo social y comienza un lento proceso de invisibilización. No existen programas nacionales sólidos que incorporen a los mayores en procesos creativos, círculos de lectura, talleres de escritura o espacios permanentes de reflexión. No hay una política clara para combatir la soledad, que hoy es una de las enfermedades más silenciosas de esta etapa de la vida. Tampoco existen induce en medicina personalizada. El cáncer ya no se aborda únicamente según el órgano afectado, sino a partir de su perfil molecular, lo que permite tratamientos más precisos y efectivos. Además, el desarrollo de terapias ágiles ha transformado procedimientos de varias horas en aplicaciones de minutos, facilitando que los pacientes reciban tratamiento cerca de sus hogares. Reducir el tiempo en hospitales no es solo conveniencia: es calidad de vida y dignidad. El tiempo es el recurso más escaso en oncología. Entre la sospecha clínica y el inicio del tratamiento pueden transcurrir meses que marcan la diferencia entre la curación y el manejo paliativo. Nuestro rol implica impulsar el diagnóstico de precisión y facilitar el acceso oportuno a terapias innovadoras, siempre en alianza con autoridades sanitarias, profesionales de la salud y organizaciones de pacientes, para generar un impacto real y sostenible. El abordaje del cáncer se fortalece cuanFundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. 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