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2B La Prensa Panamá, lunes 26 de enero de 2026 Economía & Negocios Su labor combina tradición y cultura en un contexto marcado por la escasez de mano de obra. EFE/ Marcelino Rosario Café panameño: tradición y una oportunidad de vida EFE. CIUDAD DE PANAMÁ AGRICULTURA La industria cafetalera en Panamá es una de las labores agrícolas que en cada zafra emplea a varios miles de personas, la mayoría de la etnia ngäbe buglé. Llegan familias motivadas por la recolección el grano. En las montañas del occidente panameño, donde nace uno de los cafés más cotizados del mundo, el trabajo de recolección del grano depende en su mayoría de manos indígenas ngäbe buglé, uno de los siete pueblos originarios de Panamá. Su labor combina tradición y cultura en un contexto marcado por la escasez de mano de obra. Uno de los rostros de esta historia es Moisés Montezuma, considerado uno de los mejores tostadores de Panamá y el único juez nacional de café de origen ngäbe buglé, quien participa en la selección de los mejores lotes que entran a la competencia anual Best of Panama (BOP), evento internacional organizado por la Asociación de Cafés Especiales de Panamá (SCAP, por sus siglas en inglés). Su trayectoria comenzó como recolector en la década de 1970, en fincas cafetaleras donde aprendió a reconocer el grano desde su origen. Hoy, con 50 años de experiencia, asegura que ama lo que hace y que el café transformó su vida. “Empecé recolectando café en 1975. Tenía pasión por las cosas que hacía y una de ellas fue aprender a procesar el café, posteriormente a catarlo. Poco a poco me convertí en catador sin darme cuenta”, dijo a EFE Montezuma, quien asegura que primero fue prejuez y que en 2006 se convirtió en juez nacional de Panamá, como parte del equipo de especialistas en café de especialidad que tiene el país. La industria cafetalera en Panamá es una de las labores agrícolas que en cada zafra emplea a varios miles de personas, la mayoría de la etnia ngäbe buglé. Llegan familias motivadas por la recolección del grano. La zafra permite tener metas Para Yamileth Pinto, una estudiante universitaria de Educación Física de 21 años, cada cosecha representa una oportunidad para continuar con su formación académica. Aprendió de su padre el oficio de recolectar café, pues cada año llegaba con su familia a la Hacienda La Esmeralda, la cuna del café más cotizado del mundo, para la zafra. “Al culminar las clases, migro enseguida para la cosecha. Con esa cosecha me ayudo con el dinero que saco al final, me ayuda para estudiar. Hago un presupuesto para cada cosa. Cuando salí de sexto año, mi papá me dio esa idea y de allí saco el sustento para ayudarme en mis estudios”, dijo a EFE. La experiencia de Leopoldo Pinto Rodríguez refleja otra oportunidad del cafetal. Hace 35 años se inició como recolector y en las fincas aprendió un oficio que le dio estabilidad a lo largo de su vida. Fue uno de los trabajadores protagonistas de aquel primer lote que cambió la caficultura mundial, cuando el Geisha es llevado por primera vez a una mesa de cata internacional. Hoy reconoce la diferencia entre las variedades de café, con solo probar la miel del grano, entre ellas, el Geisha, aquel grano que colocó a Panamá en la élite mundial por su innovador sabor y fragancia. Para Leopoldo, el mayor logro no es haber sido parte de ese hito agrícola en la historia del café panameño en 2004, sino que sus hijos sean profesionales universitarios, algo que atribuye directamente al trabajo constante en este sector, como explica a EFE. La movilidad también marca la vida de muchos trabajadores ngäbe buglé. Lucas Hernández comenzó a recolectar café a los 18 años junto a su madre. Recorrieron varias fincas panameñas y luego se desplazaron hasta Costa Rica siguiendo las cosechas. “No es una tarea fácil, pero es gratificante”, afirma. Para él, este trabajo forma parte de la cultura de su pueblo, enclavado en el corazón de Panamá. La falta de mano de obra para la zafra Este trabajo se desarrolla en un contexto de creciente preocupación para el sector. Tanto el presidente de la SCAP, Ricardo Koyner, como el alcalde del distrito de Renacimiento, Quintín Pitti, coinciden en que Panamá enfrenta una escasez de mano de obra para la recolección del café. Pitti aseguró a EFE que cerca de 10,000 personas migran cada año al distrito de Renacimiento para cosechar el café y muchos de ellos cruzan la frontera para Costa Rica, lo que pone en peligro la recolección que se inicia en septiembre en las zonas de menor altitud. Mientras los productores buscan soluciones a la falta de recolectores, en los cafetales continúan las jornadas de trabajo de quienes, como Yamileth, Lucas, Leopoldo y Moisés, mantienen viva una tradición que combina esfuerzo, conocimiento y esperanza, grano a grano. Procesamiento del grano de café. EFE/ Marcelino Rosario La Cciap ve a Panamá con las condiciones para liderar el diálogo regional PERSPECTIVA Yasser Yáñez García [email protected] Panamá vuelve a colocarse bajo la atención internacional como un país capaz de convocar, conectar y posicionarse como sede de los principales diálogos económicos y políticos a nivel global, destacó Juan Arias, presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (Cciap), en su columna semanal. La IA y la advertencia: nos quedan cinco años de vida Brecha digital Christian Corredoira ESPECIAL PARA LA PRENSA economí[email protected] entre uno y cinco años. No hablaron de ciencia ficción ni de escenarios distópicos. Hablaron de velocidad, de una tecnología que avanza de forma exponencial y que no espera a que los países estén listos. Decir que “nos quedan cinco años de vida” no significa el fin de la humanidad. Significa el fin de una forma de trabajar, de aprender y de organizarnos como sociedad. El valor de millones de personas ha estado históricamente ligado a lo que sabían hacer mejor que una máquina: analizar información, redactar, diseñar, programar, planificar, diagnosticar. Hoy, muchas de esas tareas ya pueden ser realizadas por sistemas de inteligencia artificial en segundos, a costos mínimos y con una calidad sorprendente. Lo que ayer era una herramienta de apoyo, mañana será un sustituto directo. La pregunta clave no es si esto va a pasar, sino qué tan preparados estamos para afrontarlo. Y ahí es donde Panamá debe mirarse al espejo con honestidad. El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA), liderado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile y la Cepal, evalúa a 19 países de la región en factores habilitantes, adopción, investigación y gobernanza. En su edición más reciente, Chile lidera cómodamente el ranking, seguido por Brasil y Uruguay. Países como Argentina, Colombia y Costa Rica se ubican en un grupo intermedio, con avances sostenidos. Panamá, en cambio, aparece alrededor del puesto 11 de 19 países, con un puntaje cercano a los 39 puntos sobre 100, muy por debajo de los líderes regionales y también por debajo de varios países centroamericanos. Esto no significa que Panamá no tenga talento o potencial. Significa que existen brechas claras en infraestructura digital, formación de talento especializado, inversión en innovación y, sobre todo, en una estrategia país coherente alrededor de la inteligencia artificial. Mientras tanto, la región en su conjunto enfrenta un problema aún mayor: América Latina representa cerca del 14% del uso global de soluciones de inteligencia artificial, pero recibe poco más del 1% de la inversión mundial en este campo. Consumimos tecnología, pero casi no la creamos. El riesgo es evidente. Si no actuamos, la inteligencia artificial no solo ampliará la brecha entre países, sino también entre personas. Habrá quienes sepan usarla para multiplicar su productividad y quienes queden atrapados en empleos que simplemente dejarán de existir. El desempleo tecnológico no llegará como una ola repentina, sino como una marea silenciosa. Pero también existe una oportunidad histórica. Panamá puede decidir que la inteligencia artificial sea una herramienta para el bien común. Puede transformar la educación, pasando de memorizar contenidos a desarrollar pensamiento crítico, creatividad y resolución de problemas. Puede democratizar el acceso a la tecnología para emprendedores, pymes y escuelas públicas. Puede usar la IA para mejorar la salud, los servicios públicos, la logística y la atención ciudadana. Puede crear reglas claras que fomenten la innovación sin perder de vista la ética y la protección de las personas. Cinco años no son una sentencia. Son una ventana. Una última oportunidad para dejar de reaccionar tarde y empezar a construir futuro con intención. La inteligencia artificial no viene a quitarnos la humanidad. Viene a obligarnos a decidir qué haremos con ella. La verdadera pregunta no es si la IA nos va a superar. La pregunta es si nosotros estamos dispuestos a evolucionar a tiempo. Suena alarmante, incluso exagerado. Pero no lo es. En el Foro Económico Mundial de 2026, en Davos, dos de las voces más influyentes en el desarrollo de la inteligencia artificial —Dario Amodei, CEO de Anthropic, y Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind— coincidieron en algo inquietante: la inteligencia artificial podría superar las capacidades humanas en un horizonte de Arias señaló que la reciente participación del país en el Foro Económico Mundial de Davos responde a una estrategia deliberada para posicionar a Panamá como un eje donde las inversiones prosperan y se traducen en bienestar para los panameños. “No se trata de presencia simbólica ni de diplomacia protocolar; se trata de una visión de país que busca insertar a Panamá en el corazón de las decisiones económicas globales y cuyos resultados ya empiezan a percibirse”, aseveró. Tras Davos, explicó que se han activado conversaciones con inversionistas, organismos multilaterales y empresas internacionales que ven a Panamá como una plataforma regional. Este acercamiento ha generado seguimiento a proyectos, mayor interés en sectores estratégicos y una señal de confianza en la estabilidad, la conectividad y el potencial del país, reforzando el mensaje de que Panamá no solo conecta mercados, sino oportunidades. Ese impulso internacional se refleja esta semana con la celebración en Panamá del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, organizado por CAF, que en su segunda edición reunirá a más de 2,500 líderes globales, incluidos seis jefes de Estado, autoridades gubernamentales, empresarios e inversionistas de más de 20 países. El evento comienza a consolidarse como el llamado “Davos de América Latina” y tendrá su sede permanente en el país. Arias subrayó que la elección de Panamá como anfitrión responde a su conectividad aérea, infraestructura, posición geográfica y capacidad para facilitar el diálogo regional. En este contexto, el gremio aseguró que sostendrá reuniones con más de diez delegaciones internacionales para fortalecer vínculos, explorar oportunidades de inversión y promover al país como plataforma regional de negocios, además de recibir a varios mandatarios que visitan Panamá por el foro. Finalmente, Arias indicó que, aunque estos espacios no resuelven por sí solos los desafíos nacionales, sí generan impactos concretos como mayor inversión, empleo y proyección internacional. En ese sentido, reiteró la importancia del trabajo conjunto entre el sector público y privado para convertir la visibilidad global en resultados tangibles para los panameños.

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