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9A La Prensa Panamá, jueves 22 de enero de 2026 La creciente relevancia de Groenlandia refleja cómo territorios condicionados por el clima se transforman en activos estratégicos en el nuevo tablero geopolítico.En la foto, Nuuk, la ciudad más grande de la isla. EFE Davos 2026 y el pulso geopolítico sobre territorios y rutas clave Luis Credidío ESPECIAL PARA LA PRENSA [email protected] ANÁLISIS La seguridad nacional se impone como argumento político para justificar presiones estratégicas, redefinir fronteras de influencia y desplazar el multilateralismo en la toma de decisiones internacionales. El 8 de abril de 1941, Estados Unidos ocupó la isla de Groenlandia para defenderla de una posible invasión alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Esta ocupación se extendió hasta 1945, pero no significó el retiro total de la presencia estadounidense en la isla ártica, ya que Washington mantiene hasta hoy una base militar en Pitu’k, en Qaanaaq. Para la administración estadounidense, la historia parece rimar: Estados Unidos ha recurrido antes a este tipo de maniobras, como ocurrió con la adquisición de las Islas Vírgenes, entonces bajo soberanía danesa. Aunque Dinamarca y Estados Unidos negociaron en tres ocasiones la compra de ese territorio, fue solo tras el estallido de la Primera Guerra Mundial y bajo la amenaza de ocupación que la transacción se concretó, en 1917, por 25 millones de dólares en oro. Hoy, sin embargo, el contexto es distinto. La administración del presidente Donald Trump no cuenta con la cooperación voluntaria de Dinamarca ni, mucho menos, de Groenlandia. Tampoco dispone de un Senado dispuesto a aprobar una operación de esta naturaleza, ya que la Constitución exige una mayoría calificada de 67 senadores para ratificar un tratado, además de la aprobación presupuestaria del Congreso. Durante su intervención en el Foro Económico Mundial de 2026, en Davos, Trump afirmó que busca negociaciones inmediatas para adquirir Groenlandia, alegando razones de seguridad nacional e internacional estratégica. Durante su intervención en el Foro Económico Mundial de 2026, en Davos, el presidente Donald Trump afirmó que busca negociaciones inmediatas para adquirir Groenlandia, alegando razones de seguridad nacional e internacional estratégica. Dinamarca reiteró que no puede negociar la soberanía de Groenlandia, al tratarse de una línea roja en materia de integridad territorial. En ese contexto, Trump había amenazado con imponer aranceles a importaciones europeas como mecanismo de presión política. Sin embargo, tras anunciar que se había establecido “el marco de un futuro acuerdo” sobre Groenlandia y comprometerse a no usar la fuerza, el mandatario retiró esa amenaza arancelaria, lo que fue interpretado como un repliegue táctico sin renunciar al objetivo estratégico. La reacción de los mercados financieros fue inmediata. Tras el anuncio del marco de negociación y la retirada de las presiones comerciales, Wall Street registró alzas superiores al 1% en sus principales indicadores. Más que un giro de fondo, este comportamiento refleja una desescalada táctica destinada a reducir la incertidumbre económica, manteniendo intacta la lógica de fondo: la seguridad nacional como principio rector desde el cual se combinan presión, negociación y ajuste estratégico. De acuerdo con BBC News Mundo, la Unión Europea había respondido con medidas más concretas, como la suspensión del proceso de aprobación del acuerdo comercial con Estados Unidos firmado en julio de 2025, lo que representaría una nueva escalada en unas relaciones transatlánticas ya tensionadas. Queda claro que, para la administración Trump, los reclamos territoriales — presentados como un freno al avance de China y Rusia— no son negociables y forman parte de la nueva normalidad internacional. Como ha señalado Daniel Zovatto, el debilitamiento del multilateralismo y del orden liberal basado en reglas ha dado paso a una lógica de poder duro y de zonas de influencia. Davos confirmó que las reglas ya no son universales y que la política exterior de las potencias se rige, cada vez más, por interpretaciones unilaterales de la seguridad nacional. El Canal de Panamá en el nuevo tablero geopolítico El presidente panameño José Raúl Mulino afirmó en Davos, ante una consulta de EFE, que no teme un aumento de tensiones en torno al Canal de Panamá. No obstante, el caso de Groenlandia ofrece un precedente revelador: la presencia militar estadounidense no ha impedido una escalada de presiones políticas y económicas para ampliar el control estratégico sobre el territorio. En este contexto, debe considerarse que el aumento de ejercicios militares estadounidenses en Panamá —posible tras la firma del Memorándum de Entendimiento de 2025— no ha sido suficiente para contrarrestar la influencia china en el comercio global. Esto abre la posibilidad de que resurjan reclamos estadounidenses sobre el Canal bajo el argumento de la seguridad nacional, la protección de rutas estratégicas y la rivalidad sistémica con China. Así, el Canal deja de ser solo una infraestructura de tránsito para convertirse en un activo geopolítico disputado. Estrategias ante la fragmentación del viejo orden En Davos 2026, el primer ministro canadiense Mark Carney sintetizó el momento actual al afirmar: “Estamos en medio de una ruptura, no de una transición… los grandes poderes han comenzado a usar la integración económica como arma”. La realidad es que el respeto a las reglas internacionales depende hoy de la correlación de fuerzas. Este escenario obliga a Estados medianos y pequeños, como Panamá, a repensar sus estrategias: fortalecer autonomía, diversificar alianzas y asumir que el sistema internacional ha dejado de ser predecible. Del clima prehistórico a la geoestrategia del siglo XXI Luis Aguirre ESPECIAL PARA LA PRENSA [email protected] En sus orígenes prehistóricos, Panamá inició su debut y formación paulatina hace tres millones de años. Movimientos telúricos lo hicieron emerger a la superficie del mar. Poco a poco se consolidó como un puente entre lo que eran, por un lado, las playas de Costa Rica a los pies del Barú y, por el otro, las costas selváticas del actual territorio emberá en Colombia. Con ello, Panamá interrumpió el movimiento de corrientes marítimas que fluían del norte del planeta hacia el sur y viceversa. Los geólogos coinciden en que, una vez completada la formación del istmo y bloqueado el intercambio de aguas entre el Atlántico y el Pacífico, se inició la glaciación ártica a gran escala y las edades de hielo modernas. ¿Por qué? Las corrientes de agua tibia, al rebotar ahora contra Panamá y recalentarse en el golfo de México, fueron enviadas de regreso hacia el norte polar. Tal como ocurre cuando se deja abierta la puerta de un congelador y la humedad exterior genera escarcha que termina convirtiéndose en hielo, esa dinámica contribuyó a la expansión de los hielos en Groenlandia, entonces una isla de menor tamaño. Panamá, sin proponérselo, amplió su huella geológica hasta el Ártico. Veamos, parte por parte, la magnitud de lo que significó el surgimiento de Panamá, no solo para Centroamérica, sino también para Groenlandia y para el planeta entero. El nacimiento del istmo fue resultado del choque lento y profundo de las Seguridad ¿Cúpula Dorada para repeler a China o Rusia? Tras su encuentro con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habló de “conversaciones adicionales” en materia de seguridad. Se refirió a la construcción de la llamada Cúpula Dorada, un nuevo sistema de defensa antimisiles de gran escala que estaría desplegado en parte en Groenlandia para neutralizar misiles que puedan venir de Rusia o China. placas Cocos, Caribe y Suramericana. Desde volcanes submarinos emergió una franja de tierra que selló el paso oceánico y dividió el mar en dos. Este cierre obligó al Atlántico a redirigir sus aguas cálidas hacia el norte, consolidando la Corriente del Golfo, un flujo invisible que transporta calor y humedad desde el trópico hasta latitudes polares, suavizando el clima europeo y alimentando los procesos de glaciación en el Ártico. La paradoja climática es clara: el calor tropical, canalizado hacia el norte, generó acumulaciones masivas de nieve y hielo que transformaron de manera permanente el hemisferio norte. Al mismo tiempo, el istmo modificó la vida en el continente americano mediante el Gran Intercambio Biótico, permitiendo el tránsito de especies entre norte y sur, mientras alteraba la salinidad de los océanos, volviendo al Atlántico más salino y al Pacífico relativamente más dulce. Hoy, esta conexión ancestral adquiere una nueva dimensión geopolítica. Panamá, por el control del Canal y su rol logístico global, y Groenlandia, por su ubicación estratégica en el Ártico, el deshielo y la apertura de nuevas rutas marítimas, vuelven a situarse en el centro de las disputas entre potencias. Unidos por una prehistoria climática común, ambos territorios convergen ahora en un escenario donde el control de rutas, recursos y espacios estratégicos redefine el equilibrio del poder global. ‘Tenemos todo lo que queríamos’: Donald Trump El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró en Davos (Suiza) que el acuerdo sobre Groenlandia en el que Washington trabaja con la OTAN “es realmente fantástico”: “Tenemos todo lo que queríamos”. En declaraciones a los periodistas antes de abandonar el Centro de Congresos de Davos, el mandatario aseguró que se trata de “un acuerdo para la seguridad nacional e internacional” y “a largo plazo”. “Es un acuerdo con el que todos están felices”, aseguró a su salida de una cena que ofreció en el Centro donde se celebra el Foro Económico Mundial de Davos, donde ayer fue el orador principal. Preguntado sobre el periodo de vigencia del acuerdo, afirmó que “no tiene plazo, es para siempre”. EFE. DAVOS, SUIZA El Canal de Panamá, la ruta por donde pasa casi el 5% del comercio mundial. Alexander Arosemena Donald Trump en Davos. EFE

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