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10A La Prensa Panamá, jueves 22 de enero de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. en una adicción constante al contenido breve: redes sociales, televisión, radio, relaciones personales e incluso espacios laborales donde se explota a los colaboradores con prácticas arcaicas. El resultado es una rotación constante: personas que entran y salen, una demanda que nunca se agota, dopamina en aumento y una velocidad que no se detiene. Gran parte de esta reflexión surge no solo de mi propia adicción reconocida a las redes, sino también de un video que vi recientemente. En él, el actor Matt Damon relataba cómo la industria cinematográfica ha cambiado: hoy se exige que las películas ofrezcan acción desde los primeros minutos para captar la atención del público. Además, la trama debe explicarse varias veces, porque el espectador ya no logra mantener la concentración durante períodos prolongados. “Se nos pide que la trama de una película se explique tres o cuatro veces en los diálogos porque la gente está con sus teléfonos mientras la ve”, explicó el actor. ¿De qué huimos? En otro tiempo, el abuso de susLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Eslabón perdido Contrataciones públicas $441,375.00 a la empresa ligada a la familia de Brands, cuyos $10 millones recibidos de Etesa entre 2019 y 2024 están siendo penalmente cuestionados. Según entiendo, hace unos días y posterior a la aprobación de ese traslado, Etesa consideró congelar estos pagos hasta que exista una decisión judicial y mientras avanzan las investigaciones. ¿Pero entonces por qué Etesa había presentado pocos días antes la aprobación de ese traslado de partida para pagar ese cuestionado monto? Resulta que, en la Comisión de Presupuesto, el representante de Etesa no tenía idea de quién era el representante legal de la empresa, aunque sí sabía que se trataba de la misma sociedad vinculada al proceso judicial, asegurando que Etesa ya estaba colaborando con las investigaciones adelantadas por el Ministerio Público. Aun así, ese traslado de partida de $441,375.00, posiblemente congelado a raíz de la presión ciudadana, había sido solicitado y, peor aún, aprobado por la Comisión de Presupuesto. Víctor Orobio, abogado de Héctor Brands, en una entrevista sobre la aprehensión de su cliente, dijo: “Si yo tengo mi plata, yo me doy mis lujos”, y tiene razón. Porque resulta que esos casi $10 millones suministrados al entorno de Brands en cinco años (a un promedio de $2 millones al año solamente por esos contratos con Etesa) fueron entregados a través de Julio Ernesto Linares Esclavos sin grilletes Ocio A finales del siglo XX y en lo que va del presente siglo XXI, hemos experimentado un fenómeno tan silencioso como inquietante. Se nos ha arrebatado la libertad sin que apenas lo notáramos. Cada vez es más común ver cómo nos imponemos a nosotros mismos jornadas de trabajo excesivas y nos sumergimos, sin resistencia, en el vasto océano de las redes sociales. Hace no mucho tiempo, los instantes de ocio eran fundamentales para el bienestar de las personas. Hoy, en cambio, el ocio ha sido satanizado. Tomarse un respiro es mal visto; dedicar tiempo al descanso parece, para muchos, una pérdida imperdonable. Nuestro día a día se ha convertido en una tormenta incesante de trabajo, horas extra interminables, pantallas omnipresentes, contenido fugaz y estilos de vida cada vez más estresantes y acelerados. ¿A qué se debe todo esto? ¿Es completamente nuestra culpa? Es cierto que los medios de comunicación y la sociedad han sufrido profundas transformaciones. Sin embargo, estos cambios han convertido la vida cotidiana tancias era una vía de escape. Hoy, las redes sociales y la tecnología cumplen ese papel, generando una dependencia creciente. Anestesían a la sociedad e impiden disfrutar del tiempo a solas. Actividades como leer, escribir, dibujar, caminar, observar un atardecer o incluso conversar se han vuelto difíciles de sostener. Siempre un teléfono en la mano, una televisión encendida, una computadora incluso en vacaciones. El ocio se extingue, y con él, parte del bienestar colectivo. Recurriendo a la tecnología, evitamos aquello que no nos gusta de nosotros mismos o de nuestras vidas. Para cerrar, recurro a Friedrich Nietzsche, en Así hablaba Zaratustra (De la guerra y los guerreros): “Todos los que sois amigos de la actividad frenética sin pausa y de lo rápido, lo nuevo y lo extraño, no os soportáis a vosotros mismos y vuestra diligencia es triste afán de olvidaros de vuestra propia persona. Si tuvieseis más fe en la vida, os abandonaríais menos al instante. ¡No tenéis contenido suficiente para esperar, ni siquiera para la pereza!” Al final, la pereza y el ocio forman parte esencial de la salud mental. Disfrutarlos no debería ser un pecado. Opinión EL AUTOR es diseñador y poeta. EL AUTOR es abogado. contrataciones aparentemente lícitas. Y si no lo fueron —y aquí confieso que no soy abogado penalista—, ¿dónde están las aprehensiones, acusaciones e imputaciones a la contraparte, es decir, al representante del Estado que resultó ser el corruptor? Aclaro que, según entiendo, la imputación contra Brands y su entorno tiene que ver solamente con esos $10 millones que les entregó Etesa y no, por ejemplo, con supuestas contrataciones que hizo cuando fue director de Pandeportes y que bordean los $600 millones, algo bastante inusual dado el desconocimiento ciudadano de obras deportivas de esa magnitud y en medio de una pandemia que el gobierno pasado justificaba todos los días como la culpable de su fracasada ejecución y desastrosa gestión. O con supuestos $28 millones que se manejaron en sus cuentas, de acuerdo con informes de la Unidad de Análisis Financiero (UAF). Pero regresando a nuestro tema central, si no hay corruptor, no puede haber un corrupto. Si los $10 millones ligados al exdiputado y exdirector de Pandeportes son ilícitos, tiene que existir ese eslabón en Etesa para que pudiese existir un proceso contra él. Salvo que, en medio de la confidencialidad y la estrategia investigativa, se estén haciendo las diligencias pertinentes para que las personas vinculadas en Etesa a una aparente entrega de dinero inusual —como lo serían $10 millones en cinco años, de ser el caso— sean ubicadas y formen parte de esta supuesta trama criminal que mantiene a la familia Brands bajo medidas cautelares. El exdiputado y exdirector de Pandeportes, Héctor Brands, ha sido imputado por el delito de enriquecimiento injustificado y blanqueo de capitales, junto con algunos de sus familiares y allegados. Enormes transferencias de dinero fueron usadas para la compra de joyas, relojes, brazaletes, pagos de tarjetas de crédito y de autos, entre muchos otros gastos. Se trata de supuestos fondos no justificados que obtuvo, siendo servidor público, electo y nombrado. ¿Pero cómo obtuvo ese dinero? Supuestamente, una auditoría de la Contraloría General de la República muestra que el exdiputado no puede justificar un incremento patrimonial de $649,262.00 correspondiente al quinquenio 2019-2024. Porque en este período, aparentemente, se encontrarían patrones de inconsistencia financiera y transnacional de una sociedad de su entorno familiar que hacía negocios con la Empresa de Transmisión Eléctrica, S.A. (Etesa), habiendo obtenido en esos cinco años contrataciones que bordean los $10 millones. Pero hay algo que llama la atención. Todo contrato con el Estado se presume legal, hasta que alguna investigación demuestre lo contrario. Incluso a principios del pasado mes de diciembre, Etesa solicitó traslados de partida por unos $13 millones que fueron aprobados por la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional, y que incluían, además, La hiperconectividad, el trabajo sin pausa y la adicción al contenido breve están erosionando el ocio, convertido hoy en un acto casi prohibido. Jocsan Fernández La imputación contra Héctor Brands reabre preguntas sobre contrataciones estatales, controles institucionales y la ausencia visible del presunto corruptor en un caso que involucra fondos públicos. Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía Odebrecht Al parecer, a este aleccionador refrán no le hacen caso los bancos panameños mencionados durante la lectura del auto de llamamiento a juicio en el caso Odebrecht, toda vez que todos y cada uno de ellos facilitaron la apertura de cuentas y recibieron sin mayor cuestionamiento las sumas millonarias que se detallan en el escándalo de lavado de dinero más grande y vergonzoso de la historia reciente del país. Se trata de los mismos bancos que, en cambio, a usted o a mí nos exigen hasta el segundo apellido de nuestros tatarabuelos cuando intentamos abrir una cuenta para depositar apenas cien dólares. Sin prejuicios de ninguna índole y mediante el más elemental escrutinio del sentido común, dichas entidades bancarias se constituyen en un eslabón imprescindible del entramado de transferencias que tipifica este delito. Que yo sepa, de acuerdo con el seguimiento realizado por los investigadores del caso, todo el dinero circuló a través del sistema bancario. Ni un solo dólar fue hallado, por ejemplo, enterrado en los tradicionales caletos utilizados por la vieja mafia colombiana. De hecho, resulta inexplicable que el Ministerio Público, a cargo de las investigaciones de este emblemático caso, no haya requerido la comparecencia de altos directivos de estas entidades bancarias privadas panameñas, mencionadas con pelos y señales en los expedientes. Bien sea a nivel de junta directiva, accionistas, asesores, auditores u oficiales subalternos, su indagatoria resulta indispensable, al menos para explicar su ambiguo y sospechoso proceder en esta trama. Por definición, el lavado de dinero se refiere al proceso de disfrazar el origen de fondos obtenidos ilícitamente para que aparenten ser legales y legítimos. Su objetivo es integrar esos recursos en el sistema financiero formal, dificultando la distinción entre dinero limpio y dinero sucio. El término lavado tiene su origen en Estados Unidos en la década de 1920, cuando mafias norteamericanas crearon una red de lavanderías para ocultar la procedencia ilícita del dinero. La expresión fue utilizada judicialmente por primera vez en 1982, tras la confiscación de fondos supuestamente blanqueados provenientes del narcotráfico colombiano. Desde entonces, los bancos se han convertido en objetivos privilegiados del lavado de dinero, debido a su infraestructura sofisticada, alcance internacional y legitimidad percibida. Los delincuentes explotan estas vulnerabilidades para mover y ocultar fondos ilícitos dentro del prestigioso sistema bancario, que encaja como muñecas rusas en sus oscuros intereses. Es por ello que, en el sentir del ciudadano común, existe una percepción generalizada de que la actividad bancaria panameña está contaminada por la corrupción. Si por el sistema financiero nacional circulan miles de millones de dólares mal habidos, ¿cómo es posible que no se hayan diseñado ni aplicado controles efectivos para impedirlo, a la vista de la Superintendencia de Bancos y de las autoridades en general? Tómese lo anterior como una reflexión necesaria sobre la urgencia de incorporar mayor integridad, transparencia y responsabilidad en el sistema bancario panameño, a fin de que no resulte tan difícil —al menos para los ciudadanos— distinguir entre honrados y maleantes, dentro y fuera de las entidades financieras. EL AUTOR es pintor y escritor. Joaquín González J. Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. 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