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5A La Prensa Panamá, miércoles 14 de enero de 2026 Panorama Olmedo Núñez, junto a su esposa Milagros. Cortesía La angustiosa espera del marino panameño detenido en Venezuela Ohigginis Arcia Jaramillo [email protected] TESTIMONIO Desde Veraguas, Milagros Vergara vive la incertidumbre por la detención en Venezuela de su esposo, el marino panameño Olmedo Núñez, desaparecido desde junio de 2025. Desde Veraguas, Milagros Vergara aún guarda en la memoria la última vez que vio partir a su esposo, el marino panameño Olmedo Núñez, un mecánico naval con siete años de experiencia y cuatro de trabajar fuera del país. “Él se dedica al mantenimiento de los barcos”, recuerda. No obstante, en marzo de 2025, Olmedo salió rumbo a los Países Bajos para un nuevo contrato que lo llevaría hasta Trinidad y Tobago, pero el viaje se truncó en una zona cercana a Venezuela. “Cuando iban hacia Trinidad y Tobago, pasaron cerca de Venezuela y ahí se trancó el viaje. Ahí fue donde lo detuvieron”, relata. La voz se le quiebra al repetir esa palabra: detenidos. Era 11 de junio de 2025 cuando Olmedo le escribió para decirle que las Fuerzas Armadas venezolanas estaban revisando la embarcación. “Las Fuerzas Armadas en la embarcación, haciendo revisión”, insiste, como si reviviera la escena que él le describió desde el mar. La angustia Los días siguientes se convirtieron en una vigilia permanente. Cada llamada tardaba más; cada mensaje llegaba con más distancia. Hasta que el 19 de junio se produjo el silencio definitivo. “Perdimos contacto totalmente. Comunicación no hubo más”, cuenta. Ese día quedó grabado para siempre en su calendario mental. Durante meses, Milagros solo pudo especular sobre el paradero de su esposo. No sabía en qué cárcel estaba, si tenía acceso a comida, si lo habían golpeado o si seguía vivo. Las noches eran largas y los días se consumían entre visitas a oficinas públicas y correos enviados a la Cancillería panameña. “Nosotros hemos estado en comunicación con la Cancillería. Ellos nos indican que están haciendo lo posible para traerlo de regreso”, explica, aunque admite que esa frase se volvió una rutina: “Es lo que siempre recibimos”. El 9 de octubre ocurrió algo inesperado: el teléfono sonó. Era Olmedo. “No sabría decirle cómo ni por qué medio, pero nos pudo llamar”, afirma. Hablaron durante diez minutos, un tiempo que se sintió eterno y, a la vez, insuficiente. “Dijo que estaba bien, que estaba comiendo y que esperaba que eso terminara pronto. Preguntó por su familia, por su mamá, su hermano, sus hijos”, recuerda Milagros, como si repasara palabra por palabra lo que ha guardado como un tesoro. Interrogantes “Él solamente habló de cómo estaba él y preguntó por su familia”. Desde ese día, el silencio volvió a instalarse. La familia insiste en que Olmedo es un trabajador especializado, sin vínculos políticos ni militares. “Mi esposo es mecánico. Toda su vida ha sido mecánico, lo que son barcos”, afirma Milagros. Y cuando le preguntan si él pertenecía a alguna entidad de seguridad, responde sin dudar: “No. Mecánico de barco. Le daba mantenimiento a la embarcación”. Mientras lidian con la incertidumbre, Milagros y sus hijos —dos niños de diez y cuatro años— tratan de sostener la rutina familiar. Los pequeños preguntan por su padre y Milagros busca palabras para explicar lo inexplicable. “Es injusto que esté allá, solo por darle una mejor calidad a sus hijos”, lamenta. La Cancillería panameña, asegura, se comunica ahora “a diario”. A veces por teléfono, otras por mensajes, pero siempre en busca de novedades que nunca llegan. Un leve respiro El único respiro llegó cuando las autoridades panameñas mencionaron el caso de Olmedo en una reunión del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la semana pasada, en medio de la crisis diplomática entre Estados Unidos y Venezuela. La vigilia de Milagros: la larga y tortuosa espera por el marino panameño detenido en Venezuela “Fue como una esperanza, o de repente acabar con nuestra agonía”, cuenta Milagros. “Sentimos una emoción muy grande, saber la ayuda y la necesidad de querer resolvernos”. El 6 de enero, durante una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, el embajador y representante permanente de Panamá, Eloy Alfaro de Alba, reiteró que el país no reconoce a Delcy Rodríguez como presidenta de Venezuela. En esa misma intervención pidió la liberación de todos los presos políticos detenidos en ese territorio, incluido el panameño Olmedo Núñez. La mención elevó el caso al plano diplomático internacional y colocó el nombre del marino panameño en la agenda pública global. Pero ese alivio momentáneo no cambia la realidad: Olmedo sigue detenido en Venezuela, sin información clara sobre su situación y sin comunicación con su familia desde octubre. Tampoco figura, según les dijeron, en las listas de liberados recientes. Por eso, Milagros vuelve a repetir su ruego ante cualquier autoridad que la escuche: “Que, por favor, lo liberen y lo dejen estar con su familia. Que traten de ayudarnos a que lo traigan de regreso, que busquen todos los medios”. Yasser Yáñez García [email protected] El canciller panameño, Javier Martínez-Acha y el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. Tomada de @SecRubio Martínez-Acha y Rubio coversan sobre seguridad y temas regionales POLÍTICA EXTERIOR El canciller panameño, Javier Martínez Acha se reunió ayer con el secretario de Estado de Estados Unidos (EUA), Marco Rubio, en Washington, en un encuentro en el que ambas partes resaltaron la solidez de la relación bilateral y exploraron nuevas áreas de cooperación. Según informó el portavoz adjunto principal del Departamento de Estado, Tommy Pigott, Rubio expresó su “profundo agradecimiento” por la alianza mantenida con Panamá durante el último año, subrayando “la estrecha cooperación que ha impulsado las prioridades compartidas” en la región. De acuerdo con el comunicado, publicado en el sitio web del Departamento de Estado, durante la reunión, Rubio y Martínez-Acha, dialogaron sobre las oportunidades para profundizar la colaboración en temas de interés mutuo, en particular la ampliación de la cooperación en materia de seguridad para enfrentar amenazas comunes como el narcotráfico y la delincuencia transnacional. Rubio también destacó las medidas adoptadas por Panamá para proteger su infraestructura crítica, un aspecto que consideró clave para la estabilidad regional. Asimismo, manifestó el interés de Estados Unidos en fortalecer la cooperación con Panamá en los esfuerzos regionales orientados a promover la estabilidad en Venezuela. De igual forma, el canciller panameño sostuvo reuniones con Bethany Aquilina Brez, vicepresidenta encargada de la Oficina de Política Exterior de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (DFC) y Albert Ramdin, secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Martínez Acha había adelantado la realización de este encuentro el pasado viernes, durante la conmemoración de la gesta patriótica del 9 de enero de 1964, ocasión en la que afirmó que Estados Unidos sigue siendo el principal socio de Panamá. En ese contexto, destacó que entre ambos países existe “una relación muy fluida, basada en el respeto y la cooperación, especialmente en materia de seguridad”. Odebrecht: Panamá no aprendió nada Sabrina Sin Censura Sabrina Bacal [email protected] Tras 20 años de su llegada a Panamá, 11 años de investigación y seis audiencias fallidas, arrancó finalmente el juicio Odebrecht. En países como Brasil —epicentro del escándalo—, Perú, Colombia, Ecuador, República Dominicana y Guatemala ya hubo condenas. Aquí comenzamos tarde y con varias rutas de escape que el sistema activa cuando la justicia se acerca al poder. Detallo algunas. Ruta de escape #1: no están todos los que son Al inicio del caso había más de 80 personas implicadas. Más de la mitad quedó por fuera. Hay 29 sobreseídos y 14 acuerdos de pena con sabor agridulce: por un lado, implican confesiones de culpabilidad; por el otro, algunos arreglos, francamente, dan pena. Los cargos por corrupción de servidores públicos ya prescribieron. El fuero electoral, por ejemplo, salvó al exministro y excandidato presidencial Rómulo Roux. En conclusión, quienes están en el juicio no representan todo el engranaje de la corrupción. Si esto fuera un partido de fútbol, la justicia empezó perdiendo. Ruta de escape #2: la “cueva de ladrones” Odebrecht confirma que la función principal del Parlacen —organismo al que el expresidente Ricardo Martinelli llamó una “cueva de ladrones”— es blindar a los señalados en casos de corrupción. Este escondite es utilizado por el expresidente Juan Carlos Varela, el exministro Jaime Ford y los hijos de Ricardo Martinelli: Ricardo Alberto y Luis Enrique Martinelli Linares. A los diputados del Parlacen los juzga la Corte Suprema de Justicia. En Estados Unidos, los hermanos Martinelli Linares confesaron haber lavado 28 millones de dólares en coimas de Odebrecht por instrucciones de su padre. Allá hubo condena. En Panamá, aún no hay siquiera fecha para su proceso. Ruta de escape #3: la cercanía al poder La justicia en Panamá rara vez ha sido independiente del poder político. Los Varelaleaks expusieron públicamente su selectividad. Pero en el gobierno de José Raúl Mulino no se necesita una filtración para verla a diario y a todo color. ¿De verdad creen que la serie de absoluciones, revocatorias de condenas y rebajas de pena a los allegados del presidente y su gabinete es casual? Este contexto es importante, porque entre los imputados por Odebrecht hay personas muy cercanas al Palacio de las Garzas. Está, por ejemplo, el exministro Frank De Lima, cuya abogada en este caso es hoy ministra de Gobierno y cuya esposa trabaja en la Presidencia. También figura Aaron Mizrachi, cuñado de Martinelli y padre del alcalde capitalino. En este tipo de casos es donde verdaderamente se pondrá a prueba la independencia de la justicia. Ruta de escape #4: los facilitadores de la corrupción Las prácticas delictivas de Odebrecht abarcan varios gobiernos y salpican a distintos partidos políticos. Pero el lavado de activos requiere de otros actores que facilitan la corrupción: grandes firmas de abogados que crearon sociedades para ocultar beneficiarios finales y bancos que recibieron dineros sin la debida diligencia. Muchos se escaparon por esa vía. Además, la penetración de Odebrecht en Panamá necesitó una importante complicidad social: gremios, empresas y asociaciones que le permitieron lavar su imagen y colarse como un actor respetable. Así como se lava dinero, se lava reputación. Conviene tomar nota mientras asistimos al muy publicitado retorno de First Quantum Minerals. Ruta de escape #5: no aprendimos nada Panamá no aprendió nada del caso Odebrecht. Las contrataciones públicas siguen siendo el nudo gordiano de la corrupción: empresas con escándalos judiciales, como Meco, Bagatrac y Rodsa, continúan ganando contratos millonarios y, lejos de corregir el rumbo, el país retrocede en transparencia. La identidad de los beneficiarios finales de contratos estatales superiores a 500 mil dólares es confidencial. ¿Cómo sabremos si quienes hoy ganan contratos — incluidas empresas del entorno de panameños sancionados recientemente por la OFAC— fueron también grandes donantes de campaña del presidente José Raúl Mulino? Ese fue exactamente el esquema que utilizó Odebrecht en las campañas electorales de 2009 y 2014. Y ese mecanismo sigue operando, bien aceitado, mientras usted lee este artículo. El juicio por fin empezó. Pero aún no hay nada que celebrar. Las cosas no se definen por cómo empiezan, sino por cómo terminan. Si la justicia no logra rescatar lo poco que queda de institucionalidad, el veredicto ya está escrito: Panamá no aprendió nada.

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