7A La Prensa Panamá, martes 6 de enero de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. En el intento de seguir el ritmo del mundo, perdemos el nuestro. El algoritmo nos inunda con información no solicitada y comparaciones innecesarias. Lo peor: nos acostumbramos. Ahí comienza el desgaste mental. El algoritmo puede imitar el contacto humano, pero nunca lo reemplaza. Cuando elegimos la pantalla en lugar de las personas, nos aislamos sin darnos cuenta. Las redes afectan nuestra salud emocional más de lo que queremos admitir. Como señala la Universidad de Utah Health, los adultos jóvenes que utilizan intensamente las redes sociales tienen tres veces más probabilidades de sufrir depresión. Un estudio de 2024 de la Universitat Pompeu Fabra reveló que las adolescentes puntúan más bajo en bienestar psicológico que los varones (2,99 frente a 3,31), debido a la mayor exposición a contenido sobre estética y validación. El FOMO (miedo a perderse algo) nos hace revisar el teléfono cada pocos minutos, incluso sin querer. Nos volvemos dependientes. No siempre las usamos porque queremos, sino por estrés, aburrimiento o inseguridad. Son un escape fácil, pero con alto costo: el 41% de los usuarios con uso intensivo de pantallas reporta salud mental deficiente, casi el doble que quienes las usan moderadamente. Lo más triste es que, en medio de esLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Y no llevamos ni una semana… Coyuntura no ha podido cumplir con el tema del famoso “chen chen”, y era obvio, pues no encontró las arcas del gobierno llenas y ha tenido que enfrentar muchas deudas y una desvalorización del dólar que, obviamente, no nos ayuda en nada, aunque la inflación se mantenga baja. Para muchos, de las cosas más importantes que logró en este tiempo es detener el chantaje al cual nos tenía sometido un sindicato que nunca ayuda ni sobrevive a elecciones. Le toca enfrentar ahora los “vidrios” que todos saben dónde están. Puede empezar por los que están por la avenida de los Mártires, los que andan en instituciones donde se han nombrado a los amiguitos del hijo de alguien, o a las “amigas” del otro, o, peor aún, a varios de esos que se jubilaron con jugosos sueldos y los tienen contratados en materia de seguridad como recompensa, porque espero que no sea por miedo. Él tiene la ventaja de no deber tantos favores y ya va llegando la hora de destetarse de quienes no lo ayudan en su gestión. Recalcó que es un presidente auténtico, directo y transparente, y yo coincidiría con él parcialmente, pero le seguimos recomendando trabajar en su Juan B. McKay A. Entre el ruido digital y la búsqueda de aprobación: la doble vida digital Generacional Ser joven en esta época es vivir con el teléfono siempre en la mano y la sensación constante de que todo sucede más rápido de lo que podemos procesar. Crecimos entre memes, tendencias, debates en X y “opiniones virales” que cambian diariamente. Y, aunque parezca que estamos conectados, entretenidos y “al día”, la verdad es que muchos estamos agotados. No de la vida, sino del ruido digital que no se detiene: las expectativas, la necesidad permanente de aprobación, la presión por ser alguien frente a la pantalla y la urgencia de encajar. Según el Pew Research Center, el 46% de los adolescentes reconoce estar en línea casi constantemente. Las redes sociales nos hicieron creer que la vida perfecta es real, que si no te ves impecable, si no sigues las tendencias del momento o no opinas como la mayoría, quedas fuera del juego. Todo se mide en términos de estética, alcance y relevancia. Incluso lo más humano —nuestras inseguridades, procesos y dudas— se ha convertido en contenido. Cuando la vida se transforma en vitrina, deja de ser vida. Internet nos educó, pero también nos desgastó. Cada vez que abrimos una aplicación, hay nuevas tendencias, nuevas reglas, nuevas formas “correctas” de ser joven. Hoy eres minimalista, mañana “clean girl”, y luego algo distinto para no quedarte atrás. te caos digital, muchos intentamos llenar un vacío que ni siquiera sabemos de dónde viene. Creemos que, con suficientes vistas, fotos perfectas y tendencias seguidas, esa sensación de insuficiencia desaparecerá. Pero no se va. Al contrario: crece. ¿La solución? Aceptar que no tenemos que encajar en una estética que ni siquiera existe fuera de la pantalla. Entender que nadie vive como en las fotos que publica. Y, sobre todo, aprender a encontrar equilibrio: ese punto en el que puedes usar las redes sin que te usen a ti, disfrutar sin compararte y compartir sin sentir que cada publicación es una prueba que aprobar. Ser tú mismo suena sencillo, pero en esta época es un acto de resistencia. Significa dejar de forzarte a encajar en moldes que no están hechos para ti. Significa respirar, bajar el teléfono y volver a lo que eres fuera del algoritmo. Nuestra generación navega en medio del caos digital, persiguiendo perfección y estabilidad. Queremos vernos bien, ser aceptados, encajar. Pero también estamos cansados. Muy cansados. Porque la mente nunca descansa: siempre hay algo más que ver, algo nuevo que imitar, algo distinto con lo que compararnos. Aprendí algo: no vales menos por no encajar en la estética del momento. No eres menos si subes una foto que te gusta y nadie le da “me gusta”. Tal vez no tengamos control sobre el ruido del mundo digital. Pero sí podemos decidir cuánto dejamos que entre. Y a veces, eso es suficiente para empezar a sanar. Opinión LA AUTORA es egresada de LLAC 2025. EL AUTOR es dirigente cívico y analista político. “humanización”, que, créame, no se gana con lágrimas. Bajar el tono, sin dejar de ser enérgico, le ganaría más ese respeto que muchas veces se necesita. El otro tema que estremeció al continente y más allá fue la extracción del dictador Nicolás Maduro, lo cual ha sido aplaudido por el mundo libre, aunque el aplauso haya sido a medias, no por cómo se hizo, sino por cómo se informó y los comentarios posteriores. Primero, no había heridos, pero resulta que sí hubo y pareciera que de ambas partes. Segundo, por el tema de reconocer como vicepresidenta a alguien que había sido designada unilateralmente por el propio Maduro; pero como con esta sí se puede negociar, entonces con ella sí, pero con quienes ganaron la elección de julio de 2024 no, porque ellos defenderían los intereses reales del país. Los panameños que vivimos la dictadura militar vivimos y conocemos perfectamente el sentimiento de alegría que se vive en el corazón de los venezolanos, dentro y fuera del país, pero también sabemos lo que es reconstruir un país y lo hicimos con quien había sido despojado de la presidencia en elecciones con resultados similares a las que ganó Edmundo González. Los panameños debemos solidarizarnos con los hermanos venezolanos y alinearnos con quienes están del lado de la democracia, la justicia y la libertad, y apoyar a los genuinos gobernantes electos popularmente, y no a quienes vayan a negociar en favor de quienes no han sufrido lo que ellos sí. El año 2026 inició bastante movido, al menos desde la perspectiva de algunos en este lado del mundo. Por ejemplo, en Panamá, luego de un Año Nuevo bastante tranquilo, en comparación con otros años, el día siguiente se pudo apreciar al presidente de la República presentar su informe a la nación, donde se destacaron algunos puntos entre los logros que enumeró, como, por ejemplo, la incorporación de Panamá al Mercosur, la aprobación de la nueva ley de la Caja de Seguro Social, así como la integración de los actuales servicios de salud y el establecimiento de un solo servicio de salud para toda la población. Comentó que el país necesita unión en las coincidencias y hasta sugirió que no requería de críticas “estériles”, pero todos sabemos que no hay una democracia real si no hay espacio para las críticas, productivas o no. También habló sobre el futuro de la mina, donde considero que una gran cantidad de panameños coincide en que una apertura con los controles requeridos y bajo una supervisión responsable sería muy conveniente para el país. Este gobierno lleva más de un año y medio y una de las cosas que le podríamos recomendar es dejar de compararse con gobiernos anteriores, pues no es necesario. Infortunadamente, Internet nos educó, pero también nos desgastó. Cada vez que abrimos una aplicación, hay nuevas tendencias, nuevas reglas, nuevas formas “correctas” de ser joven. Hoy eres minimalista, mañana “clean girl”, y luego algo distinto para no quedarte atrás. Isabella Palacios Los panameños debemos solidarizarnos con los hermanos venezolanos y alinearnos con quienes están del lado de la democracia, la justicia y la libertad, y apoyar a los genuinos gobernantes electos popularmente, y no a quienes vayan a negociar en favor de quienes no han sufrido lo que ellos sí. De Panamá a Venezuela Reflexión Algunas imágenes me hicieron recordar el 20 de diciembre de 1989, el cosquilleo de la incertidumbre: estaba asistiendo a las últimas horas de mi vida o al comienzo de una nueva; en ese momento no lo sabía y era lo de menos: Estados Unidos acababa de invadir Panamá. Recibí el sábado un mensaje de mi hija pequeña: ¿has visto lo de Venezuela?, e inmediatamente sentí el vértigo: en mi teléfono las imágenes traían aquel diciembre ahora en enero, el país más poderoso del mundo trayendo con «bombas de paz»—«extrayendo» el mal— el bien que ellos entienden que se necesita, a su medida, esa «tentación del bien» de la que nos hablaba Todorov, y que ahora es una opción legítima. Cuando no vives bajo una dictadura es difícil entender el alivio de que te quiten de encima al «hombre fuerte», al que hasta los más bravos, armados hasta los dientes, temen y obedecen para mantener los equilibrios corruptos que benefician a los que están en la papa. Las armas también son judiciales, políticas y económicas, las necesarias para mantener el poder. Las víctimas son los venezolanos; los malos son los dictadores color caribe o de barras y estrellas, los que han caído en «la tentación del bien». Uno lo que quiere es democracia a cualquier precio, incluso la soberanía, porque bajo una dictadura la soberanía no alimenta la esperanza ni el estómago, pero uno es consciente después del precedente, y es doloroso. De Panamá a Venezuela hay 36 años, dos países y un protagonista: Estados Unidos, que impondrá su «bien» por la fuerza, como Israel, Rusia o el que crea poder hacerlo. ¿Y China? Abierta la veda, y todos con veto o con amigos que lo tienen, los demás no podemos más que alegrarnos por lo que nos toca y pedir que todo salga bien. Nos ponen en la mesa a escoger el menor mal porque el mayor bien ya se lo han llevado ellos. EL AUTOR es escritor. Pedro Crenes Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente General Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón
RkJQdWJsaXNoZXIy MTUxNDg2MA==