6A La Prensa Panamá, viernes 2 de enero de 2026 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. par de puentes más y podremos colocar estructuras entre uno y otro para construir dicho techo. La magnitud de la obra nos haría famosos a nivel mundial. Podríamos hacer ciclovías sobre el techo, piscinas, pistas de patinaje, parques, cruces de animales, quizá hasta otro museo diseñado por algún arquitecto de renombre. Todo lo descrito previamente se llama sarcasmo. ¿Qué necesidad tenemos de un quinto puente sobre el Canal? ¿No es suficiente con cuatro puentes más el metro subterráneo para movilizar a las personas de un lado al otro? Aquí entra el tema de la estabilidad del país, amenazada por quienes tienen el control de definir el uso adecuado de la capacidad de endeudamiento. No hay empresa que resista y sobreviva a una mala administración y a la malversación de fondos de forma continua a través del tiempo. Un país tampoco puede surgir, crecer y atender bien las necesidades de sus ciudadanos bajo esas condiciones. Panamá aparentemente tiene recursos a un nivel que se nos mantieLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. La lámpara de Diógenes Integridad La lámpara de Diógenes es una famosa anécdota atribuida al filósofo Diógenes de Sinope, quien, a plena luz del día, caminaba por Atenas con una lámpara encendida y respondía, a quien le preguntaba, que “buscaba a un hombre honesto”. Su acción se constituyó en una sátira contra la hipocresía y la falta de integridad moral de jueces y gobernantes de la época, expresando así su desilusión ante la dificultad de hallar honestidad y sinceridad en un mundo plagado de acomodos e injusticias. La lámpara de Diógenes se convirtió, de ese modo, en un símbolo perdurable de la búsqueda de la verdad, la justicia y la honestidad. Este pasaje de Diógenes me recordó una etapa de la historia panameña en la que, blandiendo únicamente pañuelos blancos en la mano, el pueblo exigió justicia en las calles, encabezado por la Cruzada Civilista Nacional, haciendo temblar de rabia y frustración a los denominados Doberman, enviados a reprimir a la ciudadanía por el cobarde y sanguinario dictador Manuel Antonio Noriega, durante la dictadura militar en nuestro país. Ambas remembranzas vienen a colación a raíz de que el Órgano Judicial declaró recientemente nula la investigación contra Mario Martinelli, hermano del expresidente Ricardo Martinelli, y con esa insólita decisión revocó, además, un acuerdo de pena mediante el cual el propio acusado, tras admitir su culpabilidad, se había comprometido a pagar al Estado $3.2 millones y a cumplir una condena de 40 meses de prisión. Al parecer, todo se sustentó en un exquisito tecnicismo legal, consistente en la omisión de una solicitud de autorización por parte de los fiscales para extender el período de investigación. Poco importó a los magistrados José Hoo Justiniani, Eyda Amarilis Juárez y Dida Esther Ruiz la confesión voluntaria de culpabilidad en un caso particularmente sensible, en el que la lesión patrimonial al Estado panameño superó los $12 millones. Esta decisión no solo envía una señal perversa sobre el persistente y deplorable estado de la administración de justicia, sino que además se contradice a sí misma, pues el trabajo inicial de los fiscales y el rol del juez que avaló el acuerdo de pena quedan virtualmente desechados, como si bastara “mover la palanca” para borrar todo el proceso. Conviene recordar los nombres de esos jueces, aunque seguramente los hermanos Martinelli ya los tengan muy presentes, celebrando desde sus respectivas y lujosas madrigueras una noticia de fin de año tan favorable como inesperada. A los miembros del Órgano Judicial, en general, les convendría recordar que el respeto no se regala ni viene incorporado al cargo: se merece. Para reforzar esta idea y cerrar este escrito, vale traer otra célebre enseñanza de Diógenes. Tal era su fama que Alejandro Magno quiso conocerlo. Llegó acompañado de su escolta y, al ponerse frente a él, le dijo: “Soy Alejandro. Pídeme lo que quieras”. Diógenes, sin inmutarse, respondió: “Quítate, que me tapas el sol”. La reacción de los presentes fue de escándalo. Sorprendido, Alejandro preguntó: “¿No me temes?”. Diógenes replicó con otra pregunta: “Gran Alejandro, ¿te consideras un buen hombre o un mal hombre?”. Ante la respuesta afirmativa del rey, el filósofo concluyó: “Entonces, ¿por qué habría de temerte?”. Alejandro pidió silencio y dijo: “Si no fuera Alejandro, me gustaría ser Diógenes”. A lo que este respondió: “Y si yo no fuera Diógenes, también querría ser Diógenes”. Cuando la fe se convierte en frontera: el riesgo de volver a la barbarie Intolerancia religiosa conflictos en Medio Oriente que combinan identidad religiosa, geopolítica y resentimiento histórico; observamos en Europa tensiones culturales crecientes entre comunidades migrantes y sociedades anfitrionas; en África, grupos extremistas utilizan la religión como herramienta de dominación violenta; y en América emergen discursos que vuelven a dividir a los pueblos entre “buenos” y “malos” según su creencia. Más que hechos aislados, estos fenómenos revelan un patrón preocupante: la religión convertida en frontera, en trinchera, en instrumento de odio. La fe, que debería humanizar, termina deshumanizando cuando se radicaliza. El valor extraordinario de Panamá En medio de este panorama turbulento, Panamá representa algo profundamente valioso y ejemplar. Nuestro país no es solo un territorio de tránsito o encuentro económico: es una nación donde coexisten pacíficamente razas, culturas, lenguas y religiones. Aquí conviven comunidades católicas, evangélicas, musulmanas, judías, cristianas ortodoxas, grupos espirituales diversos y personas sin religión, y lo hacen sin levantarse unas contra otras. Panamá ha sido históricamente un puente, y no solo geográfico. Fue punto de paso de culturas desde la época colonial; fue hogar de inmigrantes antillanos, europeos, árabes, asiáticos y latinoamericanos que encontraron aquí no una tierra de confrontación, sino de oportunidad. Hemos construido, quizá sin darnos cuenta, un modelo silencioso de coexistencia social donde la identidad religiosa no define enemigos, sino vecinos.Ese equilibrio no es casualidad. Es fruto de una cultura de Carlos E. González de la Lastra Un techo sobre el Canal Administración de recursos Como ciudadanos de Panamá somos muy afortunados. ¿Cuántos países cuentan con recursos suficientes para asegurar una estabilidad relativamente segura? “Relativamente” es la razón por la cual entrego este artículo de opinión. Porque, por mucha dicha que represente pertenecer a un país con tantos recursos —canal, recursos hídricos, ahora cobre— y una población reducida, con las personas equivocadas en el poder se puede perder esa estabilidad. Por mucho que en los estudios de economía se diga que una población grande es requisito para alcanzar economías de primer mundo, una población pequeña también puede ser favorable: es más fácil que los recursos del país lleguen a la mayoría. Así debería ser. ¿Qué queremos hacer con los recursos del país y quién decide la mejor forma de invertirlos? Lo pregunto porque recientemente vi un artículo en La Prensa que anunciaba un quinto puente sobre el Canal. ¿En serio? Mejor tiremos un techo sobre el Canal. Un ne oculto, casi a lo Houdini. Gobierno tras gobierno surgen casos cada vez mayores de malversación, y siempre me pregunto hasta dónde dará la manta. En los últimos años parece que hemos avanzado algo en llevar ante la justicia a quienes se enriquecen de forma exagerada al entrar en el gobierno. Quizá hemos recuperado el 1% de todo lo que se ha malversado en este país. Digo “quizá” porque no tengo la más mínima idea del monto absurdo que debe representar todo lo robado. Tal vez decir que hemos recuperado el 1% sea incluso mucho. La estructura socioeconómica del mundo está cambiando de forma radical. Antes, las grandes ciudades tenían sucursales bancarias en cada esquina y grandes tiendas. Hoy, Nueva York está cambiando sus regulaciones para permitir convertir edificios completos de oficinas, ahora vacíos, en edificios de apartamentos. Dejen de malgastar los recursos del país en un quinto puente y comiencen a pensar cómo lograr que Panamá se mantenga estable frente a los cambios socioeconómicos mundiales. ¿Les tengo que mencionar la gran amenaza que representa la inteligencia artificial? No tiene nada que ver con Terminator, pero esos son temas para otro artículo de opinión. Por ahora, sopesen si quieren un techo sobre el Canal o si quieren un país bien administrado. Opinión EL AUTOR es pintor y escritor. EL AUTOR es ciudadano. EL AUTOR es exdirector de La Prensa. Joaquín González J. respeto cotidiano, de una educación que, aunque imperfecta, ha promovido la convivencia; de una sociedad que aprendió que la diversidad no es amenaza, sino riqueza. Y sin embargo, es un bien frágil. Un llamado urgente a la conciencia Hoy el mundo vive una regresión peligrosa hacia la intolerancia religiosa. La polarización mediática, los discursos de odio, la radicalización ideológica y la manipulación de la fe por intereses políticos amenazan con arrastrar a las sociedades hacia la violencia. Panamá no está aislada de estas corrientes globales. Por eso, este no es solo un análisis histórico o geopolítico. Es un llamado a la responsabilidad colectiva. A las autoridades, para que defiendan la convivencia como política de Estado. A las instituciones religiosas, para que no permitan que la fe se transforme en trincheras de odio. A los educadores, para que sigan sembrando valores de tolerancia. Y a los ciudadanos, para que protejamos nuestra esencia: vivir juntos sin miedo, sin fanatismo, sin imposición. Arnold Toynbee, uno de los grandes historiadores del siglo XX, afirmó que las civilizaciones no mueren asesinadas: se suicidan cuando dejan de aprender de sus errores. Hoy la humanidad parece caminar al borde de repetirlos. Si la fe vuelve a imponerse por la fuerza y no por el testimonio; si las religiones vuelven a dividir en lugar de unir; si el odio se vuelve normal, la barbarie dejará de ser pasado para convertirse en destino. Panamá tiene la oportunidad y la responsabilidad de ser ejemplo. Pero ese ejemplo solo sobrevivirá si lo cuidamos conscientemente. De lo contrario, un día podríamos despertar y descubrir que también nosotros hemos permitido que la oscuridad del fanatismo destruya aquello que hoy nos hace únicos: nuestra convivencia pacífica. En los últimos años, el mundo parece haber entrado nuevamente en una peligrosa espiral en la que la religión deja de ser refugio espiritual para convertirse en arma política, cultural y militar. La historia, que tanto ha advertido sobre los excesos del fanatismo, parece repetirse bajo nuevas formas, pero con el mismo trasfondo: la pretensión de que existe una única verdad absoluta, la creencia de que “mi Dios es mejor que el tuyo”. Recientemente leí titulares que anunciaban represalias militares contra grupos extremistas religiosos responsables de masacres atroces. Ese tipo de noticias, tristemente frecuentes, me devolvió a mis propios recuerdos personales. Viví en Egipto durante la Guerra de los Seis Días (1967). Las mezquitas, que deberían ser lugares de encuentro espiritual, se transformaron en altavoces de guerra. Y en los discursos políticos de entonces resonaba una consigna que helaba la sangre: había que destruir al enemigo religioso, aniquilarlo porque no pertenecía a “nuestra fe”. La humanidad ha recorrido este camino antes. Las Cruzadas en la Edad Media, impulsadas bajo el lema de “liberar Tierra Santa”, convirtieron la fe cristiana en justificación para la guerra santa. Siglos después, la Inquisición asesinó, condenó y silenció en nombre de una supuesta defensa de la pureza religiosa. En otros contextos, los genocidios del siglo XX, aunque no exclusivamente religiosos, encontraron respaldo en justificaciones ideológicas revestidas de absolutismo moral. Hoy, en pleno siglo XXI, pareciera que no hemos aprendido lo suficiente. Vemos La discusión sobre un quinto puente reabre el debate sobre cómo se administran los recursos del país y quién decide inversiones que comprometen la estabilidad futura de Panamá. Rubén Acoca El uso político de la religión como instrumento de exclusión y violencia amenaza la convivencia global y obliga a defender la tolerancia como valor democrático irrenunciable. Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón † Gerente Comercial Sudy S. de Chassin Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B.
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