5B La Prensa Panamá, jueves 1 de enero de 2026 Suzy Mouriz, ‘youtuber’ panameña, es incluida en la lista Top Creators de Forbes México. Escanea el código QR para más contenido en Ellas.pa. 2026 se vestirá con datos y con conciencia En 2026, la moda se vuelve más inteligente y más exigente: veremos a la IA que recomienda, consumidores que compran con intención, regulaciones que piden trazabilidad y marcas obligadas a ser más eficientes. El informe de McKinsey sobre el estado de la industria anticipa un año donde el estilo se cruza con tecnología, sostenibilidad y rentabilidad. Estas cinco tendencias son un ejemplo de cómo aterriza esa transformación en lo que vestimos y en cómo lo compramos. 1) El “armario con asistente”: compras guiadas por IA (y un estilo más personalizado) La IA deja de ser backstage y se vuelve consejera de clóset: te recomienda, compara, arma looks y hasta te empuja a comprar con “la mejor relación valor–uso”. McKinsey ya habla de IA como necesidad del negocio y de consumidores usando modelos tipo chat para buscar y recibir recomendaciones (el “nuevo SEO”). En la calle: más looks “bien pensados” (menos improvisados), outfits armados por ocasión (oficina, viaje, calor, lluvia) y compras con intención. En Panamá, ojo con esto: el styling “de mensaje” se acelera en IG/WhatsApp: si la recomendación llega fácil, la gente se atreve más con combinaciones y con compras pequeñas pero constantes. 2) “Valor que se ve”: menos La IA deja de ser backstage y se vuelve consejera de clóset. iStock logo, más calidad y, por supuesto, más exigencia con el precio Con crecimiento bajo y consumidor cauteloso, 2026 se inclina a comprar mejor: durabilidad, materiales, costuras, y un precio que haga sentido con la promesa. McKinsey describe un consumidor value-conscious y una industria con crecimiento bajo de un dígito. En la calle: cápsulas inteligentes, básicos elevados (camisas, pantalones, denim), y “lujo silencioso” entendido como me dura, me queda, me funciona. 3) La prenda con “papeles”: trazabilidad visible (QR, pasaporte digital y promesas comprobables) La sostenibilidad en 2026 deja de ser solamente un lema y se vuelve compliance: más trazabilidad, menos desperdicio, metas verificables. La UE viepor Roxana Muñoz [email protected] ne empujando fuerte con su estrategia textil y cambios regulatorios que obligan a mayor transparencia y responsabilidad sobre residuos. En la calle: etiquetas con QR, información de materiales, instrucciones de cuidado y reparación, y más marcas obligadas a “probar” lo que dicen. En Panamá: esto llega como nuevo estándar importado (sobre todo en marcas/global retail). Oportunidad para diseñadores locales: convertir transparencia real en diferencial. 4) Colecciones “más cerca y más rápidas”: nearshoring + drops pequeños (menos inventario pesado) Con logística incierta y presión por rentabilidad, las marcas buscan cadenas más flexibles: producir más cerca, diversificar y mover colecciones en lotes pequeños para no ahogarse en inventario. El reporte y el análisis de McKinsey insisten en eficiencia, agilidad y adaptación en un entorno volátil. En la calle: más lanzamientos cortos (“drops”), menos temporadas rígidas, y ajustes rápidos según lo que se vende. Lectura panameña: con Panamá como hub logístico, el lenguaje de “rapidez” nos suena natural; la moda 2026 se parece más a respuesta rápida que a plan perfecto. 5) Bienestar como estética: “me queda cómodo” es tendencia. No se negocia El reporte pone el bienestar como tema central: la moda se pega más a categorías de funcionalidad, movimiento, cuidado del cuerpo y estilo que acompaña la vida real (no solo la foto). En la calle: ropa que respira, calzado cómodo pero lindo, tejidos suaves, prendas versátiles (trabajo–mandados–cena), y una estética “pulida sin rigidez”. Bonus: Las compradoras de 50 y más dejan de ser “nicho” y se vuelve brújula del mercado Si 2026 se siente más sobrio, más funcional y más exigente, es porque la industria está reaccionando a un consumidor que compra con intención. Y ahí el público de 50 años o más pesa: prioriza comodidad real, buen calce, materiales que respiren, calzado amable y prendas que funcionen sin pedir permiso. Además, cada vez está más presente en lo digital: investiga, compara, pide recomendaciones, y no perdona cuando una marca promete “calidad” y entrega otra cosa. En otras palabras, este tipo de compradoras no está siguiendo la moda; la está disciplinando. Entre algoritmos que nos recomiendan qué ponernos, la moda entra en un ciclo donde la eficiencia y la transparencia mandan. 2026 se inclina a comprar mejor: durabilidad, materiales, costuras, y un precio que haga sentido con la promesa. La moda se pega más a categorías de funcionalidad, movimiento, cuidado del cuerpo y estilo que acompaña la vida real. iStock
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