9A La Prensa Panamá, miércoles 17 de diciembre de 2025 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. en concepto de vacaciones, entre otros. Estos subsidios no se consideran parte del salario mínimo, a pesar de que en conjunto superan los aportes anuales del Canal de Panamá al Estado, una cifra que no es despreciable. En pocas palabras, el objetivo original de establecer un salario mínimo ha ido variando cada dos años, más por presiones políticas a ambos lados de la mesa y por la debilidad de los gobiernos de turno, que con base en realidades científicas o matemáticas. Además, no escapa a nuestra cultura popular la tendencia a imponer argumentos mediante insultos, amenazas o improperios, prácticas que en nada contribuyen al análisis técnico que debería prevalecer. Otro de los grandes desaciertos que persisten en estas negociaciones es confundir desigualdad con pobreza. Ningún ser humano nace igual a otro, y pretender distribuir matemáticamente la riqueza para eliminar la desigualdad económica jamás resolverá la pobreza. Basta observar a países que en las últimas décadas han incrementado la igualdad económica de su población, pero a costa de un empobrecimiento generalizado, como Venezuela y Cuba. Ambos, otrora entre los más prósperos del continente, optaron por confiscar o repartir propiedades, empresas e industrias con el argumento de terminar con la desigualdad. Hoy, el salario mínimo en Cuba es de 2,100 pesos, equivalentes a aproximadamente 17.90 dólares mensuales, mientras que en Venezuela es de 270 bolívares, equivalentes a unos 0.50 dólares al mes. Otro ejemplo extremo es Haití, uno de los países con mayor “igualdad” económica, donde el 90% de sus habitantes no alcanza siquiera un nivel mínimo de bienestar y vive en condiciones de Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. La Ley 501 y el largo camino hacia la protección infantil Protección infantil significativamente el riesgo de abuso. Metaanálisis con miles de participantes demuestran que enseñar a los niños a identificar situaciones de riesgo, a nombrar correctamente las partes de su cuerpo y a distinguir entre secretos buenos y malos funciona. Panamá, sin embargo, sigue empantanado en debates estériles sobre educación sexual mientras sus niños pagan el precio de la inacción adulta. Los números son escalofriantes y confirman patrones globales: 92% de las víctimas menores de edad son niñas; las edades más afectadas oscilan entre los 3 y 10 años; la mayoría de los agresores pertenece al entorno familiar. En la Comarca Ngäbe-Buglé, los casos aumentaron 73% en un solo año. En la Comarca Emberá, el incremento fue de 294%. Estas no son estadísticas abstractas; son niñas y niños que cruzan ríos para llegar a escuelas donde nadie les ha enseñado que su cuerpo les pertenece, y que regresan a hogares donde el Estado brilla por su ausencia. El escándalo de los albergues en 2021 debió ser un punto de inflexión. Descubrimos que niños con discapacidad eran abusados sistemáticamente en centros supervisados por el Estado; que había niñas que quedaban embarazadas y eran obligadas a interrumpir la gestación para encubrir los crímenes. El Procurador General de la Nación renunció, invocando estos hechos como una de las razones de su salida. Se aprobó la Ley 285. Y luego, como suele ocurrir en Panamá, el escándalo se diluyó Nivia Rossana Castrellón La trampa del salario mínimo Pobreza Nuestra Constitución establece que el salario mínimo debe ajustarse periódicamente para que cubra las necesidades normales del hogar del trabajador, tomando en cuenta las actividades de cada región, y que la ley debe revisarlo de forma periódica. A partir de 1971, el Código de Trabajo, en su artículo 172, definió que dicho salario es la cantidad mínima que debe pagar el empleador al trabajador por unidad de tiempo y actividad, que dicha suma es inembargable hasta el valor establecido y que debe ser fijada periódicamente por una Comisión Nacional Tripartita, por lo menos cada dos años. Dicho Código ha sido parcialmente modificado en cinco ocasiones (1976, 1981, 1986, 1990 y 1995), sin que se haya alterado el contenido del mencionado artículo 172. Definitivamente, las necesidades de cualquier hogar aumentan con el paso de los años, pero también lo hacen los subsidios que ofrece el Estado a las familias de menores recursos, tales como mejores medios de transporte, beneficios en los costos de la energía, precios de sostén a algunos alimentos, aportes para la primera vivienda, descuentos a personas de la tercera edad, más y mejores centros de salud, bonos para estudiantes o para mayores de 60 años, el pago obligatorio del décimo tercer mes y un décimo cuarto mes pobreza extrema. La realidad es que, en los 54 años de vigencia del Código de Trabajo, la Comisión ha logrado consenso solo en tres ocasiones, lo que evidencia un entrampe legal que ha generado más diferencias que soluciones. Los precios de los alimentos varían según la demanda mundial; la inflación externa encarece los bienes importados; la corrupción reduce la inversión en infraestructura; la tecnología transforma la oferta laboral; las manifestaciones públicas ahuyentan la inversión, y el Estado ya no puede seguir aumentando la deuda pública ni sosteniendo indefinidamente mayores subsidios. Si realmente queremos avanzar hacia salarios dignos y sostenibles, debemos ser creativos, alejarnos de teorías ideologizadas y buscar un sistema matemático que permita al trabajador de menores ingresos superarse dentro de un verdadero mercado libre, donde empresas pequeñas y grandes puedan ampliar sus planillas y los salarios se ajusten anualmente mediante fórmulas claras, medibles y verificables, sin intervenciones populistas, clientelistas ni políticas. Ya es hora de romper el círculo vicioso de la actual trampa bianual, que —seamos francos— no aporta beneficios ni credibilidad ni al gobierno ni a los sectores laborales o empresariales. El autor fue ministro de Comercio e Industrias y embajador de Panamá tanto en Washington como en Italia. Opinión EL AUTOR fue ministro de Comercio e Industrias y embajador de Panamá tanto en Washington como en Italia. LA AUTORA es educadora, expresidenta de la Junta Nacional de Escrutinio y mentora de Jóvenes Unidos por la Educación. en el siguiente ciclo noticioso. La indignación tiene fecha de vencimiento; el trauma de las víctimas, no. La Ley 501 es una herramienta de prevención situacional: permite a familias y empleadores verificar antecedentes. Pero la verdadera prevención —la que evita que el abuso ocurra— requiere inversión sostenida en educación, presencia institucional en territorios olvidados y el desmantelamiento de una cultura que normaliza el silencio. Cada encuesta revela que la inmensa mayoría de las víctimas nunca denuncia. El abuso intrafamiliar prospera en el secreto, en la vergüenza y en la dependencia económica de madres que no pueden proteger a sus hijos porque no tienen redes ni alternativas reales. Celebramos la Ley 501 como un avance, pero no nos engañemos: saber quién es el vecino no protegerá a la niña cuyo agresor duerme en la habitación de al lado y nunca ha sido denunciado. Necesitamos programas de prevención obligatorios en todas las escuelas, desde preescolar. Necesitamos que la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senniaf) tenga presencia real en las comarcas. Necesitamos protocolos de denuncia que protejan a los docentes que reportan. Necesitamos, sobre todo, dejar de mirar hacia otro lado. Mientras escribo estas líneas, un niño en algún rincón de Panamá está siendo abusado por alguien en quien confía. Mañana, quizás, habrá una denuncia más en las estadísticas del Ministerio Público. O quizás no, porque el silencio sigue siendo la norma. La Ley 501 nos permite conocer a los condenados de ayer. La pregunta incómoda es qué estamos haciendo hoy para proteger a las víctimas de mañana. Cada 90 minutos, una familia panameña presenta una denuncia por agresión sexual. Detrás de cada expediente hay un niño o niña cuya infancia fue arrebatada, en la mayoría de los casos, por alguien que conocía: un tío, un padrastro, un vecino o incluso sus propios padres. La entrada en vigencia de la Ley 501, impulsada por la diputada Paulette Thomas, representa un paso significativo: por primera vez, los panameños podrán saber si quien cuida a sus hijos, o quien vive en la casa de al lado, ha sido condenado por delitos sexuales. La nueva norma, que modifica la Ley 244 de 2021, establece el carácter público del Sistema Nacional de Registro de Ofensores Sexuales, que hasta ahora permanecía oculto tras puertas institucionales. Como bien señaló Thomas al defenderla en el pleno: «No estamos hablando de alguien que robó un celular. Estamos hablando de depredadores que están acabando con la inocencia de niños y niñas». Su aprobación unánime —42 votos a favor y cero en contra— refleja un raro consenso político frente a una realidad que nos avergüenza: más de 3,300 denuncias solo en el primer semestre de 2025. Seamos honestos: un registro público, aunque necesario, no es una solución. Es una reacción. La evidencia científica internacional es contundente: los programas de prevención en escuelas reducen Roberto Alfaro Estripeaut La Ley 501 abre el registro de ofensores sexuales, pero deja en evidencia una deuda mayor del Estado: prevenir el abuso infantil antes de que ocurra, especialmente en los hogares. La luz perdurable: el mensaje atemporal de Janucá Celebración El mundo judío celebra esta semana una festividad milenaria: Janucá. Al coincidir este año con fechas cercanas a la Navidad (del 14 al 22 de diciembre), Janucá ofrece un mensaje similar de esperanza y resiliencia, simbolizado por el poder perdurable de la luz sobre la oscuridad. Janucá, la Fiesta de las Luces, es un tiempo de encuentros familiares y comunitarios centrados en el encendido de la menorá (candelabro). A medida que se encienden cada vez más luces a lo largo de ocho noches consecutivas, estas no solo recuerdan un acontecimiento histórico, sino que también ofrecen una guía luminosa para el presente. Durante miles de años, estos resplandores han transmitido el mensaje de que el pueblo judío conserva la capacidad de superar amenazas a su existencia mediante la solidaridad, la determinación, la creatividad y, sobre todo, el optimismo hacia el futuro. La profunda resonancia histórica de la festividad se origina en un momento decisivo del siglo II a. C., cuando toda la región, incluida Judea, estaba bajo el control de un poderoso imperio greco-sirio. El pequeño pero decidido pueblo judío, liderado por los macabeos, se alzó contra este imperio formidable, liberó la Tierra de Israel y restableció un reino judío independiente. Janucá marca una asombrosa victoria de los pocos sobre los muchos. Es un testimonio del poder de la convicción justa y de la negativa del espíritu humano a rendirse en su libertad o a comprometer su identidad. El pueblo judío se enfrentó a amenazas enormes, pero logró resistir las numerosas tormentas de la historia —de manera similar a como el pequeño David se enfrentó al colosal Goliat en los tiempos bíblicos— hasta llegar a la era moderna, cuando recuperó su independencia en su antigua patria, la Tierra de Israel. El amor por la libertad sigue vivo hoy en el Estado de Israel, que continúa demostrando la misma determinación frente a probabilidades abrumadoras. En los últimos años, esa determinación vuelve a ser puesta duramente a prueba por las fuerzas del yihadismo global, desde el régimen iraní y Hamás palestino hasta Hezbolá libanés y los hutíes yemeníes, respaldados en todo el mundo por quienes también buscan deslegitimar, debilitar y, finalmente, destruir al único Estado judío. Quizás no debería sorprender que estas amenazas contemporáneas recuerden a las de la antigüedad. Al fin y al cabo, los yihadistas buscan un retorno a prácticas arcaicas, represivas y abiertamente malvadas, abandonadas por la mayor parte de la humanidad hace muchos siglos. En consecuencia, hoy como entonces, la llama de la libertad debe ser protegida tanto en la Tierra de Israel como en el resto del mundo libre. Janucá es más que una festividad; es una lección vital e inspiradora. Nos recuerda a la humanidad que ningún desafío es demasiado grande, ningún imperio demasiado poderoso y ninguna noche demasiado absoluta como para extinguir la luz firme y valiente de la esperanza. Al reunirnos alrededor de la menorá esta semana, extraeremos optimismo y fortaleza de un mensaje perdurable: la luz —símbolo de los valores positivos que todos apreciamos profundamente— tiene el poder de ahuyentar la oscuridad y cambiar el mundo para mejor. EL AUTOR es embajador de Israel en Panamá. Mattanya Cohen Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón † Gerente Comercial Sudy S. de Chassin Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. 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