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8A La Prensa Panamá, sábado 13 de diciembre de 2025 La opinión de Hilde Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. el centro de la vida personal y colectiva. Se articula en dos grandes ramas: la sociopolítica, fundamentada en John Locke (derechos naturales, contrato social y gobierno limitado), y la socioeconómica, desarrollada por Adam Smith (mano invisible, libre mercado y competencia). En el plano económico, propugnaba la supresión de monopolios, privilegios y barreras proteccionistas para permitir la libre circulación de bienes, capitales y trabajo. En lo religioso e institucional, defendía la separación estricta entre Iglesia y Estado, la laicidad del Estado, la educación pública no confesional y el control civil de los registros de nacimientos, matrimonios y defunciones, hasta entonces monopolio del poder eclesiástico en la mayoría de los países europeos y americanos. En el ámbito legal y político, el liberalismo clásico apoyaba el Estado de derecho, la importancia de leyes escritas por encima de cualquier autoridad que actúe sin justificación, la igualdad de todas las personas ante la ley y la formación de un sistema de justicia independiente del poder político. Políticamente, buscaba reemplazar el absolutismo —donde las personas no tenían derechos— por un sistema constitucional en el que se convirtieran en ciudadanos con derechos inalienables, con una clara separación de poderes, representación del pueLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Recuperar el relato de la esperanza Propuesta filosófica problema: somos el problema. Siglos de experiencias históricas no han servido de nada. Nos hemos resignado a las desigualdades, a las injusticias, a la autodestrucción y a la normalización de la precariedad. Esto no solo afecta la estructura de las instituciones y la sociedad, también moldea el espíritu humano. En el imaginario social de las comunidades, ya nada es un problema porque todo es normal y esto perturba el sentido de esperanza. La realidad panameña se instala en una constante espera. Los panameños vivimos en la esperanza existencial. En el ámbito laboral esperamos ese aumento, la respuesta de un correo o la estabilidad laboral. Esperamos mejor atención médica, que salga agua en el grifo, el sello de ese trámite, la firma de un documento. Existe la espera burocrática y la espera privada. Hay una espera escalonada que jerarquiza el sistema de valores. En el escenario político estamos esperando cambios y buenas decisiones. Octavio Tapia ha identificado los sentidos de esperanza en el imaginario social panameño. Nos habla del sentido de esperanza social, el sentido de esperanza política, el sentido de esperanza mágica y el sentido de esperanza religiosa y otras nociones de esperanza para visualizar las narrativas que dan sentido a la realidad panameña. Necesitamos recuperar el relato de la esperanza humana. Recuperar el sentido de esperanza como Carlos Fong Liberal: una palabra secuestrada Ideologías El objetivo de este ensayo es aclarar la gran confusión que existe sobre el significado de la palabra “liberal”. Amerita una breve explicación conceptual, semántica e histórica. Gran parte de esa confusión proviene del uso dominante que se le da en el ámbito político y mediático de Estados Unidos, donde “liberal” tiende a designar posiciones progresistas o de izquierda moderada en el espectro democrático. Esta acepción contemporánea contrasta con el liberalismo clásico, nacido en la Ilustración europea, que defendía la libertad individual, el Estado de derecho, la separación de poderes, la economía de mercado y un gobierno limitado, y que constituyó, desde fines del siglo XVIII, el principal motor ideológico de las revoluciones burguesas y la construcción del orden político y económico en Occidente. El liberalismo clásico es una filosofía integral que coloca la libertad individual en La progresiva adopción de posturas intervencionistas por parte del liberalismo generó una reacción frontal de los economistas de la Escuela Austriaca (Ludwig von Mises, Friedrich A. Hayek, Murray N. Rothbard) y, en menor medida, de la Escuela de Chicago (Milton Friedman, George Stigler). Estos autores defendieron un retorno riguroso a los principios del liberalismo clásico, rechazando cualquier forma de intervencionismo estatal significativo tanto en la economía como en la esfera social. Se erigieron en los principales baluartes intelectuales del libre mercado, la propiedad privada y las libertades individuales, elaborando un cuerpo teórico que sirvió de antídoto ideológico frente a las doctrinas colectivistas estatistas del siglo XX: comunismo, socialismo y fascismo. Desde inicios del siglo XX, la doctrina progresista y colectivista fue impregnándose en las élites políticas y académicas de Estados Unidos. Con el paso del tiempo, ciertos medios comenzaron a llamar “liberales” a quienes defendían políticas de justicia social. Ante esta confusión semántica, los liberales clásicos y defensores del libre mercado decidieron adoptar el término “libertario” para rescatar y destacar los principios originales del laissez-faire y establecer, ante la opinión pública estadounidense, una distinción nítida con aquellos progresistas que ahora se conocen como “liberales”. Opinión EL AUTOR es abogado. EL AUTOR es escritor. ne que la esperanza no es la creencia de que todo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, incluso sin garantías de éxito. En ese contexto la esperanza se convierte en una herramienta política, una fuerza que impulsa la organización, la denuncia y la participación ciudadana. Frente a la desmemoria histórica y el desmoronamiento de los relatos, la cultura tiene un papel decisivo en la recuperación de la narrativa de la esperanza, la imaginación y la memoria. La cultura ofrece visiones del mundo que generan empatía y conciencia crítica y, por lo tanto, da esperanza en medio del caos. La cultura abre espacios simbólicos para que los sectores marginados recuperen la dignidad y la esperanza. La narrativa que nos hace libres está poblada de símbolos. Esos símbolos los tenemos que mirar, oler, palpar, escuchar y conocer. Si logramos identificar los símbolos que nos representan, podemos caminar sin vendas. Un poema grita más que una consigna. Una canción es más fuerte que el poder arbitrario. Un cuento perdura más que un decreto. La historia nos demuestra que la esperanza más poderosa se conjuga en los verbos defender, resistir y participar. La imaginación, como fuente de creación, es también resistencia. La resistencia inicia cuando podemos imaginar un mundo posible. Sí, 2025 se cierra con un telón de incertidumbre, pero también con la imagen de la posibilidad y la esperanza, al menos que decidamos rendirnos. El año 2025 se cierra con la imagen de un mundo estremecido por la incertidumbre y una esperanza ambigua. Los conflictos geopolíticos, los desequilibrios ambientales, las tensiones económicas, las brechas sociales, la desigualdad y las diversas formas de injusticia, dejan en evidencia que no hay demasiada voluntad política, ni global ni local, y que existe una desconexión entre la empatía, la razón y la realidad. Nos quedan las preguntas de siempre: ¿Qué tipo de mundo queremos dejarle a quienes vienen detrás? ¿Qué Panamá queremos formar, con qué valores, con qué memoria, con qué dignidad? ¿Existe esperanza en los relatos políticos que posibiliten mejores tiempos? Vivimos entre la crisis y la posibilidad. Nos debatimos en una arena de conflictos con posibilidades que nosotros mismos negamos. Mientras más avances tecnológicos logramos, más agazapados quedamos de la posibilidad de mejorar la calidad de vida. Cuanto más sabemos, más nos cuesta entender y admitir que no somos parte del Iván Rogelio Robles una propuesta filosófica, porque la esperanza es necesaria para generar nuevas narrativas comunitarias. Sin el sentido de esperanza, no hay ideales, no hay futuro y, por ende, no hay acciones políticas motivadoras. La esperanza es una conciencia anticipadora, una expectativa anhelante, una orientación hacia un futuro deseado. Es el motor que impulsa la acción, la planificación y la resiliencia en un mundo inestable. El pensamiento activo es indispensable para la esperanza. Los seres humanos estamos constantemente esperando y deseando. Ernst Bloch, dice que hay que conocer cada vez más los sueños despiertos a fin de dirigirlos eficazmente. La noción de esperanza activa requiere no perder el sentido de la actividad, es decir, la acción incesante de la creatividad y el pensamiento. La esperanza panameña es ambigua y bipolar. Se cae y se levanta. Es una esperanza que duele porque el presente empobrecido del panameño frena los proyectos de vida de muchos. Es una esperanza que impulsa la acción, la planificación y la resiliencia; tiene momentos de resistencia y movilización. Pero a veces pierde el horizonte, se desvanece, se bifurca. Pensadores contemporáneos como Byung-Chul Han concuerdan en que la esperanza es una disposición del espíritu que moviliza el pensamiento y la acción hacia futuros posibles. Han sostieblo y elecciones regulares para elegir a sus gobernantes. El fin último del Estado, según esta doctrina, no era otro que garantizar, mediante instituciones sólidas y políticas públicas adecuadas, los derechos fundamentales a la vida, la libertad y la propiedad privada. A finales del siglo XIX, los males sociales de la industrialización (pobreza masiva, explotación laboral, trabajo infantil) dieron origen al liberalismo social o “nuevo liberalismo” (T. H. Green, L. T. Hobhouse). Este afirmaba que, para tener verdadera libertad, se necesitan ciertas condiciones materiales básicas. Por ello, justificaba que el Estado interviniera de manera activa para disminuir las desigualdades y aumentar las oportunidades. Así, muchos sectores liberales aceptaron que el Estado debía ofrecer educación y salud públicas, regular el trabajo, proporcionar seguros sociales y aplicar impuestos progresivos. El resultado inevitable fue el crecimiento del gasto público, del tamaño del Estado y de la burocracia encargada de gestionar programas y regulaciones. Con el tiempo, ya sea por convicción ideológica o por cálculo político, una parte significativa del liberalismo fue incorporando elementos progresistas y colectivistas, alejándose notablemente del gobierno limitado y del libre mercado propios del liberalismo clásico. Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente Comercial Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. 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