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6A La Prensa Panamá, domingo 7 de diciembre de 2025 In memoriam Vista aérea del Biomuseo en la ciudad de Panamá. Alexander Arosemena Hasta siempre, maestro del movimiento: Carta a Frank Gehry Gabriel Chacón ESPECIAL PARA LA PRENSA [email protected] Un adiós íntimo y agradecido a Frank Gehry, cuya obra transformó ciudades, inspiró generaciones y dejó en Panamá un legado vibrante con el Biomuseo. Panamá. Hoy el mundo de la arquitectura amanece un poco más estático, un poco menos atrevido. A los 96 años te has marchado, querido Frank, pero decir que nos dejas sería una mentira. Un arquitecto nunca muere del todo mientras sus edificios sigan desafiando la gravedad y, sobre todo, mientras su nombre siga provocando debates apasionados en las aulas de diseño de todo el planeta. Tu legado no vivirá solo en el titanio y el acero, sino en el retumbar constante de los pasillos universitarios. Vivirá en esa conversación acalorada entre un estudiante de primer año que intenta imitar tu trazo libre en una servilleta y un profesor canoso que explica cómo rompiste la caja euclidiana para siempre. Eres y serás el eterno provocateur de nuestras maquetas. Hoy, más que en tus premios Pritzker, pienso en el niño que fuiste. Pienso en Toronto, en el suelo de la cocina de tu abuela Leah. Me gusta imaginarte ahí, pequeño Ephraim, jugando con esos recortes de madera que ella traía de la ferretería de tu abuelo. Mientras otros niños jugaban a la guerra, tú construías ciudades futuristas entre el aroma de la comida casera. “Ella se sentaba en el suelo y jugaba conmigo”, contaste alguna vez con nostalgia. Fue ella quien vio al arquitecto antes que nadie. Gracias a esa curiosidad infantil nos regalaste obras que parecen bailar ante nuestros ojos: El Museo Guggenheim de Bilbao, donde hiciste que el titanio floreciera como una rosa metálica y cambiaste para siempre la economía de una ciudad. El Walt Disney Concert Hall en Los Ángeles, una sinfonía detenida donde las velas de acero parecen hincharse con la música. La Casa Danzante en Praga, que nos enseñó que un edificio puede tener ritmo, pareja y compás. Pero he dejado para el final la obra que nos toca el corazón a nosotros, los que vivimos en el centro de las Américas. Porque tuviste la gentileza de mirar hacia el sur y regalarnos tu única obra en toda LatinoamériEn marzo de 2023, Frank Gehry, junto a su esposa, Berta Aguilera Gehry, durante una visita al edificio que diseñó: el Biomuseo. Foto: instagram.com/biomuseo Rafael Candanedo ESPECIAL PARA LA PRENSA [email protected] En Panamá estamos de luto. Nos ha dejado Frank Owen Gehry (1929-2025), arquitecto canadiense-estadounidense, quien, con sus formas imposibles, redefinió la arquitectura del siglo XXI. Más allá de la pérdida, celebramos la vida del consorte panameño y su legado más íntimo: la joya monumental de la Calzada de Amador. Nuestras más sinceras condolencias a su esposa, Berta Isabel Aguilera, capitalina de origen antonero, a sus hijos y a toda su familia. Gehry fue un titán artístico, galardonado con el Premio Pritzker (1989, equivalente al Nobel de Arquitectura), la Medalla Nacional de las Artes y la Medalla Presidencial de la Libertad (Estados Unidos). Su genio radicó en la filosofía de que “cada edificio debe ser una escultura”. Desafió la simetría y la geometría tradicional, empleando titanio, acero y complejas curvas que parecen adversar la gravedad. Si bien el Museo Guggenheim de Bilbao (1997) lo catapultó a la fama global, Gehry dejó un rastro de obras fundamentales que marcan una época, desde el Walt Disney Concert Hall (Los Ángeles) hasta la metafórica Casa Danzante (Praga) y el espectacular Hotel Marqués de Riscal. Cada edificio es un diálogo audaz entre la forma y la función. El vínculo de Gehry con Panamá fue profundo y personal. Se casó con Berta Isabel Aguilera en 1973, quien no solo se convirtió en la administradora de su estudio, sino en el motor que lo conectó con nuestro país. Nacida en Bella Vista, criada con las nociones contables adquiridas en el Colegio María Inmaculada y licenciada en Antropología, Berta fue la fuerza motriz. La pareja honró sus raíces con visitas anuales a Panamá, sobre todo en Navidad, donde sus dos hijos llegaron a vestir el tradicional montuno. El Biomuseo es un testamento de esta conexión. Gehry inicialmente se mostraba reticente a desarrollar un proyecto en la región, pero cedió ante la fuerza y el amor de Berta por su tierra natal. El arquitecto diseñó los planos de la obra, un trabajo profesional de calibre mundial, cuya visión fue promovida durante el gobierno de Mireya Moscoso. Es la única obra de Gehry en América Latina. El museo no es solo un edificio, sino una narración física y colorida del surgimiento del istmo de Panamá como Puente Biológico. El techo multicolor del Biomuseo es extraordinario. Sus toldos metálicos de formas irregulares y colores vibrantes —rojo, azul, amarillo— son una explosión tropical que Gehry dijo inspirarse en las casas populares panameñas. Esta obra, escultura monumental dedicada a nuestra biodiversidad, una de las mayores por ca. Hablo, por supuesto, del Biomuseo. Allí, en la Calzada de Amador, justo en la entrada del Canal de Panamá, dejaste tu huella más colorida. No usaste el plateado sobrio de Europa o Estados Unidos; entendiste que aquí la vida estalla en colores. Esos techos rojos, amarillos, azules y verdes son un homenaje a nuestra biodiversidad, un collage tropical que saluda a los barcos que cruzan el mundo. Nos diste un edificio que cuenta cómo el surgimiento de nuestro istmo cambió la historia del planeta, y lo hiciste con la alegría de aquel niño que jugaba con bloques de madera. Desde este pequeño istmo te damos las gracias, Frank. Gracias por regalarnos esa joya desordenada y hermosa que rompe la monotonía del horizonte. Descansa en paz, maestro. Que allá donde vayas las líneas rectas no existan y siempre tengas un puñado de recortes de madera para seguir construyendo sueños. kilómetro cuadrado, se erige como un potencial norte para la marca país de Panamá, ofreciendo una identidad visual única a nivel global. Un monolito en el jardín del Biomuseo rinde homenaje a Berta Aguilera, reconociendo la fuerza de ella detrás de este legado. Gehry se ha marchado, pero en Panamá, su “olor a Panamá” perdurará en el titanio de su obra, recordándonos la conexión espiritual de un gigante de nuestra época con un istmo que, desde que emergió del mar, no es ordinario. Legado de un gigante del arte Frank Gehry. EFE

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