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8A La Prensa Panamá, domingo 30 de noviembre de 2025 La opinión de Hilde Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. ñen a sentir, a escuchar y a construir vínculos genuinos en medio de la velocidad y la saturación informativa. En muchos salones, niños de ocho años dominan el uso de tabletas, pero no saben cómo consolar a un compañero que llora. La tecnología avanza; la empatía se estanca. Las habilidades blandas (soft skills), como la comunicación ética, la colaboración, la adaptabilidad y el pensamiento crítico, no son accesorios educativos. Son el núcleo de la convivencia democrática, la formación emocional y la sostenibilidad humana. En contraste, las habilidades duras (hard skills) se refieren a conocimientos específicos como matemáticas, programación, idiomas o manejo de herramientas digitales. Ambas son necesarias, pero mientras las duras se enseñan con mayor sistematicidad, las blandas siguen siendo periféricas en muchos sistemas escolares, relegadas a talleres ocasionales o a discursos motivacionales sin seguimiento. Esta diferencia no es solo conceptual. Un estudio de Talent Trends 2023, elaborado por PageGroup, reveló que el 93% de los empleadores considera que las habilidades blandas son igual o más importantes que Las colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. El poder de un líder docente Educación Más de 150 años han transcurrido desde que Manuel José Hurtado, padre de la educación en nuestro país, reconociera el valor de la formación docente e institucionalizara la enseñanza pública (Escuela Normal de Varones, 1872, y Escuela Normal de Señoritas, 1898). Hoy existen modernos desafíos que debemos enfrentar. El primero es la necesidad de iniciar un proceso de recambio —entradas y salidas— en el sistema educativo. Las instituciones requieren al menos un 3.5% de rotación anual de su personal para oxigenar los sistemas; por debajo de esta rotación, no importa si es privado o público, la tendencia a la ortodoxia en sus procesos es elevada. La segunda condición es acelerar la curva de aprendizaje formando al docente, no educándolo bancariamente, como decía Paulo Freire en Pedagogía del oprimido, sino promoviendo la formación a nivel superior, enfatizando el liderazgo educativo, de manera que el proceso pedagógico deje de ser mecánico y permita al docente poner a disposición sus recursos internos como eje clave de su proceso de enseñanza-aprendizaje, en una relación dialógica donde maestro y estudiante construyen conocimiento útil e innovador. Indudablemente, el valor de la experiencia se aprecia, pero hay que establecer nuevos puentes de conocimiento. El tercer requisito o condición es la voluntad política para hacerlo… o hacerlo. Según el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2025 (UNESCO), el 42% de los países de América Latina carecen de Emilio Messina Habilidades blandas: el desafío de la generación Alfa Ciudadanía digital En medio de una era hiperconectada, marcada por pantallas táctiles, algoritmos y estímulos inmediatos, la generación Alfa (2010 a la actualidad) enfrenta un reto silencioso pero urgente: el desarrollo de habilidades blandas. Esta cohorte, nacida desde 2010, crece en un entorno donde la tecnología responde más rápido que los adultos, pero donde la empatía, la escucha activa y la resiliencia no se descargan ni se actualizan automáticamente. En este escenario, donde la inmediatez digital domina la atención y las interacciones se fragmentan en pantallas, el desarrollo emocional corre el riesgo de volverse invisible. La generación Alfa no solo necesita herramientas tecnológicas; también requiere referentes humanos que le ensepetencias estratégicas, no como valores decorativos. Esto implica transformar las metodologías, los instrumentos de evaluación y los espacios de retroalimentación. No basta con hablar de empatía; hay que enseñarla, modelarla y medirla con rigor. Incluir para formar seres humanos completos. En este contexto, vale la pena mirar hacia atrás. La generación X (1965–1980), que creció en medio de cambios tecnológicos y sociales, logró desarrollar habilidades blandas con notable equilibrio. Su capacidad para adaptarse, liderar con empatía y comunicarse con claridad les permitió convertirse en referentes de convivencia profesional y emocional. Aprendieron a resolver conflictos sin algoritmos, a negociar sin pantallas y a construir vínculos desde la escucha activa. Este legado no debe perderse, especialmente si queremos que la generación Alfa herede algo más que dispositivos. Este artículo busca provocar una reflexión ética y estratégica sobre el tipo de ciudadanía que estamos formando. Si la generación Alfa crece sin habilidades blandas, crecerá sin brújula emocional, sin capacidad de diálogo y sin legitimidad simbólica en los espacios que heredará. Y si eso ocurre, no será responsabilidad de la tecnología ni del contexto: será señal de que nosotros, como formadores, comunicadores y referentes sociales, hemos fallado en nuestra misión más humana. Opinión LA AUTORA es periodista y docente universitaria. EL AUTOR es coordinador de la Memoria Histórica del Canal. jor; pero también hay que reconocer que Panamá ha iniciado este tránsito, a través del Ministerio de Educación, por medio del programa Escuelas Líderes por Panamá. Al menos 2,620 docentes en 2024 y, recientemente en 2025, 690 directores y supervisores regionales han sido parte de este proceso de transformación. Aquí, el Pareto cobra mayor sentido. Debo reconocer que quien no arriesga no gana. Gianni Rodari, en su cuento El camino que no iba a ninguna parte, relata que había tres caminos: uno llevaba al mar, otro a la ciudad y el tercero, según todos, no iba a ninguna parte. Un niño curioso y obstinado, tanto que en el pueblo lo apodaban Martín el Testarudo, se armó de valor y recorrió el tercer camino, el que no iba a ninguna parte. El trayecto fue difícil: el bosque oscuro, el cansancio y las dudas lo acompañaron, hasta que al final encontró un castillo lleno de tesoros. Al regresar al pueblo con riquezas y contar su historia, otros intentaron seguirlo, pero el camino se cerró. Rodari concluye que ciertos tesoros existen únicamente para quienes recorren un camino nuevo por primera vez. Si el paradigma está agotado, es hora de romperlo. Este es el poder transformador de un líder docente: aquel maestro que inspira en plenitud y pone la luz de la vida en el alma de la juventud. Honor en su día. Sabemos que la educación es un factor de movilidad social ascendente, donde educar o invertir en educación puede parecer, en ocasiones, un acto de fe por el bajo metraje político que genera en el corto plazo. A pesar de ser el sector estratégico de mayor impacto para el desarrollo nacional, en la última década sigue nominado al Grammy como la estrella más brillante del firmamento panameño; y entre mesas de diálogo, nominaciones y polvo estelar, la fórmula para recibir la anhelada estatuilla dorada sigue siendo, como en Tunguska, Siberia, un misterio aún no resuelto. Independientemente de la crítica política, y ya en un tono más esperanzador como en Los miserables de Víctor Hugo —quien defendía la idea de que, aun en medio de la adversidad, los humanos podemos proyectarnos hacia un futuro mejor—, cuando hablamos de la meta común de ser y estar educados, existe una fuerza más grande que solo habilitar instalaciones, acreditar programas o modernizar currículos. Esa fuerza otorga poder a un agente clave del sistema educativo al que, en mi opinión, siempre debemos apostarle a ganador: la formación docente. Nereyda Atkins Esquivel políticas sobre liderazgo educativo. Entonces, el docente, quien lidera la relación con el estudiante, no solo debe conocer; también debe ser competente para entregar razones que permitan valorar el conocimiento, despertando curiosidad científica, amor propio y amor por la vida. Esa magia ocurre cuando pone a disposición del aula todos sus recursos internos: la grandeza de quienes son como personas y no solo lo que estudiaron como profesionales. En Panamá, cuando ocurren cambios sutiles que sugieren el inicio de una transformación en el modelo educativo, como invertir recursos financieros en la formación docente, eruditos mediáticos dirán que esta intervención es necesaria pero insuficiente. Y se pierde de vista que nadie tiene la propiedad de la varita mágica de Merlín, porque todo gran proyecto inicia con un pequeño paso, en una suerte de Pareto donde el 20% de formación docente podría resolver el 80% de las necesidades dentro del ecosistema educativo, si al frente contamos con un verdadero líder. Ya superando las trasnochadas discusiones de si el líder nace o se hace, investigaciones modernas (Goleman, Sternberg) destacan que la inteligencia emocional, la creatividad y la sabiduría son competencias que se desarrollan: el 70% se adquiere mediante formación, sugiriendo que solo el 30% es innato. La sana crítica, en su sentido objetivo, siempre es útil porque nos ayuda a discernir melas técnicas. Además, el 63% de las empresas las prioriza al contratar o evaluar talento, mientras que solo el 37% sigue privilegiando las habilidades técnicas, especialmente en roles altamente especializados. Aunque el término “habilidades blandas” se popularizó en el ámbito laboral en los años setenta, su esencia ha estado presente en la educación desde mucho antes. La pedagogía humanista, el aprendizaje cooperativo y las corrientes éticas del siglo XX ya reconocían la importancia de formar personas capaces de convivir, dialogar y construir comunidad. La paradoja es evidente: mientras se promueve la innovación tecnológica, se descuida la innovación emocional. La generación Alfa no necesita solo saber programar o crear contenido digital; necesita aprender a convivir, a argumentar con respeto, a reconocer el valor del otro en contextos diversos. En América Latina, donde las brechas sociales y educativas persisten, este desafío se vuelve aún más complejo y simbólicamente urgente. Los educadores, comunicadores y líderes institucionales tenemos una responsabilidad ética: diseñar entornos formativos que integren las habilidades blandas como comFundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente Comercial Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. 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