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9A La Prensa Panamá, lunes 24 de noviembre de 2025 diplomática panameña. Nuestro país ha construido su identidad internacional sobre la base de la neutralidad, el equilibrio y la capacidad de hablar con todos los actores, incluso en medio de crisis. Esa postura permitió, durante décadas, que Panamá ejerciera un rol de mediación en la región. Acompañar a Machado en un escenario mundial no solo cerraría la puerta a cualquier canal con Caracas, sino que también debilitaría esa imagen de país puente que tanto costó construir. El mensaje hacia Estados Unidos sería inequívoco. María Corina Machado es una figura promovida y respaldada por Washington desde hace años. La Casa Blanca vería en Mulino un aliado confiable dentro del bloque conservador hemisférico, especialmente importante en un momento de tensiones migratorias, disputas financieras y pugnas por el control geoestratégico del continente. Para Washington, un Panamá alineado con Milei, Noboa, Bukele y Peña tendría valor político y simbólico. Sin embargo, ese mismo gesto enviaría otra señal, esta vez hacia Beijing. China Popular sostiene polítiReformas electorales: ¿democracia en retroceso o blindaje de la partidocracia? Representación política Las recientes modificaciones promovidas por la Comisión Nacional de Reformas Electorales (CNRE), particularmente aquellas que restringen aún más las condiciones para la participación de candidatos por libre postulación, han provocado un debate necesario sobre los límites de la representación y el papel de las instituciones en una democracia que aspira a ser inclusiva. El magistrado del Tribunal Electoral, Alfredo Juncá, no vaciló en calificar estos cambios como un “retroceso en nuestra democracia”. Y no está solo. Diversos sectores independientes y ciudadanos críticos del sistema partidista también han alzado su voz ante lo que perciben como una maniobra dirigida a cerrar espacios de participación y preservar el dominio de los partidos tradicionales. Una de las modificaciones más controvertidas consiste en que cualquier miembro de un partido político que firme en respaldo de un candidato independiente incurre, automáticamente, en una “renuncia tácita” a su colectivo. Esta medida, lejos de fortalecer la institucionalidad, representa una restricción directa al derecho de participación ciudadana y un intento por condicionar la voluntad política de los electores. Pero más allá del contenido de las reformas, es legítimo preguntarse: ¿con qué legitimidad actúa la Comisión Nacional de Reformas Electorales? Sus miembros, aunque pueden ser ciudadanos con trayectoria respetable en distintos ámbitos, no han sido electos por voto popular. ¿Con qué mandato se abrogan entonces el derecho a definir, modificar o restringir las reglas del juego democrático? ¿Es suficiente un reglamento para otorgarles ese poder cuasi legislativo sobre un tema tan sensible? El origen mismo de estas reformas debería ser motivo de mayor escrutinio. Si la comisión es consultiva, ¿por qué sus decisiones tienen efectos normativos tan profundos? Y si su rol es más que consultivo, entonces debería existir un mecanismo de control democrático directo sobre su composición, actuación y rendición de cuentas. El endurecimiento de los requisitos para los candidatos independientes —acortar plazos, elevar porcentajes y reactivar la figura de la renuncia tácita— es también síntoma de un mal mayor: el miedo de los partidos a perder terreno ante figuras ciudadanas que han comenzado a ocupar espacios con propuestas distintas, credibilidad fresca y, sobre todo, desconectadas del clientelismo y la maquinaria electoral tradicional. En lugar de abrir el sistema y adaptarlo a las nuevas exigencias sociales, las reformas buscan blindar el modelo existente. Pero esta estrategia defensiva no hace más que acelerar el desgaste de la confianza pública en los partidos. El rechazo a estas reformas puede ser solo el inicio de una ola de descontento que desemboque en propuestas más radicales: candidaturas con el discurso de “barrer con el statu quo” o incluso de refundar el orden político vigente. La historia regional está llena de ejemplos donde el cierre de los canales institucionales de participación provocó respuestas sociales intensas, muchas veces encabezadas por líderes ajenos a los partidos tradicionales. Panamá no está exenta de ese riesgo. Las reformas electorales deberían apuntar a fortalecer la democracia, no a restringirla. A facilitar la pluralidad, no a contenerla. Y, sobre todo, a responder al clamor ciudadano por mayor transparencia, apertura y renovación, no a blindar intereses particulares detrás de un reglamento. El reto, entonces, no es limitar la participación, sino hacerla más representativa, más equitativa y más cercana a los verdaderos intereses de la ciudadanía. El dolor no solo pertenece a quien lo vive 7/10/2023 tones de cada hogar. Las madres lloran en la desolación. Un sábado que no debía ser distinto… lo fue. Con una armadura invisible intentan cubrir lo frágil del corazón. Hablan, cuentan, enaltecen la vida de los suyos. No pueden olvidar, no quieren que olvidemos. Señalan el piso ensangrentado, los vasos rotos. Nada se ha movido: todo permanece tal cual ese día. Los gritos de los terroristas siguen presentes; su eco se instaló en el piso, junto a la marca de sus botas. Eran decenas, cientos. Pupilas dilatadas. Gritos de alabanza. Festejos en medio de la masacre, como si se tratara de un trofeo. Un desprecio absoluto por la vida, únicamente por la religión de quienes estaban allí. Pasó una, dos, tres, cuatro horas y luego muchas más. Una danza demoníaca de hombres, abuelos, padres, hijos que arrasaban con todo a su alrededor. No había reglas. Si no eras parte de ellos, fueras judío, israelí, filipino, cristiano, estabas condenado. Serías parte de su banquete; serías la excusa perfecta para alcanzar su paraíso. Imagínalo solo por un segundo: corres, te escondes, sales, respiras, vuelves a correr. La vista se nubla. Los gritos te atraviesan. Te ahogas en tu propia respiración. No entiendes. Buscas respuestas. La malGonzalo Lazzari Mulino, María Corina Machado y el bloque hemisférico que se está reconfigurando Alineamiento En las relaciones internacionales, los gestos hablan. A veces dicen más que los comunicados oficiales. Uno de esos gestos —todavía hipotético, pero profundamente revelador— sería que el presidente José Raúl Mulino acompañara a María Corina Machado en un eventual acto de recepción del Premio Nobel de la Paz. Aunque se trate de un escenario imaginado, su impacto diplomático sería real y contundente. Ese acompañamiento significaría una definición geopolítica: Panamá se alinea con la oposición venezolana y, por extensión, con la estrategia hemisférica frente al gobierno de Nicolás Maduro. No sería un acto amable; sería un mensaje claro de posicionamiento internacional. Al hacerlo, Panamá se colocaría junto al emergente bloque de gobiernos latinoamericanos de signo conservador-liberal, compuesto por Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador, Nayib Bukele en El Salvador y Santiago Peña en Paraguay. Este grupo, aunque diverso en estilo y origen, comparte un marco común: oposición frontal al socialismo del siglo XXI, cercanía estratégica con Estados Unidos y una visión económica orientada hacia la apertura y la desregulación. Ese alineamiento, sin embargo, supone una ruptura con la tradición ca, financiera y energéticamente a Nicolás Maduro, y observa con suspicacia cualquier movimiento que fortalezca a la oposición venezolana. Para China, un gesto panameño de apoyo a Machado sería leído como una inclinación abierta hacia el esquema estratégico de Estados Unidos. En un contexto donde las inversiones, el comercio y la presencia china en Panamá siguen siendo determinantes, esta tensión no sería menor. El impacto interno también debe considerarse. Acompañar a Machado consolidaría la identidad de Mulino como parte del bloque conservador continental. Para algunos sectores del país, esto reforzará la imagen de firmeza y claridad ideológica. Para otros, será la evidencia de una política exterior subordinada, incapaz de defender la neutralidad panameña en un mundo polarizado. En síntesis, el acto de acompañar a María Corina Machado no sería una fotografía más en un acto internacional: sería una definición política de alto voltaje. Una inscripción explícita en el eje Milei–Noboa– Bukele–Peña, una señal de alineamiento con Washington, una tensión inevitable con Beijing y una ruptura con la tradición diplomática panameña de neutralidad activa. En un continente que vuelve a polarizarse, los gestos pesan tanto como las decisiones formales. Y este gesto, de ocurrir, reconfiguraría el lugar de Panamá en el tablero geopolítico hemisférico. EL AUTOR es administrador industrial. EL AUTOR es especialista en ciencias sociales. EL AUTOR es periodista. Gabriel J. Perea dad te acecha. Los cuerpos caen. Debes convertirte en sobreviviente dentro de tu propio hogar, ese que fue vulnerado. Estás sin salida, solo por ser quien eres, solo por haber nacido bajo una religión. La masacre en Nir Oz, ese pequeño kibutz cuya única culpa fue estar cerca de la frontera, es el retrato más abominable de lo ocurrido aquel sábado: un día que no debía ser diferente. Dos años después del 7 de octubre, no se habla de perdón. Se habla de culpables, de lo que no debió ocurrir, de traición. Es un proceso de sanación que no encuentra el perdón, aunque intenta buscarlo. La incapacidad de los líderes para proteger a los suyos, la arrogancia de quienes minimizaron amenazas. Todo lo descrito no solo es consecuencia del terrorismo, como antagonista de la historia, sino también del fracaso de quienes debían anticiparlo, impedirlo y enfrentar el costo moral de sus decisiones. La sociedad ha fallado. Hemos fallado. Las respuestas no están y quizá no lo estarán. Los cimientos intentan recuperar su fortaleza con el alma hecha pedazos. La reflexión es parte inevitable del camino. Sí, he llenado esta crónica de hipérboles. Lo hice adrede. Es la manera más honesta de explicar lo que siento, lo que vi. Lo confieso: me fui distinto. No por lo que entendí, sino por lo que ya no podré olvidar. Porque hay dolores que no pertenecen solo a quien los vive, sino también a quien los presencia. Las partículas de polvo quedan suspendidas en el ambiente. Entre la humareda se distingue que el conflicto terminó, o al menos así quiero retratarlo. No, no es fácil escribir estas líneas. Nuestra capacidad de destrucción es tan grande como la propia belleza humana, con todas sus imperfecciones. Viajar kilómetros hasta tenerlo de frente. Una tarde fresca, el sol ocultándose con la ciudad de Rafah al fondo, a tan solo unos 700 metros de donde estoy. Somos pocos. Son pocas también las nubes que se asoman en el cielo. Todos los caminos se entrecruzan, resguardados por enormes árboles que permiten colarse apenas unos rayos de luz. Las lágrimas siguen siendo parte de la ecuación: caen entre un coro al unísono que solo pregunta “¿Por qué?”. Ya no hay niños jugando. La sala está vacía. La cena no está servida. Lograron su cometido. Sentir el horror, evitar imaginar el sufrimiento, es imposible. Todo está presente. Las paredes cubiertas de sangre revelan la maldad en su forma más pura. El hollín adherido a los restos de las casas quemadas. Las fotos de quienes ya no están. El silencio es sepulcral. Banderas de colores ondean: el amarillo por los secuestrados, el rojo por quienes fueron asesinados en cautiverio, el azul —casi como un milagro— por aquellos que lograron volver. Desfilan en los porAcompañar a Machado consolidaría la identidad de Mulino como parte del bloque conservador continental. Para algunos sectores del país, esto reforzará la imagen de firmeza y claridad ideológica. Para otros, será la evidencia de una política exterior subordinada... Rogelio Mata Grau Todo lo descrito no solo es consecuencia del terrorismo, como antagonista de la historia, sino también del fracaso de quienes debían anticiparlo, impedirlo y enfrentar el costo moral de sus decisiones. La sociedad ha fallado. Hemos fallado. Opinión

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