7A La Prensa Panamá, jueves 13 de noviembre de 2025 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. reforma alineó a Panamá con las mejores prácticas internacionales y con los compromisos asumidos en la Agenda 2030 y la Convención Interamericana de Belém do Pará. El nuevo Ministerio no solo articula políticas de igualdad, sino que atiende directamente a miles de mujeres víctimas de violencia, impulsa la participación económica femenina y lidera la transversalización del enfoque de género en las políticas públicas. En su primer año abrió centros de atención integral en casi todas las provincias, estableció alianzas con otros ministerios para prevenir la violencia doméstica, presentó la Agenda Económica de las Mujeres Rurales (2023) y la Política Pública de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres 2024–2034. En un país donde los femicidios y la violencia intrafamiliar siguen siendo problemas estructurales, estas acciones son esenciales para proteger vidas y fortalecer el tejido social. La reciente propuesta del Ejecutivo panameño de eliminar el Ministerio y reducirlo a una dependencia del Mides constituye un retroceso alarmante. El argumento de que se trata de una medida para racionalizar el gasto público carece de fundamento, sobre todo ante la ausencia de criterios similares en otros sectores. No se han reducido los presupuestos desproporcionados de la Asamblea Nacional, ni los gastos suntuarios en renovaciones de edificios de lujo o recepciones para visitantes VIP. En ese contexto, dirigir los recortes hacia un ministerio de bajo costo pero alto impacto social evidencia miopía política y ética. Más que un ahorro fiscal, la eliminación del MIMujer significaría una pérdida institucional y simbólica proLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. Mujer panameña y nacionalidad Identidad Panamá no fue una república hasta su independencia de Colombia, pero eso no quita que fuese una nación en constante evolución, sobre todo por su situación particular. Su posición geográfica y vocación de tránsito la colocó, desde la colonia, en la mira de las grandes potencias. Fue vista como un peldaño hacia la defensa global de los intereses geopolíticos y militares de estas, por lo que siempre tenían sus narices metidas en el Istmo. La nacionalidad panameña, rica en calado y matices, ha sido menguada por propios y mermada por extraños, reducida a su mínima expresión a través del tiempo y el espacio para propagar alborotos ideológicos y confusión intelectual, donde cualquier erudito cabeza caliente o editor cazafortuna podía pescar en río revuelto. Porque describirnos como producto de la intriga y los intereses foráneos vende, a través del empleo parcial, subjetivo, limitado y conveniente de un abundante registro histórico. Panamá fue moldeada como nación durante un período evolutivo de prolongada duración y origen turbulento. Fue un largo y complicado proceso histórico, sociológico y político, rescatado por muchos, donde la redención histórica de nuestros inicios fortalece identidad, orgullo y patriotismo. A pesar de las críticas vertidas, durante el acontecer colombiano hubo un comportamiento valeroso del pueblo panameño, cuyo análisis sucinto revela la firme presencia de factores que coadyuvan a definir y forjar una particular identidad e idiosincrasia de la nación panameña. Factores que podemos resumir en la intención permanente hacia el autogobierno, en el desarrollo de la comunicación interoceánica en la zona de tránsito y en el arrojo para resistir las frecuentes confrontaciones bélicas colombianas, todo lo que, obviamente, encendía la llama separatista del istmeño. Y, a medida que se fortalecía la nación y después crecía la República, emergió regia, espléndida, sublime, excelsa y enérgica, la mujer panameña. Esa que entona su mejorana y le canta al ruiseñor; la que construye literatura y pinta nuestra campiña; la que inspiró al autor a convertirla en heroína; la que cosió la primera tricolor; la que, desde la digna curul, defendió la Patria; la que le declamó al Cerro Ancón; la que, con su inspiración, juramentó nuestra bandera; la que, desde el teatro, nos encantó con su actuación; la que hilvana la mola desde la comarca; la que hace hablar el piano, el violín y la flauta; la conga de Colón; la alondra chiricana; y, muy importante, la que engalana su pollera en el punto, el tamborito y la cumbia. No me toca ahora decir nombres. Pero mi alma ciudadana y mi corazón cívico se desbordan de emoción ante nuestra mujer, forjadora, a la par del hombre, de la nacionalidad panameña en sus diferentes facetas. Tengo un sueño Equidad social vertirse en una política pública seria. Sueño con una Panamá en la que la licencia de maternidad no se limite a tres meses, y en la que la lactancia materna sea apoyada y protegida por la sociedad. Que la ley se cumpla, primero por el Estado y también por los empleadores de empresas privadas —por todos— al menos durante los primeros seis meses de vida del bebé. En esa Panamá, las madres darán a luz en espacios llenos de respeto y contención, donde su dignidad y la de su hijo sean prioridad, sin descuidar la seguridad de ambos. Sueño con parques públicos seguros, con espacios al aire libre donde los niños puedan jugar, correr, descubrir y ejercitarse. Con ciudades que no olviden que los más pequeños también tienen derecho al aire libre, al juego y al movimiento. Sueño con platos donde no falte comida, con estómagos que lleguen tranquilos a la escuela y niños que no se acuesten con hambre porque en su casa faltó la cena. Ningún niño debería aprender, jugar o dormir con hambre ni con miedo. Sueño con un sistema de salud donde cada niño tenga acceso a atención pediátrica de calidad, donde las vacunas se apliquen sin demora y sin excusas. Según las estimaciones más recientes del Fondo de Naciones Unidas por la Infancia (Unicef) 2021, en Panamá había al menos 5,324 niños que nunca recibieron ninguna dosis de vacuna de rutina —los llamados “dosis cero”—. Esa cifra representa a niños que no solo están sin completar calendarios, sino Ana Gabriela Lucas El Ministerio de la Mujer: ¿gasto o inversión? Igualdad de género El concepto de ministerio gubernamental ha evolucionado desde los antiguos “ministros del rey”, servidores personales de los monarcas, hasta convertirse en órganos técnicos y políticos del Estado moderno. En el ámbito social —educación, salud, igualdad y medio ambiente— los ministerios representan el compromiso del Estado con los derechos ciudadanos. Son instrumentos de política pública que garantizan equidad, participación y desarrollo sostenible. En Panamá, la creación del Ministerio de la Mujer en 2023 marcó un avance institucional y simbólico de gran relevancia: el reconocimiento de la igualdad de género como asunto de Estado y no como un tema accesorio o asistencial. El camino hacia su creación fue largo. Desde la Ley 4 de 1999, que estableció la igualdad de oportunidades, Panamá transitó por distintas estructuras: primero el Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia (1997) y luego el Instituto Nacional de la Mujer (Inamu) en 2008, con autonomía administrativa pero limitado poder político. La Ley 375 del 8 de marzo de 2023 corrigió esa asimetría al elevar la institucionalidad de género al rango ministerial, otorgándole voz en el Consejo de Gabinete y autoridad para coordinar políticas públicas intersectoriales. Esta funda. Desmantelar el único ministerio dedicado a garantizar los derechos de la mitad de la población enviaría un mensaje devastador dentro y fuera del país: que la igualdad de género, la lucha contra la violencia y la defensa de los derechos humanos han dejado de ser prioridades. Sería además una evidente contradicción con los compromisos internacionales de Panamá ante la ONU, particularmente en el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, donde el país ha proclamado su liderazgo en materia de equidad y empoderamiento femenino. Los ministerios sociales no son gastos, sino inversiones en cohesión, justicia y futuro. Reducirlos por motivos contables equivale a desmontar los pilares de la democracia moderna. Panamá ha avanzado, con tropiezos pero con determinación, hacia un Estado más inclusivo y participativo. Renunciar ahora al Ministerio de la Mujer sería enviar a la ciudadanía —especialmente a las jóvenes generaciones— el mensaje de que la igualdad es negociable. En tiempos en que las democracias enfrentan crisis de legitimidad y los derechos adquiridos se ven amenazados, retroceder en políticas de género es retroceder en la civilización. Panamá debe reafirmar que el verdadero gasto improductivo no es el que busca justicia e igualdad, sino el que perpetúa el privilegio, la opacidad y el despilfarro. Mantener y fortalecer el Ministerio de la Mujer no es un lujo: es una obligación moral y política de un Estado que aspira a ser democrático, equitativo y moderno. Opinión EL AUTOR es abogado. EL AUTOR es médico salubrista. LA AUTORA es pediatra. Julio Linares Franco que no han sido alcanzados por el sistema de inmunización. Ese dato me duele como pediatra, porque cada uno de esos niños es un niño sin protección, sin posibilidad plena de bienestar. Sueño con que la igualdad no sea solo un ideal, sino una realidad palpable. Que un niño en una comarca indígena tenga el mismo derecho a soñar, a aprender y a crecer sano que otro en un enclave urbano privilegiado. Que la diferencia entre barrio rico y barrio pobre no marque el acceso a la salud, al deporte, a la educación ni al juego. Sueño con políticas públicas que pongan en el centro al niño, a la familia y al bienestar integral. Y lo proclamo: tengo un sueño de una patria donde celebrar en noviembre no sea solo adornar las casas, las calles o las escuelas, sino reconocer logros reales. Donde podamos decir, con orgullo y certeza, que todos nuestros niños acceden a salud y vacunas; que nuestros hospitales funcionan; que nuestros parques y caminos son seguros. Que una madre pueda entregarse plenamente a su bebé, amamantar sin miedo a perder su trabajo, parir con respeto y criar con tranquilidad. Claro está, el camino está lleno de retos. Panamá es un país pequeño, de poco más de cuatro millones de habitantes; todos nos conocemos o tenemos a alguien en común. Creo en nuestra capacidad de transformación, en que podemos trabajar por el bien común. Porque una patria que cuida a sus niños es una patria que se proyecta al futuro. Les debemos a nuestros hijos un país mejor, más justo, más humano. Por eso, en este mes de la patria, elevo mi voz: tengamos ese sueño activo. Pongamos manos a la obra. Porque el país que queremos no será solo el que celebramos un mes al año, sino el que vivimos todos los días. Que viva Panamá, que vivan nuestros niños y que florezca esa nación que sueñan nuestras familias. Noviembre es el mes de la patria, un tiempo para celebrar la identidad de Panamá y honrar nuestras raíces. Y, sin embargo, mientras ondean las banderas y suenan los himnos, mi corazón de pediatra y madre no puede sino reflexionar: tenemos muchas razones para sentir orgullo, pero también muchas razones para actuar, para cambiar, para imaginar un país mejor para nuestros hijos. El título de este texto está inspirado en la célebre frase de Martin Luther King, pronunciada en su histórico discurso “I Have a Dream”, porque yo también tengo un sueño: un sueño de igualdad y de esperanza, pero, sobre todo, de un país que ponga a sus niños en el centro. Sueño con que todos los niños panameños tengan las mismas oportunidades, sin importar el lugar donde nacieron. Porque no es posible que un niño, camino a la escuela, arriesgue su vida por la falta de un puente seguro o un camino adecuado. Que un hospital deba suspender cirugías programadas porque los casos de infecciones respiratorias abarrotan sus salas, pese a que existen estrategias de prevención probadas en la región. Que los brotes de enfermedades prevenibles por vacunas sigan siendo una dura realidad que ahoga a los más pequeños. Que en pleno siglo XXI tengamos una desigualdad tan evidente. Como pediatra y apasionada por el bienestar infantil, creo que la prevención debe dejar de ser un ideal para conJuan Casas Zamora La autora imagina un país donde la salud, la educación y la igualdad comiencen en la infancia. Soñar con justicia y bienestar para los niños también es amar la patria. Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente Comercial Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón
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