7A La Prensa Panamá, miércoles 12 de noviembre de 2025 Contacto [email protected] Los artículos de opinión y las caricaturas son responsabilidad exclusiva de los autores. La opinión de La Prensa se expresa únicamente en el Hoy por Hoy. cuando la invasión estadounidense derrocó al régimen militar. Han pasado más de treinta años desde la caída de la dictadura, la eliminación de la Zona del Canal y la reversión del Canal a manos panameñas. Sin embargo, las etapas democráticas y soberanas posteriores no han sido ideales. La falta de liderazgo ha permitido la permanencia de la corrupción, el nepotismo y la pérdida de gobernabilidad. Es una frase aplicable a la mayoría de los panameños que hemos vivido años de zozobra sin ver un fin claro, pues cada vez que creemos haber superado una crisis, aparece otra igual o peor. Hoy, la amenaza no viene de dictaduras internas, sino de presiones externas. Cuando un personaje conflictivo y con ambiciones de dominación global alcanzó la presidencia de uno de los países históricamente aliados de Panamá, puso su mira en el Canal de Panamá. Con base en una narrativa de “lo construimos y lo pagamos, por tanto, es nuestro”, elaboró un discurso político destinado a debilitar nuestra soberanía. No es casual que desde entonces surjan propuestas en el Congreso y el Senado de Estados Unidos relacionadas con el Canal o con la supuesta influencia china en la región. Esa estrategia, apoyada por su embajador y seguidores, ha interferido en los asuntos internos panameños y forzado concesiones impensables años atrás. Entre ellas, destaca el Memorándum de Entendimiento firmado a principios de este año, que transforma el sentido mismo de la soberanía. La versión oficial en inglés difiere de la versión en español, lo que ha generado preocupación por la entrega de acceso a personal estadounidense en distintos puntos del territorio nacional. Aunque no se les denomina “bases militares”, el acuerdo permite la presencia de contingentes “de larga estancia”, reeditando la somLas colaboraciones para la sección de Opinión deben incluir la identificación del autor. Los artículos no deben exceder 650 palabras. No se publican colaboraciones que hayan aparecido en otros medios y La Prensa se reserva el derecho de seleccionar, editar y publicar. No devolvemos el material. La chinguia, trampa disfrazada de suerte Juegos de azar bió, convirtiéndose en una deuda impagable de al menos 19 millones. Estas historias de fortunas descomunales desaparecidas nos enseñan que nadie, por grande que sea su bolsillo, está blindado ante la voracidad del juego ni ante la corrupción que lo promueve. Si esos magnates fueron devorados por la ilusión del “golpe de suerte”, ¿qué esperanza queda para el funcionario, el jubilado, el obrero, la ama de casa o el enfermo que entra a cualquier clase de chinguia con la última esperanza de salir del apuro? Bajo luces brillantes, bebidas gratis, comida y promesas de riqueza inmediata, el negocio de suerte y azar opera con una lógica implacable:maximizarlapermanenciadel jugador y, con ello, su extracción de valor. Las cifras confirman un mercado en expansión. Entre enero y octubre de 2024, las apuestas brutas alcanzaron aproximadamente B/. 2,107.6 millones, un 13.1% más que en2023.Sololasmáquinastragamonedas absorbieron cerca de B/. 1,677.5 millones en ese periodo, mientras que el juego por internet reportó alrededor de B/. 274.4 millones, según la Contraloría General (INEC). El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), a través de la Junta de Control de Juegos (JCJ), publica series de apuestas, premios e ingresos por operadores entre 2019 y 2023, evidenciando la recuperación pospandemia y el peso fiscal del sector. En 2024 se informó además un incremento significativo de los aportes de la JCJ al Tesoro Nacional. Los juegos de suerte y azar —tragamonedas, ruleta, blackjack, apuestas deportivas y telemáticas— están diseñados con un margen matemático a favor del operador (house edge). Este margen, sumado a la alta frecuencia de juego y a los patrones de refuerzo intermitente, convierte las ganancias esporádicas en el anzuelo que sostiene pérdidas acumuladas a lo largo del tiempo. El Ministerio de Salud reconoce la ludopatía como una adicción y reporta atención ambulatoria y hospitalaria a través del Instituto de Salud Mental, con disponibilidad de líneas de ayuda. Autoridades de salud han advertido que semanalmente se atienden de dos a tres hasta doce casos en picos de demanda, y que en Azuero se han estimado miles de personas afectadas. La evidencia local incluye estudios universitarios. En la región de Azuero se detecCarlos García Molino Reflexiones sobre la soberanía panameña en los días patrios Memoria histírica Durante los días patrios es inevitable reflexionar sobre los hitos que han forjado la nación panameña y su camino hacia la soberanía total. Son momentos históricos que iluminan los desafíos actuales de nuestra vida republicana. Escribo estas reflexiones el 10 de noviembre, día en que se conmemora el primer grito de independencia de Panamá, ocurrido en La Villa de Los Santos en 1821, y que culminó el 28 de noviembre del mismo año con la separación definitiva de España. A partir de ese momento, Panamá pasó a formar parte de la Gran Colombia, hasta el 3 de noviembre de 1903, cuando se concretó la separación y el nacimiento de la República de Panamá. El 9 de enero de 1964 representa otro episodio crucial en la construcción de la soberanía nacional. La conocida Gesta del 9 de enero, liderada por jóvenes y dirigentes panameños, buscaba la recuperación de la soberanía en todo el territorio, la transferencia del Canal, el desalojo de las bases militares y la reversión de la extinta Zona del Canal, logros alcanzados finalmente el 31 de diciembre de 1999. Estas tres fechas marcan el largo camino de Panamá hacia su soberanía plena. Otra fecha que no puede olvidarse es el 11 de octubre de 1968, cuando se interrumpieron los procesos democráticos vigentes desde 1903 y se instauró un gobierno de facto que se mantuvo hasta diciembre de 1989, bra de la injerencia extranjera. Además, Panamá fue presionada para poner fin al acuerdo de la Ruta de la Seda con China, cediendo autonomía en la toma de decisiones sobre política exterior y alianzas comerciales. Hemos perdido, en parte, la libertad de autogobernarnos. Sin embargo, el propio Memorándum ofrece una salida: el numeral 19 establece que “cualquiera de los participantes podrá dar por terminado el presente Memorando en cualquier momento al notificar por escrito al otro participante su intención de concluirlo con seis (6) meses de antelación”. El gobierno panameño aún tiene la oportunidad de reivindicar su soberanía ejerciendo esa cláusula, una decisión que habría tenido gran simbolismo si se hubiera tomado el 3 de noviembre, fecha en que celebramos nuestra independencia y el derecho a autogobernarnos. Se ha anunciado que próximamente el ejército estadounidense enviará tropas para entrenarse en las selvas panameñas, como lo hacía durante la guerra de Vietnam en la antigua Jungle Training Facility. Este tipo de maniobras reabre heridas históricas y pone en entredicho la independencia territorial conquistada con tanto sacrificio. La realidad que vivimos hoy nos obliga a amar profundamente a la patria y, al mismo tiempo, a sentir desilusión hacia quienes no la defienden con la firmeza que exige la historia. Las luchas por la soberanía y la democracia no se olvidan: hay que mantenerse vigilantes para combatir la corrupción, exigir transparencia y preservar los valores cívicos que garantizan la independencia de Panamá. Opinión EL AUTOR es ciudadano. EL AUTOR es auditor forense y examinador de fraude autorizado. taron tasas de “jugadores problema” y “ludópatas” en encuestas poblacionales; más recientemente, investigaciones en población estudiantil en Panamá confirman la preocupación por la prevalencia y los riesgos conductuales asociados. Estos hallazgos son coherentes con la experiencia clínica y subrayan la necesidad de prevención específica. Conviene recordar que, durante el gobierno liderado por el general Omar Torrijos Herrera, se establecieron restricciones explícitas para que las personas de escasos recursos, jubilados y empleados públicos no pudieran ingresar a los casinos. Aquella política reflejaba un enfoque ético-preventivo: proteger el salario familiar y evitar que el Estado, a través de sus servidores, participara en actividades consideradas de riesgo moral y financiero. Con la liberalización posterior, dichas limitaciones se fueron relajando, dando paso al modelo comercial vigente. El dilema central es distributivo: gran parte de las pérdidas proviene de hogares de ingresos medios y bajos, donde el impacto marginal de cada balboa perdido es mayor. Si bien los ingresos fiscales son relevantes, la política pública debería internalizar los costos sanitarios y familiares. El juego de suerte y azar prospera al convertir la esperanza en flujo de caja. En Panamá, los datos muestran un sector dinámico y creciente que florece donde menos se espera: entre fondas, paradas de buses y barrios humildes. La regulación existe, pero enfrenta los retos de una industria que se digitaliza con rapidez, como un organismo mutante que aprende a sobrevivir en cada resquicio, extendiendo su influencia donde la esperanza se vuelve vulnerabilidad. Nombrar el problema —la chinguia, trampa disfrazada de suerte— es el primer paso. El segundo es alinear incentivos, aplicar una estricta fiscalidad y fortalecer la salud pública, para que la suerte de pocos no sea la ruina silenciosa que se multiplica disfrazada de entretenimiento, pero alimentada por la necesidad y la ilusión ajena de muchos. Ningún discurso moral basta para describir la vileza de quienes, desde cargos políticos o posiciones empresariales, venden a las personas de su país al mejor postor y abren de par en par las puertas a los juegos de suerte y azar, para que una industria sin alma explote a la gente humilde. Esos funcionarios y empresarios sin escrúpulos, impulsados por sobornos y comisiones, convierten en política pública una máquina dedespojoquepromete“salvar”afamiliasen apuros y solo les entrega ruina y adicción. Quien promueve esos intereses, movido por dinero manchado, no solo traiciona a su país, sino que condena a las familias humildes a la ilusión del milagro y a la pérdida segura. Es el verdugo moral de su propio pueblo: un cómplice del infortunio que llama “suerte” a la miseria ajena, el rostro más ruin de la corrupción. Veamostresejemplosemblemáticosde que,pormuchosmillonesqueunapersona tenga,noestáinmunealriesgodelaadicción aljuego.TerranceWatanabe,empresarioestadounidense heredero de un negocio de suministros para fiestas, tras vender su participación se convirtió en jugador high roller (de apuestas extremadamente altas) en casinos de Las Vegas y, en 2007, perdió aproximadamente 127 millones de dólares en solo un año, con apuestas acumuladas estimadas en unos 825 millones. Otro ejemplo es Archie Karas, nacido en Grecia, que llegó a ganar hasta 40 millones de dólares entre 1992 y 1995. En una sola noche perdió 11 millones en una mesa de dados y, en apenas tres semanas, acumuló pérdidas por 30 millones. También está la historia de Akio Kashiwagi, magnate inmobiliario japonés y jugador miembro de la élite de apostadores internacionales, con líneas de crédito millonarias. Jugaba manos de hasta 100 mil dólares, pero en cuestión de meses su suerte camJorge G. Obediente Crisis o revolución Ciudadanía Desde pequeña escuché decir que el panameño es juega vivo. Lo repetimos casi como un sello cultural, una identidad que celebramos. Pero hoy, con el país frente a sí mismo, vale preguntarnos: ¿De verdad estamos orgullosos de eso? Estamos viviendo una crisis profunda. Una crisis de empatía, de valores, de convivencia. La vemos en los jóvenes que se pelean en las escuelas, en los insultos en el tráfico, en la indiferencia con la que somos atendidos en muchas instituciones públicas. Panamá no carece de leyes. Lo que nos falta es sentido de comunidad y funcionarios —y ciudadanos— que pongan el bienestar común por encima del beneficio personal. El problema no es solo político. Es cultural. Es la normalización del sálvese quien pueda. Y cuando todos intentan sacar ventaja, todos perdemos. Porque sí, nos duele cuando un niño se arriesga cruzando un río para llegar a la escuela. Nos duele cuando alguien espera meses por una operación que nunca llega. Nos duele cuando familias enteras viven sin agua mientras otros se enriquecen administrando esa misma agua.Sobre eso sí estamos unidos. Todos lo sentimos. Todos lo sabemos. Panamá está roto. Y no lo va a arreglar un solo presidente ni un solo partido.Lo que necesitamos es una revolución. No una revolución de violencia, sino una revolución de responsabilidad y humanidad. Una revolución que empiece por la empatía entre nosotros, sí, pero que también se traduzca en instituciones que funcionen, autoridades que respondan, representantes que sepan que su rol es servir y no servirse, y ciudadanos que exijan transparencia y resultados. Quiero un Panamá donde pedir ayuda a un policía no dé miedo. Donde las denuncias no se archiven. Donde un representante conozca a su comunidad y luche por ella como quien protege a su familia. Donde los centros de salud funcionen, los puentes no se caigan y las escuelas sean espacios dignos para nuestros niños. Quiero un Panamá donde podamos mirarnos, reconocernos, escucharnos y tratarnos con respeto. Porque todos hemos sentido dolor. Todos hemos estado en lucha.Y yo elijo creer que sí somos capaces de ser mejores unos con otros. La revolución que necesitamos es sencilla de nombrar, pero profunda en su alcance: revolución de ciudadanía. Revolución de deber. Revolución de país. Y empieza contigo y conmigo. Revolución. LA AUTORA es especialista en marketing digital y optimización de campañas. María Antonietta Velásquez Fundado en 1980 Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa Presidente y Director Editorial (Encargado) Jorge Molina Mendoza Gerente Comercial Sudy S. de Chassin Subdirectora y Editora de la Unidad de Investigación Mónica Palm Subdirector Asociado Rolando Rodríguez B. Editora Digital Yolanda Sandoval Editor del Impreso Juan Luis Batista ISSN 2953-3252: La Prensa ISSN L 1605-069X: prensa.com Aviso sobre el uso de Inteligencia Artificial Este periódico emplea inteligencia artificial (IA) para asistir en la edición de contenidos y mejorar la experiencia de lectura. Garantizamos que todo contenido publicado es creado y rigurosamente revisado por nuestro equipo editorial antes de su difusión. Utilizamos la IA como herramienta de apoyo para asegurar la precisión y calidad de la información que entregamos a nuestros lectores. Esta es una publicación de Corporación La Prensa, S.A. ©. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción, sin la autorización escrita de su titular. Presidente fundador Roberto Eisenmann Jr. Director emérito Guillermo Sánchez Borbón
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