4B La Prensa Panamá, jueves 24 de julio de 2025 Un viaje al Mediterráneo sin salir de ciudad de Panamá: así es la experiencia gastronómica en Nisos. Escanea el código QR para más contenido en Ellas.pa. Cuando tenía seis años, Artemisia Olave soñaba con tocar en una orquesta. Vivía en Chiriquí, rodeada de arte y música gracias a su familia —su tía profesora de ballet y flamenco, su abuelo músico, su madre siempre presente para llevarla a clases y ensayos—, pero los caminos para estudiar violín profesionalmente eran limitados. No existían programas públicos de formación musical continua y accesible. Hasta que llegó la Red. Nueve años después, no solo ha sido concertina en el Teatro Nacional, ha viajado a Europa como parte de una gira internacional, en 2022, de la Orquesta Juvenil de Uruguay del Sodre, estudia violín en la Universidad de Costa Rica y -como si cerrara un círculo- hoy enseña violín a las nuevas generaciones dentro de la misma Red Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Panamá. La historia de Artemisia es también la historia de la Red, que este mes celebra su noveno aniversario con una intensa agenda de conciertos, talleres y conversatorios a nivel nacional. Desde su creación en 2016 como iniciativa del Ministerio de Cultura con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), la Red ha tocado la vida de más de ocho mil estudiantes. El otro lado del atril Para que historias como la de Artemisia sean posibles, existen docentes como Ingrid Rosales, quien ha estado en la Red desde el primer día. Llegó en 2016 como profesora de coro, convocada para un proyecto aún en formación, en ese entonces con el maestro Dino Nugent. “Fui una de las primeras dos profesoras. Recuerdo ese proceso con mucho cariño: entrevistas, diseño Artemisia Olave, quien ha sido concertina en el Teatro Nacional, enseña violín a las nuevas generaciones dentro de la Red Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Panamá, que este año celebra nueve años de creación. Cortesía del programa, las primeras clases. Éramos muy pocos al inicio”. Hoy coordina el Programa de Iniciación Musical, una etapa fundamental para acercar a los más pequeños a la música desde sus primeros años. Ingrid, quien también creció en una familia de músicos en Venezuela y tuvo oportunidad de ver el poder transformador de las orquestas en las comunidades, sabe que las familias son parte importante del proceso. “Queremos que todas las familias panameñas vean que la música es una carrera, pero también una herramienta de desarrollo, de sensibilidad, de disciplina”. Padres, madres y cuidadores participan de la formación de sus niños a través de diferentes formas. En el programa que lidera Ingrid hay una etapa llamada “Orquesta de papel”, donde los niños construyen instrumentos con sus padres como parte de su formación. Es una forma de involucrar a las familias. Los papás arman violines de cartón con sus hijos, los acompañan a ensayos, celebran por Roxana Muñoz [email protected] los pequeños avances. “Queremos que vean que vale la pena invertir tiempo y cariño en la música de sus hijos”, explica la profesora Ingrid. Al participar en la orquesta los niños y niñas también tienen oportunidad a acceder a instrumentos musicales que por su alto precio no son accesibles para todos. Los frutos están a la vista. En comunidades como Kuna Nega y Guabito, la Red ha echado raíces profundas. “Tenemos niños indígenas ensayando con chelos y contrabajos. Hay familias que se organizan para turnarse y llevarlos a ensayar. En algunos lugares ya hay tres generaciones de estudiantes que han pasado por nuestros programas”. Durante la reciente crisis de protesta social que vivió Bocas del Toro, los alumnos de Guabito, a pocos metros de la frontera con Costa Rica, hicieron lo posible por seguir su formación. Música y organización que transforma vidas Lo que antes era un sueño, hoy es una maquinaria que no se detiene, dice Artemisia que tiene 20 años de edad. “Cuando comencé, había que esperar un año entero para volver a reunirnos en un campamento. Hoy, los módulos existen en casi todas las provincias. Ya no es un privilegio de unos pocos”. Su primera experiencia fue como integrante de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Aguadulce, que en aquel momento se conectaba con otros dos módulos para realizar campamentos anuales. Solo quienes ya estaban dentro de una orquesta podían acceder. “Los encuentros eran espectaculares. Una semana completa con profesores de afuera, aprendiendo a un nivel altísimo. Era intenso, pero uno salía de allí transformado”. Con el tiempo, el programa se hizo más conocido y más competitivo. En 2022, tras pasar por audiciones, Artemisia fue seleccionada como violín principal de la orquesta en una gala en el Teatro Nacional. Y poco después, la invitaron a formar parte de una gira por Europa con la Orquesta Juvenil de Uruguay, representando a Panamá. “Estaba en sexto año y no sabía qué estudiar. Pero volví de ese viaje sabiendo que si no estudiaba música, no iba a ser feliz. Ahí decidí dedicarme por completo”. Ahora dicta clases -presencial y virtualmente- a casi 60 estudiantes. El año pasado, viajaba mensualmente desde Costa Rica para seguir enseñando. “No podía dejar la Red”, confiesa. “Pasé de nueve estudiantes a casi 60. Enseñar me transformó. Ver la emoción de un niño cuando produce su primera nota… eso no se compara con nada”. La red de orquesta juvenil está de aniversario. Una de las primeras profesoras de la Red y una de sus alumnas más destacadas cuentan cómo la música está transformando la vida de niños y niñas en distintas comunidades de Panamá. Artemisia, oriunda de Chiriquí, cuando tenía ocho años. De niña soñaba con tocar en una orquesta. Cortesía Del primer violín a la primera clase En el Programa de Iniciación Musical de la Red, que lidera la profesora Ingrid Rosales, hay una etapa llamada ‘Orquesta de papel’, donde los niños construyen instrumentos con sus padres como parte de su formación. Cortesía
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