30.01.2026 Después de 40 años en el Canal de Panamá, ¿qué le genera curiosidad cada mañana antes de venir a trabajar? Tengo en el estatus de mi celular una frase que dice: “Siempre hay un reto. ‘Never a dull moment’”. El Canal es una empresa tan grande y diversa que siempre hay un reto nuevo que resolver. Uno piensa que va a ser un día tranquilo y de repente algo pasa. Es ese deseo de resolver, de buscar soluciones, de aprender cosas nuevas. Con cada crisis se aprende más. ¿Hay alguna rutina o forma de pensar que la haya acompañado en su desarrollo personal y profesional? Aprender de todo, pero no solo escuchando, sino participando. Siempre me he involucrado: he hecho tránsitos con pasacables, con remolcadores, con prácticos [..] Eso me ha permitido conocer profundamente la institución y tomar mejores decisiones, porque no es solo lo que te dicen o lo que ves, sino lo que experimentas de primera mano. ¿Cómo se traduce ese aprendizaje a su vida personal? Creo que es al revés. Mi niñez fue la que me llevó a actuar así en mi profesión. Desde niña me involucré en muchas cosas: teatro, escritura, guitarra, básquetbol, maratones, fotografía, ballet. Mis padres me permitieron experimentar. Esa infancia es lo que me motivó a involucrarme en todo también en mi vida profesional. De esas actividades de infancia, ¿cuál recuerda con más cariño? El buceo fue un descubrimiento fantástico a los 16 años. Buceaba todos los fines de semana. También hice teatro por muchos años, hasta que me fui a la universidad. El ballet no me gustó tanto, era muy exigente, así que lo cambié por el teatro. El ejercicio siempre ha sido importante para mí. PERSONAJE
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